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David Bondia: «El sinhogarismo debe tratarse como un problema de vivienda resoluble»
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David Bondia (Barcelona, 1969) es el síndico de agravios de Barcelona desde 2021 y ahora se presenta a la reelección por cinco años más. Licenciado en Derecho, es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Barcelona (UB). Antes de ser elegido síndico, fue presidente del Instituto de Derechos Humanos de Cataluña, miembro del Patronato de la Fundación Solidaridad UB y del equipo de trabajo del Mecanismo Catalán para la Prevención de la Tortura. Desde 2025, es el presidente de la Alianza Global del Ombudsperson Local. En la carrera por la Sindicatura de Agravios de Barcelona, también se ha presentado la abogada y exdiputada independiente de ERC, Gemma Calvet.

Usted ha sido síndico de Barcelona los últimos cinco años, ¿qué balance hace?

Hago un balance muy positivo. Los cinco años han pasado volando. Hemos realizado un cambio de metodología, trabajando por los derechos humanos de proximidad y sobre todo en ámbitos de ciudad: ciudad equitativa, ciudad habitable y sostenible, ciudad diversa y ciudad garantista. De esto, se desprende toda una serie de derechos que nos permite que las resoluciones sean mucho más ricas. No pasan solo por un asesor/a, sino que pasan por varias personas. Hemos comenzado a hacer mediaciones. Las hemos realizado en la ronda de Sant Antoni, en bloques de vivienda, en residencias de ancianos, con personas sin hogar con toxicomanías. La mediación administrativa es muy positiva. También quisiera destacar el trabajo realizado con la Escuela Barcelona y la comisión de reparación por los abusos que habían sufrido los niños y niñas de esta escuela. Hemos cambiado el nombre de la institución. Antes, era Síndica de Agravios de Barcelona. Ahora, no se llama síndico de agravios, sino Sindicatura de Agravios de Barcelona. Esto significa que detrás hay un equipo implicado que está realizando un trabajo muy importante.

David Bondia, síndico de agravios de Barcelona, este mes de junio / Jordi Play

Una de las mediaciones que ha realizado ha sido en temas de vivienda, como en la Casa Orsola o Vallcarca. ¿Qué destacaría de estos casos?

Son situaciones que estaban muy enquistadas. Intentamos transformar algo que todos planteaban como un conflicto en un problema. En un conflicto hay un ganador y un perdedor. Si lo transformas en un problema, buscas una solución consensuada. En la Casa Orsola [el edificio fue comprado por el Ayuntamiento y Hàbitat 3 y se destina para alquiler asequible] conseguimos una solución cuando todo indicaba que no se podría. En Vallcarca, ofrecimos una solución residencial para 28 personas [tres edificios municipales ocupados afectados por una reforma urbanística] y 16 la han aceptado. Ahora, tenemos reuniones por el Bloc Papallona y la finca de la calle de Sant Agustí. Se trata de intentar acercar a las partes en un momento en que las relaciones están muy distantes y tratar de encontrar una solución.

Comenta que está mediando con el Bloc Papallona y el de la calle de Sant Agustí. ¿Cómo está la situación?

Los pasos se están acercando. Aquí hay diferentes partes. Una es NAD (New Amsterdam Developers, el fondo de inversión), la propiedad, y otras son el Sindicato de Inquilinas, el Sindicato Socialista de la Vivienda, el Ayuntamiento y la Generalitat. Con el Bloc Papallona y la finca de la calle de Sant Agustí, intentamos tejer puentes para encontrar una solución que sea consensuada y satisfactoria para todos.

¿Cuáles son los principales problemas que ha detectado desde la Sindicatura?

