Muchos de los barceloneses que la tarde del 21 de abril cruzaban el portal del número 27 de la rambla de Catalunya, lo hacían por primera vez. Esta finca ubicada a la altura de la calle de la Diputación fue el escenario elegido para una de las presentaciones del libro Històries de Barcelona (Viena Edicions, 2026), obra del periodista David Martínez, conocido en redes por el mismo nombre que da título a su debut literario. En concreto, el acto se celebró en la terraza interior del Hotel Praktik, el alojamiento que actualmente ocupa este edificio centenario de estilo ecléctico protegido como bien cultural de interés local (BCIL). Justo antes de entrar en el inmueble, en el margen izquierdo de la fachada, se puede ver una placa que bautiza el conjunto como Casa Climent Arola. Esta se colocó durante la Olimpíada Cultural que precedió los Juegos Olímpicos de 1992 y atribuye la autoría de la finca al arquitecto Francesc de Paula Villar Carmona, hijo del primer constructor de la Sagrada Familia que precedió a Antoni Gaudí. También figuran los años que tardó en erigirse, de 1900 a 1902.
La oficialidad de la placa ha hecho que durante más de tres décadas nadie haya puesto en duda su contenido, dando por hecho que era correcto. En solo dos días, la historiadora del arte Beli Artigas, autora del blog Criticart y encargada de presentar el libro de Martínez, ha revelado un error flagrante en el nombre que se da al edificio. Una confusión sin duda accidental, pero que durante este tiempo ha privado al inmueble de lucir su designación original: Casa Climent Asols. «Como mínimo, aquí reivindicaremos que se ponga bien el nombre», señalaba Artigas en su primera intervención ante las personas que llenaban la terraza del hotel. A través de indagar en archivos y hemerotecas, la historiadora del arte ha conseguido recuperar la trayectoria de la familia que da nombre a la finca, un relato marcado por una serie de tragedias sepultadas por el paso del tiempo. Una historia que bien merecería un capítulo en una segunda edición del libro de curiosidades barcelonesas del periodista.

Pasado ferroviario, muerte y atentado fallido
Para entender el origen de la Casa Climent Asols, debemos remontarnos a mediados del siglo XIX. Barcelona todavía era una ciudad delimitada por las murallas medievales, cuyo trazado queda definido por las rondas que rodean Ciutat Vella. «Si retrocediéramos 170 años, nos encontraríamos que por aquí pasaba la línea de tren que iba a Martorell«, indicaba Martínez. Este recorrido discurría al aire libre desde la esquina entre la rambla de Catalunya y la ronda de la Universitat hasta la altura de la actual calle del Consell de Cent, enlazando con la futura plaza de Letamendi para tomar la calle de Aragón y la avenida de Roma en dirección a Sants y l’Hospitalet. Cuando se proyecta el Eixample en el año 1860, Ildefons Cerdà se da cuenta de que el paseo de Gràcia está un poco torcido, de modo que, si se aplicaba el planeamiento tal como estaba previsto, quedarían unas islas de casas muy pequeñas. Por ello, se opta por reorientar la trama, fusionando dos de las calles planificadas para configurar la actual rambla de Catalunya.
El impulso de esta transformación urbanística, sumado al cubierta de la riera d’en Malla, un arroyo que pasaba por este punto de la ciudad y bajaba por el trazado hoy día de la Rambla, prepararon el terreno para la edificación de las primeras casas en esta parte del Eixample. La primera de las fincas que se erigió fue la del número 29 de la rambla de Catalunya, justo en la esquina con la calle de la Diputación. La segunda fue la del número 25, que se construyó en unos solares propiedad de la Compañía de Ferrocarriles de Tarragona a Barcelona y Francia que se vendieron a un particular y por donde hasta hacía poco pasaba la línea de tren de Martorell. La titular de los terrenos pasó a ser entonces Margarida Blanch i Romaní, quien a principios de 1900 solicitó permiso para levantar una finca, encargo que acabó en manos del arquitecto Antoni Serra Pujals.

