Después de la tregua de Navidad, Barcelona acelerará el ritmo electoral. Con la incógnita aún sobre el contexto español, si Pedro Sánchez resistirá y alargará la legislatura hasta 2027 o si tendrá que adelantar las elecciones, los ayuntamientos irán a las urnas en mayo de 2027. La capital de Cataluña será nuevamente la plaza más potente, y un termómetro sobre el futuro para la Generalitat, que, si no hay novedades, agotará legislatura en 2028 con un ejecutivo del PSC en minoría pero apuntalado por ERC y los Comuns. En Barcelona se llegará a principios de año con algunas incógnitas muy relevantes sobre esta carrera electoral en la que el alcalde Jaume Collboni arranca con una notable ventaja.
El PSC, con un gobierno en minoría histórica de solo 10 concejales, tiene garantizados los presupuestos de 2026 después de que los haya aprobado vía cuestión de confianza, exhibe un acuerdo amplísimo con la modificación de la ordenanza de civismo y, además, tiene consolidadas las líneas maestras de su hoja de ruta municipal. Tiene a ERC como socio de gobierno de facto y a los Comuns, sin candidato oficial y sin una estrategia clara. Y Junts, también navegando entre las dudas de quién será el candidato y con el cerco inducido de Aliança Catalana. Además, también será singular el hecho de que varios partidos concurrirán a las elecciones sin el respaldo de los líderes que encabezaron las listas en 2023. ERC, sin Ernest Maragall, Junts, sin Xavier Trias, y Barcelona en Comú, sin Ada Colau y Janet Sanz.

ERC y la crisis de la Federación de Barcelona
ERC ha mantenido una relación pragmática con el gobierno municipal prácticamente desde el día siguiente al pacto españolista para investir a Collboni. A pesar de que el PSC consiguió la alcaldía con un pacto con el PP y los Comuns que destruía el acuerdo Trias per Barcelona-ERC, los republicanos han ofrecido al PSC un colchón que les ha permitido exhibir un formato de ejecutivo bipartito en cuestiones troncales como las ordenanzas fiscales y los presupuestos. Con un pacto de gobierno oficialmente presentado, pero en el cajón por disputas internas dentro de la Federación de Barcelona y una consulta fallida a la militancia, Elisenda Alamany se ha reforzado como un referente potente dentro de ERC Barcelona. Pero no como líder opositora de Collboni.
De hecho, el partido aún no ha cerrado oficialmente quién encabezará la lista electoral y tampoco queda claro si habrá una alternativa que dispute la fotografía de los carteles a la que fue número dos de Ernest Maragall. Más aún, después de la crisis que ha vivido la Federación de Barcelona con la dimisión de buena parte de los miembros de la ejecutiva por considerar que la presidenta, Creu Camacho, ha abandonado el proyecto alternativo para ERC que había ganado en la Federación y se ha puesto al servicio absoluto de Elisenda Alamany y del pacto con el PSC. En todo caso, ERC quiere tener candidato para 2027 en las primeras semanas del año para poder establecer un relato claro en la ciudad de alternativa al gobierno Collboni o de pieza necesaria para la gobernabilidad. El mismo debate, más o menos, que deben afrontar en Barcelona en Comú. Ahora bien, los republicanos parten con ventaja en esta carrera electoral según el último barómetro, que los sitúa como segunda fuerza del consistorio, y por tanto en una posición de fuerza a la hora de negociar posibles alianzas con el PSC por delante de Barcelona en Comú.

Los Comuns, sin Ada Colau ni hoja de ruta clara
En Barcelona en Comú tampoco hay una hoja de ruta bien definida. Con la despedida del último bastión de la revuelta de mayo de 2025, Janet Sanz, el partido está claramente huérfano de liderazgos. Gerardo Pisarello, con el apoyo personal de Ada Colau, se propone para liderar la candidatura, pero tendrá que pasar por primarias si Roberto Enríquez Higueras, conocido como Bob Pop, cumple su deseo de ser candidato. Los Comuns han intentado posicionarse como alternativa a la izquierda del PSC, pero no han logrado visualizarlo, al contrario, ERC les ha ganado terreno con una visión más pragmática de la política municipal. A principios de mandato, Ada Colau hizo todo lo posible para entrar en el gobierno de Collboni llamando a un tripartito con ERC de 24 concejales, pero con su salida, Janet Sanz cambió de estrategia y apostó por hacer oposición al gobierno municipal. La fotografía final, sin embargo, ha sido bastante confusa. Los barómetros municipales premian a ERC y castigan esta oposición más radical del partido lila frente a una fuerza de izquierdas. El cabeza de lista deberá decidir qué papel juega un partido que, de entrada, tiene muy difícil repetir el liderazgo de Ada Colau, y que también tendrá que compartir el nicho electoral con ERC.