Muchos son servicios sociales. Nos llegan muchos colectivos en situación de vulnerabilidad. Hay servicios sociales que están muy tensionados y es muy difícil satisfacer a todos. A la Sindicatura, no llega alguien a la puerta para decirnos que el Ayuntamiento lo está haciendo bien, sino que tocan porque lo está haciendo mal. Vemos que hay servicios que están tensionados: servicios sociales, el servicio de atención domiciliaria, el de la vivienda pública. El parque de vivienda ha aumentado, pero no se han incrementado los recursos para la gestión. También nos encontramos con problemas vinculados a la participación, especialmente porque la gente no recibe una respuesta del Ayuntamiento. Hemos hecho una apuesta por la proximidad. Vamos mucho por los barrios para saber cuáles son las inquietudes de la ciudadanía.

¿Las quejas más habituales son de sanciones?

Tenemos quejas de sanciones. También tenemos historias de éxito. El último caso ha sido el de una persona con discapacidad a la que le pusieron una multa de estacionamiento. Se le había caído la tarjeta. Recomendamos que le quitaran la sanción y el Ayuntamiento lo hizo. También hacemos un seguimiento del cumplimiento de nuestras resoluciones. No son vinculantes, pero el Ayuntamiento acaba aceptando un 75%. También tenemos temas de licencias, de las escuelas por los aires acondicionados. Nos hemos dado a conocer y nos llegan más temas. También hemos cambiado que si podemos resolver algo sin resolución, lo hacemos. El año pasado recibimos una queja de que estaban estropeados los aires acondicionados de las escuelas infantiles. No tenía sentido hacer una resolución que tardaría un año. Dijimos que lo íbamos a ver y en quince días se hizo la reparación.

David Bondia, síndico de agravios de Barcelona, que se presenta a la reelección / Jordi Play

¿Hacen un seguimiento de las recomendaciones que el Ayuntamiento les acepta?

Al iniciar el mandato de cinco años, incorporamos el impacto de nuestras intervenciones. Es decir, ver cómo nuestras soluciones las acepta el Ayuntamiento y cómo cambian políticas públicas por parte del Ayuntamiento. Estamos haciendo una resolución para una persona en concreto, pero a veces esto requiere un cambio más grande. Acabamos de hacer una resolución sobre los baremos para entrar a las escuelas municipales de música. El baremo no tiene nada que ver con el que hay para entrar en la escuela infantil y en las etapas de primaria y secundaria. En las escuelas municipales de música, un 50% de las plazas se reservan para hermanos de personas que ya están en la escuela o para hijos o hijas de educadores de la escuela. Pensamos que este baremo es injusto y se debería aplicar un baremo como el de las otras escuelas. Resolvemos un caso concreto, pero queremos lograr cambios más generales.

He leído en su programa que quiere poner la IA al servicio de la ciudadanía.

Nos estamos formando en IA. Estamos realizando un curso interno. Cada vez hay más quejas que nos llegan con más contenido y más elaboradas porque la gente se asiste con herramientas de IA.

¿Me dice que la ciudadanía presenta quejas hechas con el ChatGPT?

Las presentan, y además te lo dicen. También nos dicen que nos han conocido a través de la IA. El Ayuntamiento utiliza la IA y tiene un equipo de IA. Nos tenemos que adaptar a esto. Hay un proyecto europeo al que nos sumamos que era utilizar herramientas de IA para acercar la participación en colectivos con dificultad lectora, que son migrantes, personas mayores y personas con discapacidad intelectual. Hicimos una prueba piloto en la Zona Franca. Nos tenemos que adaptar a la IA, pero debemos ver los riesgos de la IA: discriminaciones, sesgos, algoritmos… No podemos quedarnos parados. Tenemos que dar un paso adelante. La debemos incorporar, teniendo claro que no vulnera derechos ni las libertades de las personas. Haremos un seguimiento de cómo el Ayuntamiento utiliza la IA y cómo la usa para darnos respuesta a nosotros. Esto es transparencia. Sabemos que el uso será exponencial y que irá cada vez a más.

Uno de los problemas sociales crecientes que tiene Barcelona es el número de personas sin hogar, con cerca de 2.000 durmiendo en la calle. Usted dice que es un error del sistema.