Blanch aún tenía en propiedad otro solar contiguo que vendió poco después a Climent Asols Bovets, un platero manresano establecido en Barcelona. Gracias a la investigación de Artigas sabemos que la vida del hombre que da nombre a la casa protagonista de esta historia estuvo marcada por diversas tragedias. Antes de hacerse con el terreno, Asols vio cómo morían tanto su esposa, Ignacia Sampere Sala, como cuatro de sus cinco hijos, de los cuales solo uno llegó a la veintena. También fue víctima de un intento de atentado, cuando en 1888 le colocaron una granada en la puerta del despacho que tenía en el número 2 de la calle de Vergara. El artefacto explotó antes de que él llegara, de modo que no hubo heridos. Ese mismo año, el empresario fundaría con varios familiares la Compañía Fabril de Carburantes, la primera firma del Estado dedicada a la producción de electrodos de carbón destinados al alumbrado público eléctrico. Asols vivía entonces en el edificio del número 25 y fue en ese momento cuando se decidió a comprar el solar contiguo.

Del suicidio del heredero a la sede del sindicato franquista
El diseño y construcción de la finca del número 27 acabaron, como hemos dicho, encargadas a Francesc de Paula Villar Carmona. El arquitecto era yerno político de Blanch, la mujer que vendió el solar a Asols. A pesar de tener fachadas de estilos diferentes, la parte posterior de los dos inmuebles contiguos son prácticamente calcadas. La edificación concluye en 1904 y el promotor se queda con el piso principal. No lo podría disfrutar mucho, ya que moría en 1909 a los 64 años. La casa pasaba entonces a manos del único hijo sobreviviente, Josep Maria Asols Sampere. El heredero había ido a buscarse la vida a Manila (Filipinas) y se dedicaba al comercio. Su situación personal no era demasiado buena y en 1917 intenta suicidarse en la habitación de un hotel barcelonés. No lo logra. Lo volverá a intentar un año después en el Hotel Inglés de Madrid, donde finalmente sí que se quitará la vida de un tiro en la cabeza. La finca pasaría entonces por varios familiares hasta la década de los veinte, cuando la compra Josep Pijuan Ventura, hijo de inmigrantes catalanes establecidos en Camagüey (Cuba) que habían hecho fortuna creando una conocida empresa de licores, vinagres y gaseosas.

Pijuan impulsó diversas reformas de la casa que, después de la Guerra Civil, albergaría la sede de la Jefatura Provincial del S.E.U. (Sindicato Español Universitario). La familia propietaria continuaría viviendo en el principal, donde la esposa del empresario, Maria Àngels Pijuan Gigier, sería víctima de un asalto orquestado por la sirvienta del domicilio. Los hechos tendrían lugar el 26 de septiembre de 1956, cuando varios hombres entraron en el piso y amordazaron a la mujer. La última referencia antes del aterrizaje del negocio hotelero en la finca la encontramos en 1985, cuando sabemos que en el edificio estaba instalado el Casal de l’Eixample. El inmueble sería después durante unos cuantos años el Hostal Palacios, hasta que después de una profunda remodelación se inauguraría en junio de 2009 el actual Hotel Praktik.

En cuanto al error con el nombre que se colocó en la placa, Artigas ha detectado que se trata de una confusión con el segundo apellido del promotor de la Casa Heribert Pons, otra joya arquitectónica erigida en 1907 en los números 19-21 de la rambla de Catalunya y que hasta el 2013 acogió la sede del Departament d’Economia de la Generalitat.

Preservar historias, salvar patrimonio
«Me fascina lo que ha podido hacer Beli en dos días. A partir de un hilo, ha ido encontrando todas las historias que se entrelazan […] Si alguien nos oye, pedimos que le pongan bien el nombre a la casa«, apuntaba Martínez tras la explicación de la historiadora del arte. En un intercambio de elogios, Artigas quiso reivindicar el «trabajo de hormiguitas» que muchos entusiastas como el periodista hacen a través de las redes y diferentes blogs para dar a conocer historias y evitar que se pierdan sin que quede constancia. Ambos coincidieron en la necesidad de preservar el patrimonio de nuestra casa, una de las grandes asignaturas pendientes de las diferentes administraciones.

La presentación del libro terminó con la mirada puesta en la cúpula del Teatro Coliseum, la parte posterior de la cual es visible desde la terraza del hotel. «El espacio se diseñó para ser un gran casino, pero el proyecto no se realizó y acabó siendo la sede del Fomento de las Artes Decorativas (FAD) a partir de 1936. Después de la Guerra Civil, acogió exposiciones de arte, desfiles de moda, se hizo teatro y tuvo el primer intento de museo de arte contemporáneo de Barcelona. Desde hace cincuenta años, la cúpula está vacía«, relató Martínez. Quién sabe si este espacio en desuso será en un futuro el protagonista de uno de los microrrelatos con los que tanto el periodista como la historiadora del arte deleitan a sus fieles seguidores.


