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A los 71 años, Manolo García sobre su bienestar: «Nunca he tenido problemas de excesos»

Manolo García, en sus más de setenta primaveras, continúa sorprendiéndonos con una energía desbordante, llenando escenarios e inaugurando exposiciones de arte con la misma pasión de siempre. Su vitalidad es contagiosa y muchas nos preguntamos cuál es el secreto de una longevidad tan plena, tan alejada de la idea de «retiro». Parece que ha encontrado la fórmula definitiva para esquivar los golpes del tiempo y el agotamiento que sufrimos la mayoría.

No estamos hablando de dietas extremas ni de rutinas de entrenamiento dignas de un atleta de élite, esas que nos intentan vender como panacea para todo. La clave de su bienestar se encuentra en una filosofía de vida mucho más accesible y quizá sorprendente, pero profundamente revolucionaria en nuestra sociedad actual. Su revelación es un auténtico golpe de efecto que debería estar en todas las agendas.

El cantante lo tiene clarísimo y lo expresa con una sencillez desarmante: «Más que cuidarme, lo que hago es no maltratarme. Por suerte para mí, nunca he tenido problemas de excesos. Soy una persona aferrada a mi pequeño mundo, eso me ha llevado por un camino de calma». Esta afirmación, a los 71 años, nos invita a repensar todo lo que creemos saber sobre el envejecimiento y la salud, ofreciéndonos una perspectiva oculta sobre el verdadero bienestar.

La calma que nace de los orígenes

Esta serenidad, este rechazo a los excesos, no es fruto de la casualidad ni de una epifanía tardía. Se forja en una infancia profundamente arraigada a la tierra y al mar, entre el barrio barcelonés de Poblenou, con sus baños «temerarios» en la playa de la Mar Bella, y los huertos de Férez, en Albacete, donde pasaba noches descalzo con su abuelo. Estas vivencias fundacionales impregnaron su alma con la importancia del contacto directo y respetuoso con la naturaleza y la vida simple.

De su abuelo materno heredó una regla de oro que trasciende generaciones: «no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti». Una máxima sencilla pero poderosa que ha guiado toda su vida, convirtiéndolo en un ejemplo de coherencia ética y personal. Esta base ética, junto con su vínculo innegociable con la naturaleza, son los pilares fundamentales de su particular camino hacia un bienestar duradero y auténtico.

¿Mi alerta? La verdadera salud mental consiste en no desgastarse en vano. No podemos sufrir tanto por aquello que no podemos arreglar nosotras solas, es un desgaste inútil.

Su truco definitivo para mantener la energía vibrante tanto en los escenarios como en la vida cotidiana es, en esencia, una filosofía anti-desperdicio de energía vital. La clave, según él, es construir «refugios internos», una «parcela tuya en el mundo» que no necesita ser física, sino un espacio incorpóreo ubicado en tu interior. Estos espacios mentales, auténticos santuarios personales, son vitales para no dejarnos arrastrar por el ritmo acelerado y a menudo abrumador del exterior.

El arte como vacuna contra la hiperconexión

En una era dominada por las pantallas omnipresentes y la constante notificación, Manolo García emerge como un crítico ferviente del consumismo desenfrenado y la velocidad moderna que nos exprime. Con una mirada lúcida y nada condescendiente, alerta que si antes «el opio del pueblo era el fútbol, ahora es la tecnología», señalando directamente nuestro talón de Aquiles colectivo. Una observación que, lo admitimos sin tapujos, resuena profundamente con nuestra propia experiencia (y la de nuestro bolsillo digital que no para de vibrar).

Ante esta hiperconexión que nos roba horas, minutos y energía, él propone una solución radical, casi anacrónica, pero increíblemente efectiva. Asegura con contundencia que «no cambio un baño en el mar o caminar por un bosque, por 200.000 mensajes de WhatsApp». Su apuesta por el mundo real, por las sensaciones físicas auténticas y la desconexión natural, es un antídoto potente e imprescindible para nuestra salud mental, que a menudo olvidamos.

El arte se convierte en su trinchera, su herramienta de defensa más poderosa contra el ruido constante y las exigencias del mundo. Ya sea pintando acuarelas, escribiendo poemas o creando nuevas canciones, cada acto creativo forma parte de una estrategia vital para «defenderme un poquito, dar algo de mí». Entiende la creación artística no como un mero pasatiempo o un lujo, sino como una necesidad vital inherente, un pilar fundamental del bienestar genuino y duradero.

Una hoja de ruta para la vida plena

La palabra «jubilación» es, para él, un concepto «inexistente» en su vocabulario personal y profesional. Manolo García no contempla detenerse; en su «mundo ideal» tiene claro que quiere «seguir haciendo cosas siempre», manteniéndose activo y creativo hasta el final. Esta mentalidad de envejecimiento activo y comprometido es una poderosa inspiración para todas nosotras que buscamos un sentido más allá del trabajo formal y las expectativas sociales.

Sus recomendaciones para el día a día son un manual imprescindible que deberíamos tener todas a mano para vivir con más conciencia. Insiste con énfasis en no posponer el bienestar ni la existencia misma, un error que cometemos demasiado a menudo. «No podemos dejar la vida para agosto, Semana Santa y Navidad», nos recuerda, invitándonos a vivir con intensidad y plenitud cada momento, sin aplazamientos innecesarios.

Cultivar la paciencia, intentar «pasar por el mundo sin molestar» y buscar la felicidad auténtica en las pequeñas cosas —un paseo al sol, una conversación sincera con amigos, el contacto revitalizador con la tierra— son sus pilares vitales. Este secreto oculto para la plenitud, tan sencillo y a la vez tan profundo, se resume en su propia frase, llena de sabiduría práctica: «Soy un ciclista, siempre pedaleando hacia arriba».

En un mundo que nos empuja incesantemente al exceso, la rapidez y el agotamiento, la filosofía de vida de Manolo García no es solo un consejo bienintencionado; es una advertencia urgente y una invitación valiente a la reflexión profunda. Es una oportunidad de oro para frenar, reconectar con lo esencial y construir nuestro propio camino de calma y plenitud antes de que sea demasiado tarde para nuestro cuerpo y nuestra mente. ¿No crees que es hora de poner en práctica esta valiosa solución?

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