Sí. Nos planteamos si Barcelona es una ciudad pobre. No, pero es una ciudad con pobreza. Siempre hemos tratado el sinhogarismo como una emergencia y se debe tratar como un problema de vivienda resoluble. Somos conscientes de que el Ayuntamiento ha puesto más recursos residenciales y económicos, pero cada vez tenemos más gente sin hogar. Hemos presentado al alcalde y a los grupos municipales una prueba piloto que se llama Plan Zero Calle, con la idea de implementar en un barrio de Barcelona y en un barrio del área metropolitana una nueva metodología para ver que en dieciocho meses se puede sacar a la gente de la calle. Los barrios aún no están decididos. ¿Por qué lo presentamos en un barrio de Barcelona y un barrio del área metropolitana? Por el miedo al efecto llamada. En Barcelona hay mucho miedo al efecto llamada. Hemos sumado al Ayuntamiento y las entidades sociales, pero también al sector económico. Hemos hablado con Pimec, la Fundación de la Caixa, Hàbitat 3. Los hemos reunido a todos y ven que es posible. Solo nos falta que el alcalde diga adelante y comenzar a hacerlo.

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La Guardia Urbana desaloja de la entrada de una tienda a una persona sin hogar en el barrio de Sant Antoni / Jordi Play

¿Cuáles serían los ejes de esta prueba piloto?

Primero que todo es necesario tener un censo. No tenemos un censo en toda Cataluña de personas sin hogar. Cada municipio tiene el suyo. Todos están de acuerdo con el hecho de que se debe hacer porque si una persona sin hogar, por ejemplo, de Esparreguera quiere venir a Barcelona, se tendrá que poner en la cola [de los servicios sociales]. Quizás es mejor que esta persona se quede en Esparreguera. También hemos hablado con el Colegio de la Abogacía y nos dicen que muchas personas sin hogar tendrían derecho a la renta garantizada. La renta garantizada está alrededor de los 720 u 800 euros. Una persona puede ir tirando adelante. En muchos casos, son personas solas. Tres personas podrían alquilar un piso. Otro aspecto que planteamos son los planes de vida. Hemos hecho un mapeo de la Cataluña vacía. Hay municipios con pisos que se han quedado sin gente. Los planes de vida se pueden hacer en otros pueblos. Esto no es expulsar, es generar autonomía. Cambiamos generar dependencia por generar autonomía. La autonomía genera también puestos de trabajo. PIMEC y Barcelona Activa tienen proyectos ocupacionales. El Colegio de la Abogacía puede tramitar rentas garantizadas. Hay esta posibilidad, pero se debe trabajar conjuntamente. Queremos montar una gestora que se encargue de esto.

Desde la Sindicatura han percibido ustedes este efecto llamada entre las personas sin hogar de venir a Barcelona porque tiene más recursos sociales?

Lo notamos en casos puntuales. Pero sí que tenemos que combatir este efecto llamada. La gran batalla es comenzar a hablar de área metropolitana en cuanto al sinhogarismo.

El sinhogarismo está muy ligado al acceso a la vivienda, un problema que se ha generalizado y afecta a mucha población, que se ve obligada a dejar Barcelona porque no puede pagar un piso. ¿Cómo se revierte esta situación?

Nuestras competencias no son hacer políticas públicas en materia de vivienda sino hacer propuestas. Hay que hacer más vivienda pública. Pero más vivienda pública implica también una mejor gestión de la vivienda pública. Si aumenta el número de viviendas públicas, pero los recursos para gestionarlo son los mismos que hace diez años, no nos saldremos. Nosotros no podemos entrar en el tema de la regulación de los precios del alquiler. Se necesita una apuesta por la vivienda pública, pero bien gestionada.

Más de 50 entidades o federaciones de entidades le han dado su apoyo. ¿Es un reconocimiento al trabajo realizado desde la Sindicatura?

