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Troban un camino de la Edad del Bronce entre necrópolis y rutas comerciales que resuelve un enigma centenario

Llevábamos más de un siglo haciéndonos la misma pregunta ante aquellas enormes piedras grabadas con armas y guerreros. Nadie conseguía entender si eran tumbas, mapas o simples marcas para delimitar propiedades en la Hispania prerromana. (Debemos admitirlo: el misterio nos tenía a todos completamente fascinados).

Todo cambió gracias a un hallazgo casual mientras se realizaban unas obras en Cañaveral de León, Huelva. Una excavación de urgencia ha descubierto la tumba definitiva que lo cambia todo para siempre.

La revelación de Las Capellanías

Los arqueólogos de las universidades de Sevilla, Huelva, Durham, Gotemburgo y Southampton acaban de publicar sus conclusiones en la prestigiosa revista Antiquity. El yacimiento de Las Capellanías ha sacado a la luz no una, sino tres estelas grabadas perfectamente conservadas.

Las piedras no estaban aisladas en medio del campo como se creía. Aparecieron asociadas directamente a un complejo de 18 estructuras funerarias y los restos cremados de 14 personas.

El análisis con carbono 14 sitúa la actividad principal de este cementerio entre el 800 y el 550 a. C., aunque el suelo revela ocupaciones aún más antiguas que se remontan a mediados del segundo milenio antes de Cristo.

Un emparedado de culturas bajo tierra

Lo que verdaderamente ha dejado boquiabierta a la comunidad científica es el increíble estado de conservación de los ajuares funerarios. Bajo la tierra de Huelva convivían objetos de mundos que creíamos completamente separados.

Los investigadores han recuperado urnas de tipo Cruz del Negro —introducidas por los fenicios en el siglo IX a. C.— junto con cerámicas hechas a mano de tradición puramente local. También han aparecido pendientes de plata, fíbulas de doble resorte y un conjunto de higiene personal de bronce en una misma sepultura.

Los análisis de isótopos óseos revelan además un dato sorprendente: varios de los enterrados consumían habitualmente pescado marino, a pesar de que el mar se encontraba a más de 100 kilómetros de distancia.

Las estelas no elegían entre ser tumbas o señales de tránsito. Cumplían ambas funciones a la vez. Marcaban el lugar exacto del entierro y avisaban a los caminantes que transitaban por una vía sagrada.

El camino que sobrevivió 3.000 años

¿Sabías que el trazado donde aparecieron estas piedras coincide al milímetro con una ruta medieval descrita por el geógrafo Al Idrisi en el siglo XII? La alineación de las esculturas demuestra que aquel sendero entre los valles del Guadalquivir y del Guadiana ya estaba plenamente activo en la Edad del Bronce.

Las piedras señalizaban una auténtica «autopista» del comercio y el paso de mercancías entre el Atlántico y el interior peninsular.

Las respuestas que llevábamos décadas buscando estaban escondidas a muy pocos centímetros bajo el barro. Si pasas cerca de Cañaveral de León, recuerda que estás pisando el suelo por el que caminaron los primeros comerciantes del Mediterráneo.

¿Te imaginas cuántos secretos más continúan enterrados bajo nuestros pies esperando ser descubiertos?

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