Junts: la elección de candidato no será plácida
El partido ganador de las elecciones de 2023 no se ha recuperado del golpe que supuso perder la alcaldía que debía ostentar Xavier Trias con el apoyo de Ernest Maragall. En este mandato ha sido prácticamente imposible detener los proyectos de Jaume Collboni, ni tampoco mantener grandes colaboraciones. Solo la ordenanza de civismo, con los votos innecesarios de ERC para su aprobación, ha dado la fotografía del gran pacto de ciudad entre el PSC y Junts. A diferencia de ERC, los junteros han hecho todo lo posible por presentarse como la única alternativa al PSC en la ciudad, pero no lo han conseguido. Sin Xavier Trias, que renunció a medio mandato, y sin un liderazgo claro en el grupo municipal.
Sobre el papel, Jordi Martí Galbis es el presidente y el delfín de Xavier Trias, pero otro concejal, Josep Rius, también aspira a ser cabeza de lista en 2027. Este último, según ha podido saber el TOT Barcelona, contaría con el visto bueno de la dirección de Junts per Catalunya, de la cual él es vicepresidente. En todo caso, el partido no abrirá el proceso hasta después de Reyes. Y si bien se quieren evitar unas primarias de confrontación con un candidato de consenso, Galbis ha expresado en varias ocasiones su voluntad de dirimir en las urnas quién debe ser el cabeza de lista. Los estatutos electorales del partido permiten a la dirección nacional imponer un candidato sin pasar por primarias, pero esto ofrecería sin duda una imagen perjudicial para el partido si hay más de un aspirante y se burlaran las primarias. Sea como sea, en el partido asumen que la victoria que consiguió Xavier Trias está lejos, y que el candidato o candidata deben estar dispuestos a invertir unos años en Barcelona para construir nuevamente una alternativa al PSC capaz de ganar.

La derecha: PP, Vox y el factor Aliança Catalana
La derecha municipal tradicional –el Partido Popular y Vox– ha ganado visibilidad como grupos de crítica frontal al gobierno municipal, pero con una capacidad limitada para convertir este discurso en resultados electorales masivos. Las encuestas hasta ahora sitúan al PP -donde probablemente repetirá Daniel Sirera como candidato– y Vox como formaciones minoritarias en el contexto barcelonés, lejos de los grandes bloques de la izquierda o de los espacios que ocupa Junts.
Pero la gran incógnita en este bloque es Aliança Catalana (AC) que, en cuestión de pocos años, ha conseguido representación en el Parlamento de Cataluña y posicionarse como un actor relevante a escala catalana. AC ha confirmado que se presentará a las elecciones municipales de Barcelona en 2027 y anunciará su candidato antes de abril de 2026. De hecho, el último barómetro municipal, presentado este martes, 30 de diciembre, da representación a los de Sílvia Orriols, y los sitúa por delante de Junts. La presencia de AC, que combina independentismo radical e islamofobia, podría alterar dinámicas sociales y electorales, no solo desplazando votantes en direcciones que tradicionalmente no habían emergido en la ciudad, sino también influenciando qué debaten los grandes partidos. AC podría actuar como un condicionante de resultados: no aspirará a gobernar, pero su capacidad de atraer voto de protesta o segmentos específicos podría erosionar porcentajes de otras formaciones.
El liderazgo de Collboni -más bien, del PSC- es hoy el elemento más sólido del tablero político local, y llegará al arranque electoral con una oposición fragmentada y con partidos que apenas empiezan a definir sus cabezas de lista. En este escenario, todo apunta que la gestión pragmática, la capacidad de alianzas flexibles y la percepción de liderazgos estables marcarán la diferencia. Pero la incertidumbre, la fragmentación y los nuevos actores en la calle indican que esta carrera electoral aún puede dar sorpresas sustanciales.

