Un nuevo episodio de conflicto por la lengua ha tenido lugar en Barcelona, concretamente en un supermercado del distrito de Nou Barris. Dos clientes y activistas por el catalán, Ivan Patrici y Cristina Prims, relatan que vivieron una situación incómoda en un establecimiento de la cadena Lidl después de configurar las pantallas de las cajas de cobro automático en catalán. Lo que debía ser un gesto a favor de la lengua terminó en una discusión con un trabajador de la tienda, quien, según explican los activistas en declaraciones al TOT Barcelona, les recriminó la acción con argumentos como que el idioma «de entrada» de las cajas debía ser el castellano.
Los hechos ocurrieron cuando los compradores, al finalizar su pago, decidieron cambiar el idioma de la máquina –y del resto de terminales disponibles– al catalán. Se trata de una opción totalmente integrada en el software del supermercado, que permite hacer el cambio a cualquier usuario, y la acción tenía como objetivo que el siguiente cliente encontrara la interfaz directamente en este idioma. Solo servía para una vez, porque la máquina después vuelve a priorizar la lengua castellana de manera automática. La acción en defensa de la lengua, sin embargo, provocó que uno de los empleados de la línea de cajas les recriminara lo que habían hecho. Aunque él se expresó en lengua catalana durante toda la conversación, el trabajador cuestionó el gesto de los clientes argumentando que se estaba perjudicando a los usuarios extranjeros.
Ivan Patrici, que ha denunciado los hechos en un hilo en la red social X, relata detalladamente a este diario cómo se sucedieron: «Mientras hacíamos la compra, cambiamos el idioma de las máquinas al catalán, una opción que el mismo sistema ofrece y que es perfectamente legal.» «En ese momento, el trabajador se dirigió a nosotros para recriminarnos este gesto, afirmando que, según él, el idioma ‘de entrada’ debía ser el castellano y que poner las máquinas en catalán discriminaba a las personas extranjeras, porque el castellano es la lengua ‘natural'», añade que es historiador.
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— Biografics.wordpresd Ivan Patrici (@wordpresd44252) July 11, 2026
📍 Hoy hemos vivido una situación muy desagradable en el @Lidl_ES de Sant Iscle (Nou Barris). Mientras hacíamos la compra, hemos cambiado el idioma de las máquinas de autopago al catalán, una opción que las mismas máquinas ofrecen.
También remarca que durante la conversación les soltó frases como «después os quejaréis cuando os digan que queréis obligar a la gente a usar el catalán». Ante esto, le respondieron que mantener las máquinas en castellano «también obliga a los usuarios a utilizar esa lengua», y que simplemente estaban ejerciendo su derecho a usar una de las dos lenguas oficiales de Cataluña. «Cuando le manifestamos que nos sentíamos coaccionados e increpados por usar el catalán, su respuesta fue invitarnos a marcharnos del establecimiento», lamenta.
«Transmite que el catalán es un problema o una provocación»
Por su parte, Cristina Prims, activista por la lengua, docente y profesora voluntaria de catalán para extranjeros, pone el foco sobre los prejuicios del discurso del empleado: «Nos parece especialmente preocupante que un trabajador de una empresa con presencia en Cataluña transmita la idea de que utilizar el catalán es un problema o una provocación». «El catalán es una lengua oficial, con los mismos derechos que el castellano, y usar una opción lingüística que las mismas máquinas incorporan no vulnera ninguna norma», defiende también en declaraciones a este diario.
Asimismo, encuentra muy desafortunado el argumento del trabajador de que las personas extranjeras solo pueden entender el castellano. «Esta idea reduce sus capacidades e invisibiliza el hecho de que muchas personas recién llegadas aprenden y utilizan el catalán. Vincular la integración únicamente al castellano es una visión sesgada de la realidad lingüística de Cataluña», sentencia. Y añade que considera «normal» seleccionar el catalán en las máquinas de autopago. «Lo que no es normal es que unos clientes sean recriminados públicamente por ejercer este derecho», sentencia.

Respuesta automática de la compañía
Después del incidente, Ivan Patrici registró una reclamación a través de las reseñas de Google para hacer público el incidente. La respuesta de la cadena de supermercados, sin embargo, consistió en un mensaje genérico y automatizado redactado exclusivamente en castellano. «Lamentamos mucho que hayas tenido una mala experiencia con nosotros y agradecemos tu comentario. Lo tendremos en cuenta para continuar mejorando. Un saludo», fue la respuesta, en castellano. Ante esta situación, Prims prevé ir más allá y pedir explicaciones formales a los canales de atención al cliente de la compañía. «Esperamos que Lidl revise esta situación y recuerde a su personal que la neutralidad lingüística implica respetar ambas lenguas oficiales, no por cuestionar a los clientes que deciden utilizar el catalán», concluye.
