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Los centros de artes visuales, una herramienta para garantizar el acceso a la cultura como un derecho fundamental

Barcelona quiere ser la puerta de entrada a una nueva política cultural catalana: una que entiende la cultura como un derecho y no como un privilegio. En plena tramitación parlamentaria de la futura Ley de Derechos Culturales, el Departamento de Cultura ha activado el Sistema Público de Equipamientos de Artes Visuales (SPEAV), una red de 30 centros que debe corregir desigualdades territoriales y garantizar que cualquier ciudadano —viva donde viva— pueda acceder al arte contemporáneo. Y Barcelona tiene un papel central en esta revolución.

La “legislatura de los derechos culturales”: un cambio de paradigma con Barcelona como motor

El Gobierno ha proclamado que esta será “la legislatura de los derechos culturales”. La nueva ley quiere hacer de la cultura el cuarto pilar del estado del bienestar, y establece derechos tan básicos como el acceso a la cultura, la participación cultural, la libertad creativa o la formación artística a lo largo de la vida. El objetivo es combatir desigualdades económicas, sociales, de género o territoriales que aún condicionan quién puede disfrutar de la oferta cultural. Barcelona, que concentra buena parte de las instituciones nacionales y la actividad artística más elevada del país, se convierte en el centro de gravedad de este despliegue. Y lo hace a través de una pieza clave: La Fabra Centre d’Art Contemporani, que asume un rol estratégico dentro de la nueva red.

vista de les sales del MACBA. Foto: Miquel Coll, 2023
Vista de las salas del MACBA. Foto: Miquel Coll

La Fabra Centre d’Art Contemporani, el nodo barcelonés que impulsa la red

La Fabra Centre d’Art Contemporani es uno de los ocho centros territoriales de referencia del sistema. Su misión supera la programación de exposiciones: actúa como dinamizador del tejido artístico de la ciudad y de su entorno metropolitano, y se conecta con el resto de equipamientos catalanes para compartir recursos, proyectos y artistas. Es un referente metropolitano, porque Barcelona aporta un equipamiento con trayectoria en investigación, residencias y producción artística, con capacidad para impulsar creadores emergentes y consolidados. Y además, es un motor de cooperación: La Fabra Centre d’Art Contemporani transfiere contenidos y proyectos a centros locales y de otras ciudades, y genera un flujo de circulación cultural que quiere evitar que el arte quede concentrado solo en la capital. También es un laboratorio de derechos culturales donde se desarrollan programas educativos, comunitarios y de acceso abierto que encajan directamente con los nuevos derechos que define la Ley. En Barcelona, esta función toma especial relevancia frente a los retos de equidad cultural de una ciudad donde la realidad socioeconómica de los barrios es muy diversa y condiciona el acceso al arte y la participación cultural.

MACBA, cabecera del sistema y pilar de proyección internacional

Todo sistema necesita un centro neurálgico. En este caso es el MACBA, que actúa como equipamiento cabecera del SPEAV y que, desde Barcelona, da cohesión a todo el mapa de artes visuales del país. El museo barcelonés aporta proyección internacional del sistema, recursos de investigación y documentación de alto nivel, y una visión curatorial que orienta los equipamientos territoriales y locales. La capital catalana, pues, ejerce un papel de liderazgo, pero con una lógica de descentralización: poner su potencial al servicio de una red que busca equilibrar la oferta cultural en Cataluña.

Sistema Público de Equipamientos de Artes Visuales de Cataluña (SPEAV) GENERALITAT DE CATALUNYA

Una red para democratizar la cultura

El SPEAV reúne centros tan diversos como Lo Pati (Amposta), La Panera (Lleida), el Mèdol (Tarragona), el M|A|C (Mataró) o Tecla Sala (L’Hospitalet), entre muchos otros. Todos comparten misión: fomentar la investigación, producir y programar arte contemporáneo, ampliar públicos, conectar agentes culturales y detectar talento. Pero Barcelona aporta su peso histórico, institucional y artístico, y es la ciudad desde donde el sistema gana musculatura y proyección.

El reto es evidente: asegurar que la capital del país, con su ecosistema cultural único, no se convierta en una isla. La red de artes visuales y la futura Ley de Derechos Culturales quieren convertir Barcelona no en un polo de acaparamiento, sino en un polo de redistribución. Desde el Raval hasta Sant Andreu y desde los grandes museos hasta los centros de proximidad, Barcelona tiene hoy la oportunidad de demostrar que la cultura no es solo un servicio —sino un derecho ciudadano.

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