Si buscas el destino definitivo para tu próxima escapada, deja de mirar el mapa. Hay un rincón en la Costa Brava que ha dejado de ser un secreto para convertirse en la capital gastronómica que tu paladar estaba esperando. No hablamos de las grandes ciudades, sino de Palamós. Un lugar donde la tradición marinera choca frontalmente con la vanguardia creativa más salvaje.

La revelación que está cambiando las reglas
Olvídate de las trampas para turistas. El verdadero valor de esta localidad reside en una pareja de restaurantes que han conseguido una hazaña inaudita: convertir la historia en un plato viral. Hablamos de La Cort del Mos y Dvisi, dos establecimientos que no solo ofrecen comida, sino una experiencia que querrás repetir antes de terminar el postre.

Helena Termes y Jeffrey Ruiz, al frente de La Cort del Mos, han pasado de la incertidumbre a recoger premios como el Cuiner Gastronòmic Fòrum Barcelona en un tiempo récord. Su secreto es una arqueología culinaria audaz: rescatan recetarios medievales, como el Llibre del Coch de 1520, y los lanzan directamente al siglo XXI. Si consigues mesa, pide el sándwich crujiente de oreja de cerdo con tártar de gamba de Palamós. Es, posiblemente, el bocado más adictivo de la provincia.
Artesanía, vanguardia y riesgo
Por otro lado, Dvisi es el proyecto de vida de Laura de Vicente y Jordi Simón. Después de años picando piedra en la élite Michelin, han creado un laboratorio de sabores donde las fronteras no existen. ¿Te imaginas probar un filipino de sobrasada o una Oreo hecha de trufa y crema de espárragos blancos?

Su menú degustación InDIVISIble, con un precio de 120 euros, es una montaña rusa de 20 pasos que viaja de Latinoamérica a Asia, siempre con el producto local como protagonista absoluto. Aquí, la experimentación no es un capricho, es la norma de la casa. Nos encanta ver cómo se atreven a jugar con sabores internacionales sin olvidar su origen.
Por qué Palamós es el lugar donde tienes que estar
Lo que diferencia a estos locales del resto es la obsesión por el territorio. La gamba roja de Palamós es, obviamente, la estrella, pero el verdadero mérito está en lo que hacen con el resto: desde la ventresca de sureny hasta el fricandó de atún. Es cocina honesta, sin filtros y con una identidad brutal.
Debido a su aforo limitado, en el caso de La Cort del Mos apenas 30 comensales, la disponibilidad vuela rápidamente. Si piensas visitar la Costa Brava esta temporada, reserva hoy mismo o te quedarás sin lugar. ¿Qué te apetece más: un viaje al pasado medieval con un toque moderno o una expedición técnica por los sabores del mundo?


