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La isla paradisíaca de la Costa Blanca que ha conquistado Arturo Valls para huir de las cámaras

Hay rincones de nuestro litoral que parecen resistirse al paso del tiempo y a la invasión del turismo de masas. Espacios casi secretos donde el reloj se detiene y el único ruido de fondo es el de las olas rompiendo contra las rocas. Uno de estos oasis ha cautivado a uno de los rostros más conocidos de la televisión estatal, que ha encontrado aquí su refugio definitivo lejos de los focos y las cámaras.

Hablamos de Arturo Valls, el carismático presentador y actor que, cuando necesita oxigenar la mente y olvidarse de la presión mediática, pone rumbo a un pequeño paraíso situado en la Costa Blanca. Un destino que muchos tienen al alcance de la mano pero que pocos se detienen a descubrir de verdad. (Y sí, nosotros también quisiéramos perdernos allí ahora mismo).

La joya escondida de Alicante que casi nadie conoce

Este rincón de paz no es otro que la isla de Tabarca. Se trata de la única isla habitada de la Comunidad Valenciana, un territorio diminuto lleno de historia, aguas transparentes y una tranquilidad que ya no se encuentra en la península. Arturo Valls ha confesado en más de una ocasión su debilidad por este lugar, convertido en su santuario particular durante los meses de verano y, sobre todo, durante la primavera.

Lo que hace realmente especial a Tabarca es su atmósfera de otro tiempo. La isla tiene poco más de dieciocho hectáreas de superficie y una población que en invierno apenas llega a las pocas decenas de habitantes. Aquí no hay coches, no hay grandes avenidas comerciales ni tampoco complejos hoteleros que rompan la armonía del paisaje. Solo tierra, piedra, mar y un silencio que se vuelve casi terapéutico.

Para un personaje público como Arturo Valls, sometido constantemente al escrutinio de la audiencia y a las peticiones de fotografías por la calle, Tabarca ofrece un lujo que el dinero no siempre puede comprar: el anonimato casi absoluto. El presentador puede pasear por sus caminos de tierra o bañarse en sus calas de cantos rodados sin la presión de los flashes, integrándose como un vecino más de esta comunidad marinera.

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Cómo es la vida en el refugio prohibido a los coches

Llegar a Tabarca es hacer un viaje en el tiempo. El trayecto se realiza habitualmente desde Santa Pola en unas embarcaciones rápidas conocidas popularmente como tabarqueras, en un viaje que apenas dura veinte minutos. También se puede acceder desde el puerto de Alicante o desde Benidorm, lo que la convierte en una excursión ideal para una escapada de fin de semana desde Cataluña.

Una vez se pone un pie en el muelle, la sensación de desconexión es inmediata. La isla está dividida en dos partes muy bien diferenciadas. Por un lado, el núcleo urbano, un recinto amurallado del siglo XVIII declarado Conjunto Histórico-Artístico. Sus casas blancas y azules, de estilo puramente mediterráneo, evocan el pasado de la isla como refugio de piratas genoveses que fueron rescatados por el rey Carlos III.

Por otro lado, encontramos la zona de la «tanca», un espacio completamente virgen donde solo se levantan el viejo faro, la torre de San José y el cementerio marinero. Es en esta zona donde se puede experimentar la soledad más absoluta, caminando entre caminos flanqueados por chumberas y vegetación baja, bajo la atenta mirada de las gaviotas que dominan el cielo.

El secreto mejor guardado de los amantes del buceo

Pero el verdadero tesoro de Tabarca no se encuentra en la superficie, sino bajo el agua. Gracias a la protección ambiental de la que goza desde hace casi cuarenta años, sus aguas presentan una visibilidad excepcional que atrae a submarinistas de todo el continente. Las praderas de posidonia oceánica sirven de refugio para una cantidad increíble de especies marinas, desde meros gigantes hasta pulpos y bancos de salpas.

Es precisamente esta riqueza natural la que convierte las calas de la isla en lugares de ensueño para practicar el snorkel. No es necesario llevar un equipo profesional sofisticado; unas gafas de buceo y un tubo son suficientes para descubrir un auténtico acuario natural a pocos metros de la arena. Un privilegio que Arturo Valls y su familia aprovechan al máximo durante sus estancias.

Además de la naturaleza, la gastronomía es el otro gran pilar de la experiencia tabarquina. El plato estrella indiscutible es el caldero tabarquino, una receta tradicional de pescadores que consiste en un arroz caldoso elaborado con el caldo de peces de roca locales, como la gallineta o el cabracho, que se sirve en dos partes: primero el pescado con una salsa de alioli suave y después el arroz.

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La importancia de elegir bien el momento de la visita

Si quieres vivir la experiencia de Tabarca tal como la disfruta el presentador, debes tener en cuenta un factor clave: el calendario. Durante los meses de julio y agosto, la isla recibe miles de visitantes diarios que llegan a pasar el día desde la costa. Aunque sigue siendo preciosa, pierde parte de esa magia de soledad que la hace única.

El verdadero secreto es visitarla durante la primavera o a principios de otoño. Durante estas semanas de transición, cuando los barcos de turistas ya no llegan en masa, la isla recupera su ritmo pausado. Pasear por sus murallas al atardecer, cuando el último barco del día ya ha partido hacia la península, es una de las experiencias más hermosas y relajantes que se pueden vivir en el Mediterráneo.

Si decides quedarte a dormir en alguno de sus pequeños hoteles rurales o casas de pescadores rehabilitadas, tendrás la oportunidad de vivir la noche de Tabarca. Un momento mágico donde el cielo se cubre de estrellas gracias a la casi nula contaminación lumínica de la isla, acompañado solo por el murmullo del viento y del agua.

No es extraño, pues, que alguien que vive en el ruido constante de los platós de televisión haya escogido este pequeño trozo de tierra alicantina para recargar las pilas. Una escapada cercana, asequible y que demuestra que a veces no hace falta viajar al Caribe para encontrar un auténtico paraíso de postal. ¿Te animas a descubrirlo antes de que se llene de gente?

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