China es mucho más que el hormigón de Shanghái o la masificación de la Gran Muralla en Pekín. Existe un rincón casi secreto para el turismo de masas occidental que custodia los tesoros más valiosos de la dinastía Wei del Norte. Un destino donde el tiempo se detuvo hace miles de años entre montañas sagradas y Budas gigantes tallados en roca viva.
Hablamos de Datong, una joya histórica situada en la provincia de Shanxi. Si estás planificando tu próximo gran viaje y buscas huir de los itinerarios trillados, este destino debe estar en tu lista inmediatamente. (Y sí, nosotros también nos preguntamos cómo es posible que aún no esté colapsado de visitantes).
El secreto mejor guardado del budismo imperial
Datong no es una ciudad china cualquiera de provincia. Durante el siglo V, esta localidad fue la gloriosa capital del imperio, un nexo de unión clave en la Ruta de la Seda donde se mezclaban culturas, comerciantes y corrientes espirituales. El resultado de esta edad de oro es un legado monumental que hoy día nos deja sin aliento.
La gran joya de la corona son, sin duda, las Grutas de Yungang. Estamos hablando de un complejo de más de doscientas cuevas artificiales excavadas en la falda de la montaña de Wuzhou. En el interior se esconden más de cincuenta y una mil estatuas de Buda de todos los tamaños imaginables, desde pocos centímetros hasta gigantes de diecisiete metros de altura.
Lo que hace realmente especial este lugar es la fusión de estilos. Al pasear por las cuevas, el ojo atento puede detectar influencias artísticas griegas, persas y de la India antigua. Una auténtica lección de historia globalizada escrita en piedra hace más de mil quinientos años.
La arquitectura que desafía la gravedad
Pero el verdadero milagro de Datong se encuentra a unos sesenta kilómetros del centro urbano, en el cañón de la montaña Hengshan. Allí, suspendido en el vacío a unos cincuenta metros de altura sobre el río, se encuentra el Templo Colgante de Xuankong. Una maravilla de la ingeniería medieval que parece flotar en la pared del acantilado.
Construido hace más de mil quinientos años, este monasterio es único en el mundo por una razón muy especial. Es el único templo que une bajo un mismo techo las tres religiones tradicionales de China: el budismo, el taoísmo y el confucianismo. Sus salas de madera se apoyan sobre finos pilares que parecen palillos, sostenidos directamente en la roca.
La sensación de caminar por sus pasillos estrechos, escuchando el crujir de la madera bajo los pies mientras miras al abismo, es una de las experiencias más intensas que puedes vivir en Asia. El acceso está limitado por motivos de seguridad, así que la planificación aquí es vital.
Una muralla que no tiene nada que envidiar a Pekín
Si piensas que para ver fortificaciones impresionantes tienes que ir obligatoriamente a la capital, estás muy equivocado. Datong conserva una de las murallas urbanas más imponentes del país. Aunque ha sido reconstruida recientemente siguiendo los planos originales de la dinastía Ming, su escala es sencillamente colosal.
Con catorce metros de altura y una longitud de ocho kilómetros, rodea completamente el núcleo histórico de la ciudad. La mejor manera de recorrerla es alquilar una bicicleta al atardecer. Ver cómo se encienden las luces de la ciudad moderna a un lado, mientras el otro lado mantiene la silueta de los templos antiguos, es un espectáculo visual inolvidable.
Además, a diferencia de la muralla de Xi’an, aquí no encontrarás las aglomeraciones de turistas que hacen imposible tomar una fotografía limpia. Tendrás la historia prácticamente para ti solo.
La gastronomía del carbón y los fideos cortados
No podemos hablar de Datong sin hacer referencia a su cocina. Históricamente conocida como la capital del carbón de China, la ciudad ha sabido limpiar su imagen industrial para potenciar su riqueza cultural y gastronómica. El plato estrella indiscutible son los Daoxiao Mian o fideos cortados a cuchillo.
Los cocineros locales cortan la masa de harina directamente sobre el agua hirviendo con una destreza que parece un arte marcial. El resultado son unos fideos gruesos, de textura irregular, que absorben perfectamente los caldos ricos en especias y carne de cordero, muy típica de esta región fría del norte.
Comer en una de las tabernas tradicionales del barrio antiguo no solo es extremadamente barato, sino que representa una inmersión cultural directa, lejos de los menús adaptados para extranjeros de las grandes capitales.
Cómo llegar antes de que se ponga de moda
La conexión ferroviaria de China ha mejorado de manera espectacular en los últimos años. Hoy en día, puedes tomar un tren de alta velocidad desde la estación de Pekín y plantarte en Datong en poco más de dos horas. Esto hace que sea una excursión de fin de semana perfecta o una parada obligatoria en tu ruta hacia el oeste del país.
La mejor época para viajar es durante la primavera o el otoño. Los veranos pueden ser calurosos y los inviernos en el norte de China son extremadamente rigurosos, con temperaturas que fácilmente bajan de los diez grados bajo cero.
No esperes que abran nuevas rutas aéreas ni que los precios de los hoteles comiencen a subir. Datong está en el punto de mira de los viajeros independientes que buscan la autenticidad que Pekín perdió hace décadas. ¿Te lo vas a perder?
