Ocurre muy poco, casi nunca, que se realice un encuentro con la prensa para promocionar un libro cuando ya lleva dos meses a la venta. Y ocurre muy poco, casi nunca, que una novela escrita por una autora que debuta con más de 60 años se convierta en un éxito editorial por el boca a boca. Y ahora ha pasado todo esto, con La llibreria de les hores mortes, de Laura Autonell. Columna se ha visto obligada a reeditar el libro –ya se han impreso 5.000 ejemplares en total– porque desde que salió no ha dejado de estar en las listas de los más vendidos. «Ha sido por el boca a boca. Es el sueño de cualquier editor», confesaba la editora, Glòria Gasch, en el acto de promoción de la novela que se convocó esta semana. El encuentro fue en el patio de la cafetería de La Central del Raval precisamente porque la historia transcurre en una librería del mismo barrio y, de hecho, en la misma calle Elisabets.
De la autoedición a publicar con Columna y triunfar
Sin restar interés a la historia que narra el libro, en este caso el primer relato que engancha es el de la trayectoria de la autora. Laura Autonell es propietaria de una tienda de deportes de Taradell que ha regentado durante décadas. Siempre había escrito, «como hace tanta gente, que escribe para uno mismo». Pero en 2020 su vida entró en una nueva dimensión. Su marido falleció y ella comenzó a dedicar más horas a escribir. «Las horas que habría pasado con él haciendo otras cosas, las empecé a invertir en la literatura. Me hizo una faena muriéndose, pero de aquella circunstancia ha surgido lo que me está pasando ahora, que es un sueño», explica con una mezcla de melancolía y gratitud. Está especialmente agradecida a la librera de Taradell que, en 2021, la convenció de autoeditar su primera novela, Un polsim de sal. Y también a Columna, por haber confiado «en una autora sin carrera literaria».
«Cuando salió Un polsim de sal y la gente me decía que le gustaba, pensé que quizás no lo hacía del todo mal, pero notaba que me faltaba formación, e hice un curso del Ateneu Barcelonès«, recuerda como punto de inflexión. Fue este curso el que la llevó a visitar Barcelona a menudo y a recorrer las calles del Raval –el Ateneu está muy cerca, en el Gótico, solo hay que cruzar la Rambla. Descubrió que es «un barrio lamentablemente degradado pero donde hay muy buena gente». «Es trabajo de los políticos dignificarlo», reclama.

El comercio de proximidad, reivindicado
Desde Taradell, un pueblo de Osona de poco más de 6.800 habitantes, Laura Autonell está protagonizando un boom similar al de Sílvia Alcàntara, que en 2009, con 65 años, sacudió las librerías con Olor de colònia. Buscando este efecto, Columna eligió la fecha de lanzamiento, que puede ser una de las claves del éxito: después de Sant Jordi y coincidiendo con la campaña Combat la distopia. Tria la llibreria. «La aparición de La llibreria de les hores mortes es una novela muy potente, y quisimos lanzarla en el momento álgido de esta campaña en la que los libreros reivindican su función social. Además está comprobado que los títulos con la palabra ‘librería’ funcionan, y todo esto ha hecho que se le haya dado mucha visibilidad», admite Glòria Gasch.
La misma autora se declara defensora militante del «comercio de proximidad». «He estado 46 años llevando una tienda y hoy en día se ha vuelto todo muy difícil con las ventas por internet, de hecho por eso en diciembre me prejubilo y cierro la tienda, comienzo una nueva vida», anuncia. Al mismo tiempo, la librería que está frente a su tienda de deportes también cerrará pronto por jubilación. «Por suerte, ya sabemos que en Taradell se abrirá otra librería», añade para que no salten las alarmas.
Una protagonista de clase alta que se reconstruye en el Raval
Autonell está inmersa en su nueva vida de la misma manera que se deconstruye su protagonista. Procedente de un barrio de clase alta de Barcelona, termina reconstruyéndose en el Raval. Etna es una mujer que siempre ha vivido en una familia acomodada. La muerte de su padre lo cambia todo. Para no hacer spoilers, diremos solo que se le desmorona el pasado, descubre que no es quien creía ser y encuentra sus raíces. Por vía materna, están, en parte, en el Raval. Aterriza en este barrio, donde ha heredado un piso y un local que eran de su madre, y termina montando una librería, que era el sueño de su madre y acaba siendo también el suyo.
Casi todos los protagonistas son inventados de arriba a abajo, pero hay incluido un indigente letrado que está basado en uno real que descubrió buscando la calle Elisabets y La Central en Google Street View. «Se veía un sintecho, pero no estaba pidiendo, sino leyendo un libro», recuerda. Esta idea de un personaje caído está en la novela y adopta el nombre de Santiago. Pero el hecho es que los nuevos inicios impregnan toda la obra, tanto como la vida de su autora.

