Barcelona tiene metro desde 1924. En concreto, la primera línea –Gran Metro– se presentó en sociedad el 30 de diciembre de ese año con un viaje inaugural al que asistieron muchas de las autoridades políticas de la época y también el cardenal Francesc Vidal i Barraquer, que bendijo estos inicios de la red del subsuelo de la capital catalana dejando unas imágenes para la posteridad. Los primeros trenes que realizaron el recorrido de cuatro estaciones entre la plaza de Catalunya y la de Lesseps eran los de la serie 300. Estos convoyes construidos por la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques, S.A fueron objeto con los años de diversas modificaciones y mejoras, pero estuvieron circulando por la red hasta 1988, ininterrumpidamente durante más de seis décadas.

Con motivo de la conmemoración del centenario del metro, Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) ha restaurado uno de los ejemplares que circularon por esta línea pionera junto con otros cuatro trenes históricos de las series 400, 1100, 100 y 3000. Gracias a esta iniciativa, se han recuperado de rebote reproducciones de los anuncios que adornaban estos convoyes y también una serie de letreros que indicaban las normas que los pasajeros debían seguir dentro del vehículo y mientras circularan por la red. Una de las directrices que ahora nos parecen más impensables, pero entonces no lo eran tanto, es la prohibición de fumar en el interior de los metros.

También puede sorprender el cartel que indica que los usuarios no pueden «subir o bajar en marcha«. Antes las puertas no eran automáticas como ahora, de modo que se podían abrir y un pasajero podía llegar a saltar del vagón al andén o viceversa mientras el convoy estaba arrancando o incluso circulando a toda velocidad.

No obstante, quizás la norma más surrealista que encontraban en aquellos primeros metros es la que indicaba a los pasajeros que está «terminantemente prohibido escupir«. Se trata de un gesto que antaño era mucho más común y que durante mucho tiempo no se percibía como algo de mal gusto. Ya entonces, sin embargo, se veía que se trataba de una práctica poco higiénica y se intentaba erradicar en el transporte público con este tipo de carteles.

Un inicio del 2026 clave para el patrimonio del transporte
Es importante recordar que este enero es un mes clave para esta parte del patrimonio barcelonés. Tal como figuraba en la licitación de las obras de restauración de los trenes históricos, una vez concluida la exposición donde se mostraban, el coche de la serie 300 ha regresado a las cocheras del Triangle de TMB donde estaban guardados hasta ahora a la espera de un último traslado a su ubicación definitiva. En ningún momento se detalla en este pliego un calendario o cuánto puede alargarse este impasse, pero parece claro que no será cuestión de unas semanas o meses. En paralelo, el proyecto del Museo del Transporte vuelve a primera línea con su esperado debate en el Pleno del Ayuntamiento, que tendrá lugar en la sesión ordinaria que se celebrará el 30 de enero.
Como promotores de la iniciativa, la Asociación Coordinadora Pro Museo del Transporte de Barcelona propondrá al plenario ubicar el equipamiento en el antiguo Palacio de Comunicaciones y Transportes, un recinto de cerca de 16.000 m² y propiedad municipal que acoge actualmente el palacio número 1 de la Fira de Barcelona. Lo harán aprovechando que este 2025 terminaba la concesión del Ayuntamiento otorgada a la organización ferial para su uso.


