Ciutat Meridiana es una cicatriz cosida a base de luchas vecinales. Este barrio de la periferia barcelonesa arañado sobre la sierra de Collserola se creó alrededor de los años sesenta de manera artificial con la construcción de enormes bloques de pisos bajo el mandato del alcalde Josep Maria Porcioles. La promoción inmobiliaria que atrajo la atención de muchos vecinos de los antiguos núcleos de barracas de Torre Baró y Vallbona se acabó convirtiendo en una arma de doble filo: los edificios revelaron problemas estructurales a causa de filtraciones provocadas por la humedad de los terrenos y los equipamientos y servicios prometidos se quedaron en papel mojado.
Todo esto llevó al vecindario a las calles, protagonizando numerosas protestas y concentraciones que poco a poco fueron dando sus frutos. Entre las numerosas disfunciones del barrio, sin embargo, las piscinas a los pies del acueducto del Baix Vallès fueron un oasis. Estas instalaciones pasaron a la posteridad como la

Una tormenta perfecta sin oposición
«Nadie se dio cuenta entonces de la gran pérdida que suponía. Para nosotros fue muy importante, era un espacio de alivio y descanso. Esto no se tuvo en cuenta y se dejó que el agua se fuera pudriendo hasta convertirse en un criadero de mosquitos«, recuerda con cierto punto de nostalgia Filiberto Bravo, presidente de la Asociación de Vecinos de Ciutat Meridiana. Como tantos otros jóvenes de la época al barrio, Bravo fue usuario de las piscinas durante los setenta y prácticamente hasta su clausura. A pesar de que entonces ya formaba parte de la entidad vecinal, la difícil situación de la agrupación a finales del siglo XX —estaba inmersa en el proceso de traslado de sede y tenía varios frentes abiertos con la administración municipal— no permitió a los vecinos hacer una oposición efectiva para evitar el cierre de las instalaciones.
Una de las personas que vivió de primera mano la decadencia tanto de las piscinas como del campo de fútbol fue José Alegre. Este miembro de la asociación vecinal estuvo durante muchos años ligado al club deportivo y considera que su desmantelamiento fue fruto de un cúmulo de circunstancias. «El Ayuntamiento entonces quería desprenderse de instalaciones porque le salían muy caras y nos propuso que asumiéramos desde la entidad toda la gestión. Dijimos que no porque solo para poder pagar la luz y el agua necesitabas tener al menos un equipo en segunda división, así que nos pidieron dejar las piscinas a cambio de facilitarnos la conexión en transporte público con las de Can Baró«, explica.

Aun así, las facilidades prometidas para poder acceder a las otras grandes piscinas de la zona nunca llegaron y con el tiempo también se acabó abandonando la pista contigua a la zona de baño que utilizaban equipos de fútbol sala, baloncesto y balonmano. «Consiguieron desmantelar toda la infraestructura que había funcionado durante décadas. Entre todos los deportes, quizás se quedaron sin espacio casi 400 niños«, lamenta Alegre, que también vivió de bien cerca el exilio al cual se vio forzado el club cuando cerraron temporalmente el campo grande de fútbol para convertirlo en un aparcamiento.
Decadencia de un barrio que escapa de la agenda
El espacio concreto de las piscinas del acueducto lo ocuparon entonces durante un tiempo las pistas de petanca de una agrupación privada local, que finalmente también fueron trasladadas transformando el lugar en un descampado que se utilizaba como parking para los coches de los vecinos de la zona. Después de muchos años de dejadez, el consistorio encabezado por Ada Colau apostó en 2021 por convertir los terrenos en un gran parque verde con toboganes, columpios y una pista de baloncesto, enterrando de este modo definitivamente las esperanzas de una posible recuperación de las recordadas instalaciones originales.
«El barrio no respondió cuando lo tendría que haber hecho. Las principales entidades se encontraban en un momento de debilidad y esto restó importancia a la desaparición de todo. Ahora tenemos el problema que la gente se ha acomodado y está desmotivada. Ya no tenemos la fuerza de antaño», señala Alegre. En la misma línea se pronuncia Bravo, que ve en el cierre de la piscina un ejemplo más de la desmembración que sufrió Ciutat Meridiana a finales del siglo pasado y principios del actual. «El barrio fue decayendo despacio: se perdieron equipamientos como el cine, se dejó morir al mercado, desaparecieron equipos de fútbol… Esto afectó el día a día de la zona y nos hizo mucho daño«, remarca el presidente de la asociación vecinal, que cree que lugares periféricos como este no representan ahora mismo un volumen de votos suficiente como para colarse en las agendas políticas de los partidos.

El primer equipo de waterpolo de Nou Barris
Más allá del factor nostálgico y de la importancia estratégica que tenían en el barrio, las piscinas del acueducto también fueron el escenario donde se desarrolló un club pionero. El primer equipo de waterpolo del distrito de Nou Barris utilizó estas instalaciones desde el 1986 hasta el 1992 para hacer los entrenamientos de verano antes del inicio de la temporada regular. Se trataba de un conjunto que competía en categoría juvenil y que se formó inicialmente con una quincena de niños de entre 13 y 14 años de barrios como Roquetes, la Guineueta o la Prosperitat.
El periodista y director de Ràdio Estel, Toni Hervás, fue uno de los miembros de este equipo que entrenó en la playa de Ciutat Meridiana. «La piscina de la calle de la Artesanía donde competíamos no tenía suficiente profundidad y cada año a partir de la verbena de Sant Joan íbamos a las del acueducto para practicar la resistencia», rememora Hervás, que todavía recuerda el gentío que llenaba las instalaciones en verano y la vida que daba la zona de baño al barrio. A pesar de que el conjunto acabó desapareciendo en los noventa, el equipo estuvo durante cerca de cinco años compitiendo al más alto nivel, enfrentándose a entidades del calibre del Club Natación Atlético-Barceloneta, el Club Natación Barcelona o Club Deportivo Mediterráneo. «Solo había una liga juvenil de división de honor, así que nos tocó jugar contra los mejores. Algunos de los rivales incluso estuvieron en la final de los Juegos Olímpicos de Barcelona del 1992«, asegura el periodista.

