Casi más mossos que manifestantes para el desalojo de una madre y su hijo de 3 años en Ciutat Vella. Una operación que ha terminado con todos los accesos a una pequeña calle cortados y el grupo de miembros del Sindicato de Inquilinas que protestaban literalmente expulsados, aunque no se había producido ningún tipo de incidente. De hecho, los mismos representantes del Sindicato habían indicado a los manifestantes que se alejaran de la casa a petición expresa de la afectada, Montse. «Hoy no resistiremos en la puerta, aunque estamos dispuestos, porque la familia nos ha pedido expresamente que evitemos cualquier riesgo de disturbios, ya que su hijo está en la guardería que hay enfrente y no quieren que vea tensión», anunció una portavoz a sus compañeros. Pero el despliegue policial ya estaba hecho y los mandos encargados decidieron hacer notar la presencia de los antidisturbios.
Los escasos manifestantes –una cuarentena, tantos como los agentes de los ocho furgones que ocupaban la zona– habían comenzado a apartarse del punto donde estaban agrupados la mayoría de antidisturbios. Precisamente por la presencia de los agentes, en ningún momento los miembros y simpatizantes del Sindicato de Inquilinas habían podido acercarse del todo a la puerta de la casa donde vivían los desalojados. Pero la policía de la Generalitat no tuvo suficiente y decidió que la calle de l’Om debía quedar totalmente limpia de manifestantes. Un mando hizo una señal y los agentes formaron un cordón y empezaron a avanzar calle abajo para hacerlos retroceder hasta el final.
«¿Qué hacéis, flipados»: los manifestantes, estupefactos por la sobreactuación policial
La calle de l’Om tiene solo dos travesías: comienza en la calle Nou de la Rambla –justo frente a la entrada de la comisaría de los Mossos de Ciutat Vella–, cruza la calle Sant Bertran y termina en la calle Arc del Teatre. Los tres accesos posibles quedaron bloqueados por furgones de los Mossos. Y los manifestantes tuvieron que retroceder hasta Arc del Teatre y quedarse detrás de la cinta policial que acordonaba aquel extremo de la vía. Antes, la policía les había advertido por megafonía que debían marcharse: es el paso previo habitual para sacar de un punto determinado a manifestantes, peatones, periodistas y curiosos.
Mientras los antidisturbios tomaban la calle, los manifestantes gritaban consignas críticas con la policía catalana: «No sois funcionarios, sois mercenarios», «¿Qué hace la policía, desaloja cada día», y «Vergüenza, vergüenza» fueron las que se repitieron más. Sin ninguna resistencia porque así lo había pedido la madre desalojada, los manifestantes más bien mostraban su asombro por la sobreactuación policial. «¿Qué hacéis, flipados?», les preguntaba con una sonrisa irónica una de las manifestantes. «Atrás, atrás», repetía, como única cosa que tenía que decir, el mando que pilotaba la operación.
¿Un edificio de titularidad municipal?
El piso de donde se ha desalojado madre e hijo esta mañana –una operación en la que, según fuentes de los Mossos, «todos se han ido voluntariamente» y no se ha levantado ninguna denuncia– es de titularidad municipal, según se afirma en un post en Instagram de la entidad Raval Antifeixista, que ha criticado que un gobierno municipal del PSC haga este tipo de desalojos, «igual que los Comuns lo hicieron cuando gobernaban y la CUP lo hace en Girona». Sin embargo, a pesar de varias llamadas y la obtención como respuesta del compromiso de dar su versión de los hechos, los portavoces municipales no han aclarado nada seis horas después del primer contacto.


