Barcelona no es solo una ciudad; es un auténtico imán global. Lo vemos en sus calles, en sus eventos y, sobre todo, en sus conexiones. El aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat cerró el 2025 con 57,5 millones de pasajeros. Una cifra que nos sitúa en el top 6 de Europa.
Pero este fenómeno no es una moda pasajera. Esta conexión imparable con el mundo tiene raíces profundas. Una historia que nos lleva más de un siglo atrás. Una vocación de hub que nació casi con la aviación.
Todo comenzó en 1916. Sí, has leído bien. En un campo de aviación pionero en El Remolar. Estos terrenos, de la granja La Volateria, fueron la semilla de una conectividad que hoy nos lleva a 221 destinos internacionales.
Solo dos años después, en 1918, el aeródromo se trasladó a El Prat de Llobregat. Aquella primera ubicación ya marcaba su vocación global. Gracias a un visionario: el aviador francés Pierre-Georges Latécoère. El 25 de diciembre de 1918, Latécoère aterrizó en El Prat con una misión clara. Quería crear una gran línea aérea entre Toulouse, Casablanca, Dakar y, más tarde, Sudamérica.
Su visión fue un punto de partida imprescindible. En septiembre de 1919, sus aviones ya hacían escala en El Prat. Transportaban las primeras cartas del servicio postal franco-marroquí. Era el principio de una nueva era. Barcelona ya formaba parte de las rutas aéreas internacionales que unían Europa con el norte de África. Un hito de aquellos que cambian el juego para siempre.
Esta red de conexiones no es fruto de la casualidad. Es una historia de visión, crecimiento y una adaptación constante a las necesidades globales. Y aún no hemos visto lo mejor.
Los primeros servicios comerciales regulares llegaron en 1927. Iberia inauguró su línea entre Barcelona y Madrid. Después vinieron los grandes saltos. En 1963, el aeropuerto ya superaba el millón de pasajeros. En 1970, Pan American estrenó la conexión Nueva York-Lisboa-Barcelona con un Boeing 747. Ese mismo año, el puente aéreo Barcelona-Madrid ya era una realidad. En 1977, ya éramos más de cinco millones de pasajeros.
Pero el gran cambio definitivo para consolidarse como la infraestructura actual llegó con los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Se ampliaron terminales, y ese año el aeropuerto superó por primera vez los 10 millones de pasajeros. En 2009, la nueva T1 terminó de convertir Barcelona-El Prat en el gran aeropuerto internacional que conocemos. Capaz de acoger más de 57 millones de pasajeros en un año.
Hoy, Barcelona está conectada por aire con 66 países y 221 destinos. Suma 379 rutas operadas por 90 aerolíneas. Los datos del 2026 son espectaculares. De enero a julio, ya sumamos 34,2 millones de pasajeros. Un aumento del 4,7% respecto al 2025. El 75% son vuelos internacionales, el 25% nacionales. Una proporción que subraya su identidad global.
El tráfico de mercancías también crece. 20.435 toneladas solo en julio. Un 8,1% más que el año anterior. Este aeropuerto es un motor económico imprescindible para nuestra economía.
Nuestra puerta al mundo: ¿a dónde vuela Barcelona?
Europa sigue siendo nuestra principal red de conexión. Pero la visión de hub va mucho más allá. Las 379 rutas conectan Barcelona con 221 destinos de 66 países diferentes. Una de las áreas con más crecimiento es Asia. Este verano hemos batido nuestro récord de conexiones con el continente asiático. Vuelos directos a Pekín, Shanghái, Shenzhen, Hong Kong, Singapur y Seúl.
El Comité de Desarrollo de Rutas Aéreas de Barcelona (CDRA) ya lo ha marcado como prioridad clave. Su Plan Estratégico 2026-2030 quiere consolidar la conectividad actual. Pero también quiere ampliar la presencia de Barcelona en los principales mercados asiáticos. Una apuesta valiente y necesaria para el futuro.
América movió 3,5 millones de pasajeros en 2025. Oriente Medio y Asia, 2,7 millones. África, por su parte, 1,8 millones. Aunque el grueso sea europeo, la capacidad de atracción de Barcelona es innegable. Las rutas más populares son Palma de Mallorca (2,4 millones), Madrid (1,8 millones), Roma (1,7 millones), Ámsterdam (1,6 millones) y Lisboa (1,4 millones).
La ampliación: la solución para no colapsar
Este éxito plantea un reto urgente: la ampliación del aeropuerto. Desde finales de 2019, Aena ya preveía la saturación. Un proyecto que había quedado encallado, pero que hoy vuelve con más fuerza que nunca. La Generalitat y el Ministerio de Transportes han reactivado la comisión técnica. La recuperación del tráfico ha sido más rápida de lo previsto.
El nuevo Gobierno de la Generalitat ha puesto sobre la mesa una propuesta concreta. Alargar 500 metros la tercera pista. La más cercana al mar. Esta actuación se acompañaría de un plan de compensación ambiental. Más de 250 hectáreas de renaturalización en el Delta del Llobregat. Un equilibrio inteligente entre crecimiento y sostenibilidad.
La hoja de ruta actual prevé una inversión de 3.200 millones de euros. Las obras principales se iniciarían en 2029. El objetivo es tener la nueva infraestructura terminada hacia 2034. Pero atención: antes deben comenzar las actuaciones de compensación ambiental. Ahora mismo, lo que hay en marcha es la planificación. Aena ya ha adjudicado la redacción del nuevo Plan Director del aeropuerto.
Este documento es clave. Concretará cómo se transforma el aeropuerto durante las próximas décadas. Se espera que el Plan Director se apruebe en 2029. Mientras tanto, Barcelona-El Prat no espera. Está destinando 800 millones de euros a diversas actuaciones. Quieren que la T1 gane unos 70.000 metros cuadrados (un 15,5% más de superficie). La T2 tendrá su remodelación más importante. Una inversión de 153,4 millones de euros.
La ampliación no busca solo grandes cifras de pasajeros. Quiere reforzar los vuelos de largo radio. Y consolidar Barcelona como un hub internacional de primer nivel. Que una parte de los pasajeros no tenga Barcelona como destino final. Sino que llegue para conectar con otro vuelo. Continuar el viaje hacia una tercera ciudad. Una Barcelona aérea que sea destino y punto de conexión entre Europa y el mundo.
La vocación de hub de Barcelona no es nueva; es una constelación de esfuerzos y visiones que llevan más de un siglo iluminando nuestro camino. Un futuro que ya es presente. ¿Estamos preparados para el próximo capítulo?