Creo que sí. Hay entidades muy variadas, del sector social, del mundo económico, federaciones de derechos humanos, AFA de escuelas. Reconoce cinco años de trabajo y de trabajo hecho de la mano de las entidades. Venía del Instituto de Derechos Humanos de Cataluña y tenía muy claro que quienes más saben de los temas y problemas de la ciudad son las entidades. Cada vez que hacemos algún tipo de estudio, lo hacemos de la mano de entidades que saben. Hemos recibido el apoyo de la FAVB, la federación de asociaciones de vecinos tradicional, pero también de la nueva que se ha creado. En la red X, Salvem el Guinardó ha escrito que se puede estar o no de acuerdo con las resoluciones, pero reconoce el trabajo y apoya mi renovación.

¿Debe mejorar la participación en Barcelona? Me viene a la cabeza el caso del cambio de nombre o no del barrio de Navas por el de Torrent de la Guineu.

Hemos atendido a las dos entidades. Igual hacemos una mediación para intentar solucionar el tema. Hay una resolución de la Comisión de Amparo que ha planteado una mediación, y la podríamos hacer. Pero sería después de todo el proceso de elección de la Sindicatura. Hay margen de mejora en temas de participación. Se debe ser más transparente y dar más información a la ciudadanía. Lo llevo como uno de los ejes del próximo mandato.

¿Siempre que ha hecho mediación ha sido por iniciativa de la Sindicatura?

En la Casa Orsola fue por iniciativa nuestra y en Vallcarca fue por iniciativa de Collboni y Barcelona en Comú, que llegaron a un acuerdo.

¿Su relación con el alcalde es buena?

No comenzó bien, pero no puedo decir que sea mala. Ahora es buena. Creo que tengo buena relación con todos los partidos. He conseguido que me vean como alguien que no es de ningún partido. Cada uno tiene su ideología. Me ven como alguien externo. Y esto me hace ganar una receptividad de cara a los partidos. Tengo una buena relación con el PP, ERC…

La elección del síndico o síndica de Barcelona incluye un apoyo por parte de las entidades y un proceso participativo de la ciudadanía, pero ninguno es vinculante. Al final, es una decisión política. ¿Cree que en un futuro, el apoyo de las entidades y el proceso participativo deberían ser vinculantes?

Me presenté hace cinco años con siete ejes y treinta y tres propuestas. Se han cumplido todas menos una, y no ha sido por culpa nuestra: reformar el reglamento de la Sindicatura. En febrero de 2024, entregamos a los servicios jurídicos del Ayuntamiento la reforma del reglamento y está parada desde entonces. Sea o no sea síndico, sí que pediría al Ayuntamiento que haga la reforma del reglamento. Hemos incluido la obligación de la participación ciudadana. Que sea vinculante o no, le corresponde al Ayuntamiento decirlo. No lo vería mal que fuera vinculante.

¿Ambas cosas, el apoyo de las entidades y el proceso participativo?

Sí. Lo que no tiene sentido es que haya unas votaciones y no sea vinculante. También es necesario que haya una buena campaña de publicidad para que la gente sepa que está votando.

David Bondia, síndico de agravios de Barcelona / Jordi Play

¿La Sindicatura de Agravios de Barcelona es lo suficientemente conocida?

En cinco años hemos hecho un esfuerzo comunicativo muy importante. Estamos en las redes sociales, hacemos secciones de radio cada quince días. Enviamos notas de prensa de todos los temas importantes. En cinco años, nos hemos hecho bastante conocidos. Nuestra forma de funcionar ha supuesto una transformación. Somos muy conocidos en América Latina. Hay la alianza global de las sindicaturas locales y desde el año pasado, la presidencia la tenemos nosotros.

Antes había duplicidad de quejas con la sindicatura de Cataluña, que también puede supervisar al Ayuntamiento de Barcelona. ¿Tienen una coordinación con la síndica de Cataluña?

