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Los primeros y últimos esgrafiados barrocos de Barcelona

Levantar la cabeza del móvil y apreciar el patrimonio que nos rodea. Esta es la premisa que desde hace tiempo siguen en la Asociación Antic Gremi Revenedors 1447. La entidad que puede presumir de ser la más antigua de Barcelona tiene grabada a fuego esta consigna y la aplican en la mayoría de iniciativas que impulsan, desde exposiciones a concursos o investigaciones. El último ejemplo de esta convicción en la defensa de la memoria de la ciudad es la muestra Esgrafiats barrocs de Barcelona, comisariada por el historiador del arte Reinald Gonzàlez y que se puede visitar hasta el próximo 29 de mayo en la sala gremial de la asociación, ubicada en el número 3 de la plaza del Pi.

Se trata de una recopilación de nueve fachadas del distrito de Ciutat Vella que aún conservan este tipo de decoración, que se popularizó durante el siglo XVIII y que posteriormente adoptarían con variaciones otras corrientes artísticas y arquitectónicas como el modernismo. «Los esgrafiados barrocos son un rasgo muy característico de la ciudad. Explican su crecimiento entre murallas, que solo podía ser en altura, y servían como elemento para distinguir unos edificios de otros […] Siempre miramos para que estas partes del patrimonio y de la identidad barcelonesa afloren y no queden enterradas por el proceso de gentrificación«, señala en una conversación con TOT Barcelona Francesc Sendil, presidente de la asociación gremial.

Francesc Sendil, presidente de la Associació Antic Gremi Revenedors 1447, nos guía por la exposición de esgrafiados barrocos / A.R.
Francesc Sendil, presidente de la Associació Antic Gremi Revenedors 1447, nos guía por la exposición de esgrafiados barrocos / A.R.

Los barrocos fueron el primer tipo de esgrafiados que aterrizaron en la capital catalana. La técnica consistía en superponer varias capas de revestimientos de diferentes colores y rascar la capa superior hasta hacer aparecer la inferior, creando dibujos, escenas u otros motivos ornamentales. El contexto de la época explica que estos se concentren en la zona entonces delimitada por las murallas, que aún resistirían varias décadas en pie. En una ciudad que no podía crecer en extensión, el incremento de población fruto de un temprano proceso de industrialización se absorbía a partir de la unificación de viejas fincas, su reforma y la instalación de remontas.

Estos revestimientos decorados servían como un escaparate del prestigio social del propietario, a menudo burguesía menestral y gremial, para la cual el esgrafiado era una solución relativamente económica que les permitía engalanar sus inmuebles y proyectar una imagen pública. Los acabados solían adaptarse a la estructura y composición de la fachada, resaltando las aberturas, las líneas de forjado, las esquinas o los paneles centrales. La guinda del pastel era la inclusión en estas fachadas de figuras simbólicas, a menudo asociadas a la mitología neoclásica o con motivos florales, siguiendo un estilo decorativo en general bastante rococó.

Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)
Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)

Para hacer la selección entre todas las fachadas barcelonesas decoradas con esta técnica, los impulsores de la exposición han utilizado varios criterios, entre los cuales que el edificio en cuestión tuviera una buena localización para ser fotografiado o que el esgrafiado haya llegado a nuestros días en buen estado de preservación. «Hay muchos que estaban demasiado destrozados y, en general, podemos decir que no están bien conservados«, reconoce Sendil. En total, se identificaron prácticamente una treintena, cifra que poco a poco se fue reduciendo hasta dejar una «muestra representativa» de nueve fincas.

De ninguna de ellas conocemos con certeza su autoría, dado que la documentación histórica al respecto es bastante escasa y no hay casi referencias. Sin embargo, sí sabemos que los artistas tenían un contacto más o menos directo con los mismos constructores o promotores de las reformas del edificio, dado que esta decoración requería un trabajo específico que podía alargarse varios días y que daba el acabado final a las fachadas una vez remodeladas.

Algunos de los rincones de la exposición de esgrafiados barrocos impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / A.R.
Algunos de los rincones de la exposición de esgrafiados barrocos impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / A.R.

¿Cómo se hacía un esgrafiado?

Tal como se encargan de explicar en detalle en la exposición, para poder hacer un esgrafiado barroco, primero se debía preparar la pared aplicando una capa base de mortero de cal. Esta tenía la función de igualar la superficie del muro y crear una base adherente para las capas decorativas. Se trataba de un paso esencial, sobre todo en el caso de las fincas de la capital catalana, que eran mayoritariamente de muros con paramento mixto de piedra y ladrillo y que a menudo tenían los enmarcados de las aberturas de la planta baja hechos de piedra de Montjuïc. Antes de que esta primera capa estuviera del todo seca, se aplicaba una segunda mano de mortero de cal, en este caso con pigmentos minerales, que definían el color que se revelaría en el dibujo final. Los pigmentos más utilizados eran los naturales: ocres, rojos ferruginosos, negros de carbón o tonos grises.

Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)
Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)

Para finalizar, se revestía con un tercer revestimiento, en este caso con un mortero de una granulometría más fina. Este es el que se retiraba con precisión hasta generar el motivo decorativo deseado. Calcular con exactitud la sección y el grosor de las tres capas era clave porque, si el esgrafiado era demasiado fino, no permitía un buen contraste, y, si era demasiado grueso, se podía agrietar. Por esto también era muy importante que los encargados trabajaran con rapidez, por tandas e incluso en diferentes días. Lo hacían desde el equivalente en aquella época a los andamios actuales y utilizaban una especie de plantillas o dibujos preparatorios, llamados estarcidos. Este es el motivo que pueda haber una cierta similitud entre las decoraciones de fincas independientes.

Algunos de los rincones de la exposición de esgrafiados barrocos impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / A.R.
Algunos de los rincones de la exposición de esgrafiados barrocos impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / A.R.

Infantes, dioses, una torre o el chocolatero

La muestra repasa a través de unos textos magníficamente ilustrados por imágenes del fotógrafo Pau de la Calle la historia de cada una de las nueve fincas elegidas. En algunas de las instantáneas, aparecen varios de los grandes males que afectan estos edificios históricos y que «maltratan» las fachadas -en palabras de Sendil-, como son los nidos de cables telefónicos y de luz que se enredan descontroladamente por las paredes o las franquicias, supermercados 24 horas o tiendas cannábicas que ocupan los bajos de los inmuebles. Más allá de la exposición en sí, el visitante tiene la opción de ver in situ los esgrafiados siguiendo una ruta concreta que atraviesa el centro de la ciudad pasando por todos los edificios seleccionados y se completa con una serie de audios explicativos. «Fomentar este tipo de iniciativas nos permite conocer la ciudad y su historia […] Si a mí ya me han cambiado los referentes que tenía de Barcelona, me pregunto cuáles serán los de las nuevas generaciones teniendo un supermercado 24 horas cada pocos metros. Estamos dejando perder la ciudad por primar el espectáculo por encima de la identidad y de los ciudadanos», asevera el presidente de la asociación.

Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)
Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)

El recorrido propuesto arranca en la misma plaza del Pi, con la sede de la asociación gremial. El edificio actual data de 1781, cuando ya hacía un siglo que la entidad se había instalado en esta parte del centro de la ciudad. En la fachada principal, presidida por el Arcángel San Miguel, patrón del Gremio, se extiende un conjunto decorativo que combina de manera serena y equilibrada motivos ornamentales con otros figurativos. La decoración llena los huecos entre todas las aberturas y las enmarca. Destacan las figuras de niños rodeados de nubes sobre pódiums voladizos, que sostienen en las manos coronas y cintas con inscripciones en latín, y guirnaldas florales que rodean varios instrumentos musicales. Seguimos por el número 44 de la calle de los Escudellers, una finca reformada por el maestro de obras Josep Alier i Faneca donde resaltan las iconografías de Marte y Venus, las cuales rodean un jarrón con flores y la fecha de 1769.

Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)
Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)

De aquí llegamos al número 7 de la calle de los Sombrerers, edificio esquinero con dos fachadas de revestimientos esgrafiados diferentes impulsado por el empresario Ignasi Castell i Borrell. A la altura del primer piso se localiza el único elemento figurativo de la fachada: una concha con la fecha de 1769 sobre la cual se distingue el dibujo de una torre, una posible referencia al nombre del propietario. Seguimos por el número 13 de la calle de los Flassaders, una finca con fachada de esgrafiados de arabescos promovida por el chocolatero Segismon Codina. La restauración que se hizo en 2014 reinventó la figura masculina que había en el primer piso, que probablemente representaba el oficio del titular. El siguiente punto de la ruta es el número 46 de la calle de Sant Pere Més Baix. El inmueble tiene en el primer piso diferentes cortinajes ondulados que son estirados por dos niños mediante cordones, quizás un recuerdo del oficio de cordelero, y, en el segundo piso, dos grandes medallones con cabezas de figuras mitológicas difíciles de identificar actualmente.

Vamos entonces al número 21 de la calle de la Portaferrissa, donde el noble Mariano de Picó i de Guardia quiso añadir un tercer piso a su casa y donde los esgrafiados hacían la función de ordenar visualmente el frontal de la finca buscando simetrías y proporciones en un paramento bastante desordenado. Después pasamos por delante del número 110 de la Rambla y del 97 de la calle del Hospital, con diseños de peces y frutas, motivos todos ellos relacionados con la posible existencia de una fonda en el edificio a finales del siglo XVIII. El recorrido culmina con el número 16 de la calle de en Botella, una casa-fábrica del Raval impulsada por el empresario textil Francesc Alabau y donde destacan escenas de temática mitológica en las que podemos identificar la figura de Neptuno con su tridente.

Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)
Algunos de los esgrafiados barrocos que forman parte de la exposición impulsada por la Associació Antic Gremi Revenedors, 1447 / Pau de la Calle (Associació Antic Gremi Revenedors, 1447)

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