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Piera y Pérez, dos familias unidas por una colección de carruajes única

Jaume Pérez puede presumir de haber heredado un oficio como ningún otro. Cada día, desde hace una década, se acerca a la plaza de Josep Pallach y sube la persiana de uno de los locales ubicados en los bajos de este lugar perteneciente al barrio de la Vall d’Hebron. En el interior, se guarda desde hace 28 años una colección privada única que es propiedad de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Hablamos del Museu de Carruatges, un recorrido por casi dos siglos de historia de este tipo de transporte en la capital catalana. Pérez es el guardián, tal como lo fueron su padre y su abuelo antes. Este hombre de 41 años se encarga no solo del mantenimiento de cada uno de los cuarenta carruajes que se preservan en este espacio, sino que también actúa como guía oficial por las instalaciones cada vez que hay alguna visita. Antes se realizaban jornadas de puertas abiertas para escuelas y jubilados, pero desde hace unos años, solo se abren las puertas en ocasiones muy puntuales. Aun así, el encargado no falla a su deber y mantiene en un estado de conservación extraordinario todos los vehículos y piezas que conforman la colección.

La relación de su familia con el mundo de los carruajes viene de lejos. Su abuelo había estado muy vinculado a este trabajo de transporte de personas y mercancías, forjando una fuerte amistad con los descendientes de la familia Piera, una de las fundadoras de Foment d’Obres i Construccions S.A. (FOCSA), precursora de la actual FCC. Este vínculo llevó al hombre a ofrecerse para custodiar los ejemplares que esta dinastía de empresarios había ido guardando desde los inicios del patriarca, Antoni Piera i Saguès, como traginer cubriendo el trayecto entre Barcelona y Valladolid para la fábrica de Can Batlló. Gracias a este trabajo, los Piera pudieron ahorrar para adquirir primero una de las canteras de Montjuïc y dedicarse después a la construcción tanto de edificios como de infraestructuras diversas como puertos -el muelle de España del Puerto de Barcelona es un ejemplo- o líneas de ferrocarriles. Es en este momento que la compañía familiar amplía sus servicios a concesiones municipales como la de la limpieza, que consiguieron en 1911 y aún mantienen hoy en día.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

De las diferentes actividades que llevó a cabo la empresa a lo largo de los años, los descendientes de los Piera decidieron guardar ejemplares tanto de los carros destinados al transporte de productos y material de obra como de los vehículos que se utilizaban para la limpieza o los carruajes de paseo privados de la familia. El gran entusiasmo en la preservación de estas piezas de hasta dos generaciones de la dinastía –Josep Piera i Jané y Antoni Piera i Caporà– terminó con la creación de un primer Museu de Carruatges en la Magòria, donde estuvo hasta los sesenta. Después pasó a la zona de Fabra i Puig y, en 1998, llegó a los bajos de este edificio de la Vall d’Hebron. El abuelo de Jaume Pérez ya llevaba tiempo dedicándose a mantener en buen estado de conservación la colección por su estrecha amistad con los Piera. «Siempre estaba aquí dentro metido. Recuerdo que, cuando era pequeño, venía con él y me dejaba montar en los carruajes», asegura su nieto. El abuelo siguió después de jubilarse y la tarea la heredó su hijo. Hace diez años, se produjo el último relevo entre los guardianes de este trozo del patrimonio barcelonés en manos de nuestro protagonista.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Jaume Pérez, guardián y encargado del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

Transporte de mercancías, limpieza y paseo

El TOT Barcelona pudo visitar este lunes el espacio de la mano de Pérez y de algunos de los impulsores del proyecto del Museu del Transport, que aspira a integrar al menos una parte de los carruajes de FCC en su catálogo. También acudieron concejales de varios grupos municipales como Junts, ERC, el PP y Vox. El actual guardián y encargado de la colección se sabe el itinerario de memoria. Mientras recita de corrido las peculiaridades de cada una de las piezas en exposición, va accionando de manera casi automática los mecanismos para mostrar a los visitantes cómo se guarda una ventana, se retira la capota o se abre el recipiente donde se vertía la basura que se recogía por las calles de la capital catalana. En total, hay una cuarentena de carros y carruajes que se remontan hasta mediados del siglo XIX y diez vehículos que se utilizaban para la limpieza de la ciudad a principios del siglo XX.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

Uno de los ejemplares más antiguos es el llamado carro de carrera, uno de los que utilizaba el patriarca de los Piera para hacer el trayecto de ida y vuelta transportando mercancías hasta Valladolid en cerca de tres meses. Se conservan también varios carros que servían para el transporte de sillares de la cantera de Montjuïc, uno adaptado para llevar barriles de vino u otro que permitía cargar bobinas para el cableado de la ciudad.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

No obstante, la joya de la corona son sin duda los diferentes vehículos destinados a la limpieza de Barcelona. Tanto para las calles más estrechas de la ciudad como para las grandes avenidas, había una brigada especializada que constaba del carro colonia, que tiene un recipiente para guardar la basura; el carro de tipo 3, que tenía la misma función, pero de dimensiones más reducidas; el carro regador, especializado en el riego de la vía pública; y la máquina barredora, que con un rodillo iba empujando los desechos hacia la acera, donde luego eran recogidos a mano por un equipo de entre tres y cuatro personas armadas con escobas, recogedores y cestos. De este último modelo, solo se conserva el ejemplar exhibido en las instalaciones de FCC aunque en la época llegaron a funcionar casi medio centenar.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

La gran mayoría de los vehículos que se utilizaban para el servicio se construyeron en los mismos talleres de la compañía y -con la excepción de un camión también en exhibición- requerían la fuerza de varios caballos para funcionar. «La limpieza y el transporte de basura se hacía todo a base de caballos. La empresa tenía unos 200 y cerca de 180 operarios», señala Pérez. A modo de anécdota, el guía recuerda que tanto su abuelo como su padre le contaban que los caballos tenían tan memorizada la ruta que hacían cada día que prácticamente iban solos. «Cuando llegaban al monumento de Colón sabían que tocaba dar la vuelta», apunta. Uno de los pocos vehículos de la colección con patente original de FCC es el llamado la patentada, que data de 1916 y se construyó en los talleres de la Gran Via de les Corts Catalanes. Su función era guardar herméticamente los residuos que se recogían durante la limpieza de alcantarillado para llevarlos hasta el Puerto, donde se trasladaban a una barca que los llevaba a alta mar para verterlos.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

El museo se completa con una selección importante de carruajes y carros destinados al paseo que eran propiedad de la familia Piera. Hay uno que se cree que provenía de un convento de monjas, piezas con acabados lujosos como el milord o la berlina y otras más populares como la tartana o las jardineras. En una vitrina enorme que ocupa casi tres cuartas partes de la longitud del local, se guarda equipamiento, vestuario, adornos para los caballos y utensilios de todo tipo.

Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Algunas de las piezas que forman parte del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

Terminamos la visita mientras el sonido de un reloj de pared antiguo resuena en las paredes de las instalaciones. Entre los privilegiados que han podido ver la colección, hay una pregunta que se repite: ¿cómo es posible que esto no esté abierto al público? La solución a este absurdo nos la da Manuel Marina, uno de los impulsores de la visita y miembro de la Asociación Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona. «Esperamos que al menos una parte de esta colección pueda formar parte del Museu del Transport», sentencia.

Jaume Pérez, guardián y encargado del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d'Hebron / A.R.
Jaume Pérez, guardián y encargado del Museu de Carruatges que FCC tiene en la Vall d’Hebron / A.R.

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