Sí. No podemos malgastar recursos. Siempre preguntamos si han presentado la queja a la sindicatura de Cataluña y si es el caso hablamos con ellos. También cuando tenemos sospecha. Tenemos casos que nos derivan ellos a nosotros. Lo que no tiene sentido es que una queja vaya a las dos instituciones. Si nosotros recibimos alguna queja de la Sindicatura de Cataluña o del Defensor del Pueblo, también las derivamos.

A diferencia de hace cinco años, cuando se presentaron ocho personas, ahora solo concurren usted y Gemma Calvet para el cargo. ¿Parece que es un aval al trabajo que ha hecho?

Creo que sí es un reconocimiento al trabajo. He hablado con algunos candidatos de hace cinco años y nos han reconocido el buen trabajo realizado. Aquí es donde radica que solo se haya presentado una candidatura más. Nos han dado apoyo, entidades que he ido conociendo a lo largo de estos cinco años. Hay entidades a las que no les hemos dado la razón, pero reconocen el trabajo.

Defiende el derecho a vivir bien en la ciudad

Sí. Lo fuerte de mi programa es ver el cambio entre lo que defendía hace cinco años: el derecho a la ciudad, y lo que digo ahora: el derecho a vivir bien en la ciudad. No solamente es defender el derecho a quedarse en la ciudad, como dice el gobierno, sino vivir bien. Quedarse en según qué condiciones no tiene sentido. Vivir bien en la ciudad supone hacer una apuesta por el bienestar social, por la vivienda digna, por la seguridad, por mejorar el ruido y la suciedad… Es un derecho que hasta ahora nadie ha mencionado.

Más allá de supervisar la tarea del Ayuntamiento, la Sindicatura defiende las libertades públicas y los derechos fundamentales. ¿Se han encontrado alguna vulneración de derechos fundamentales?

Cuando a una persona con una dependencia no se le presta el servicio correctamente se le están vulnerando los derechos. Muchas veces no es expresamente, sino por saturación del servicio. Nuestro trabajo es sobre todo fiscalizar al Ayuntamiento de Barcelona en la garantía de los derechos humanos de proximidad. Y nos encontramos con casos en los que no se respetan estos derechos. Cuando nos entra una queja es porque el Ayuntamiento no ha hecho bien su trabajo. Pero eso no significa que todo se haga mal. Cuando a una persona se le presta un servicio de dependencia, ingresa en un hospital, y cuando vuelve a casa, no se le reactiva el servicio se están vulnerando sus derechos. Nos basamos mucho en la equidad. El baremo para entrar a las escuelas de música municipales debe ser por criterios de equidad. Muchas veces los criterios de equidad son mucho más justos en la vulneración de derechos. Barcelona cuida de sus derechos de proximidad, pero a veces hay deficiencias.

¿Los ciudadanos que presentan más quejas de qué barrios son?

Del Eixample, que es donde tenemos nuestra sede. Al comienzo focalizamos mucho nuestras acciones en barrios como Torre Baró, Vallbona, Ciutat Meridiana, Tibidabo, les Planes, barrios de montaña. No venían. Fuimos a estos barrios no a buscar la queja sino a explicar qué era la Sindicatura. Tenemos claro que nos tenemos que expandir por toda la ciudad. Nos viene muy bien ir a los barrios para tener una idea de ciudad. Y para tener una idea de ciudad debemos tener una idea de barrio. En Vallcarca había un problema que estaba atascado, que era las escaleras mecánicas de la bajada de la Glòria. Algunos vecinos querían escaleras de subida y de bajada, y por los cimientos de los edificios no cabía dos tipos de escaleras. Habíamos ido a Torre Baró y habíamos visto escaleras reversibles. Fue tan fácil como hablar con el distrito y poner escaleras reversibles. La mirada de barrio enriquece la mirada de ciudad.

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