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El soterramiento eléctrico en Torre Baró, una lucha intergeneracional

“Hace cincuenta años que vivo aquí, desde que nací, luchando desde el primer día”. Loli Romero, vecina de la avenida Escolapi Càncer de Torre Baró, celebró emocionada el inicio del soterramiento del cableado eléctrico, una demanda histórica que comenzará por dos calles. La primera que se reformará, casi un kilómetro en zigzag que atraviesa el barrio, es también la calle de su casa. Pero la finca de Loli pertenece a una de las cinco casitas que, a pesar de formar parte técnicamente de Escolapi Càncer, quedan en los limbos, desviadas en un semi cul-de-sac entre esta avenida kilométrica y unas escaleras que suben a la iglesia. El Ayuntamiento, que comenzará con una inversión de 4 millones, no la ha incluido en el proyecto, según el vecindario, pero el ejecutivo argumenta que se acabará haciendo. Más adelante, seguramente.

Los vecinos de estas cinco fincas han aprendido a convivir con la oscuridad. Los robos de cable son una constante y el Ayuntamiento instauró una prueba piloto con farolas fotovoltaicas. “Que no funcionan”, advierte la vecina. El ejecutivo les dice que es por el arbolado, explica Romero, pero ella tiene claro que es por la fisonomía de la calle, demasiado estrecha y sin espacio para la luz natural. Discrepancias técnicas aparte, seis de las siete farolas de la calle van a trompicones y la séptima está desconectada. Su experiencia demuestra la importancia del soterramiento del cableado. “Nos hemos acostumbrado a pasear con linterna por la calle o a dar la vuelta al barrio para acceder a casa por otras zonas que sí tienen luz. Y nos acostumbramos al coche, al final; si tienes opciones de cogerlo acaba siendo lo mejor, porque puedes aparcar en la puerta”, detalla.

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El Tot Barcelona visita el barrio al día siguiente de un anuncio más que esperado | Jordi Play

La presidenta de la Asociación de Vecinos de Torre Baró, Valeria Ortiz, tampoco entiende por qué el tramo de Loli queda fuera del primer proyecto. Una cuestión técnica que el Ayuntamiento no ha concretado, tampoco a preguntas de este diario. En todo caso, desde el ejecutivo insisten en que el proyecto global incluye el soterramiento de todo el barrio. Los primeros 4 millones van a la avenida de Escolapi Càncer y a la calle de Llerona, pero Collboni ha anunciado 10 millones más para futuros calles y tramos ausentes en esta primera fase. “Como todo en la vida, si empezamos no pararemos. Empezar por las zonas técnicamente más viables es la manera de garantizar que esto ya no se detenga”, remarcaba en rueda de prensa. Fuentes municipales consultadas por este diario insisten en que el soterramiento no se detendrá “hasta poder quitar todos los postes”, pero admiten que los siguientes proyectos no se ejecutarán en este mandato. Ortiz, en una mezcla de felicidad y precaución, sentencia: “Espero estar viva para verlo todo acabado”.

Acostumbrados a vivir sin luz

El vecindario de Torre Baró, que los últimos dos años ha estado a la sombra de la famosa película del 47, ha demostrado ser combativo. Más allá de nostalgias históricas, en pocos meses han cortado la Meridiana para pedir más médicos y han logrado que vuelva el autobús regular de línea a la zona del barrio. Tienen la sensación, como dice Loli, de que viven en un barrio “lleno de parches” y quieren vigilar cada detalle del soterramiento. «Ahora nos hacen caso porque nos hemos vuelto mediáticos», dice Loli. Pero la incertidumbre técnica que esconde una obra de esta magnitud, que se financiará con dinero del famoso y polivalente Pla Endreça, no oculta la felicidad que se respira al día siguiente del anuncio en Torre Baró.

Entre la señora Ana y Jan hay cinco décadas de diferencia. Ambos se han cruzado en la calle de Sant Feliu de Codines, cuya reforma –independiente al soterramiento– parece más cerca con el Pla de Barris. Ella regentaba con su familia el bar Descanso, el último bar que desapareció en el barrio. Ahora ya no hay ninguno, tampoco comercio alguno. Él es más nuevo en la zona. Ambos celebran una “muy buena noticia” para el barrio. “Sobre todo porque mira cómo está de feo todo», nos dice Ana después de tirar la basura bajo un poste de luz. «Los cables colgando. Allí abajo también está así, ¿crees?”, pregunta, más preocupada por la estética y los cortes que por los robos. “Claro que los hay, pero como en todas partes, imagino”. Jan no sabía que el alcalde los visitó el jueves, pero celebra que ya no le caerá la luz. “Yo me entero por la vitrocerámica, que le salta el protector de niños. Eso indica que se ha ido la luz de casa. Puede haber todo un mes que no falla, pero después puede irse tres veces en un día”, explica el vecino. 

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El proyecto supondrá una inversión total de 14 millones para el barrio y se acabará en el próximo mandato | Jordi Play

Dos zonas, dos problemas diferentes

Desde la asociación de vecinos concretan que los problemas cambian según la zona. Los de arriba, los más cercanos al castillo, suelen tener luz en la calle, pero se les va en casa a menudo. La zona central, epicentro social del barrio, suele tener luz en las casas, pero se les va en la calle cuando llueve. Solo la zona sur, con un urbanismo más moderno, parece que se salva ligeramente de los problemas. “En la zona norte tienen un problema de sobrecargas eléctricas; no sabemos si hay alguien enganchado, que no creo, o si el transformador –que se puso hace cinco años– es demasiado pequeño. El problema es que hablar con la compañía es muy complicado, las compañías son Dios. Presionamos al Ayuntamiento para que se cambiara el transformador y se cambió, pero si ahora falla, ¿qué haces?”, pregunta Ortiz con un punto de resignación. 

El segundo problema son los robos, sobre todo en la zona central del barrio. Los hay de forma recurrente. Los vecinos explican que hay cableado que no ha durado ni una hora y que han atrapado más de una vez a los infractores. Pero cuando los Mossos llegan a Torre Baró, los ladrones ya se han ido. Y el tercer problema es la estética, muy vinculada a una reforma urbanística muy necesaria en el barrio. “Son calles que no tienen casi acera y, cuando la hay, encuentras postes de luz en medio. Y pasa lo mismo con las plazas de aparcamiento, hay pocas y los postes ocupan algunas de las zonas. Cuando los podamos retirar ganaremos espacio”, comenta Ortiz. 

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Los vecinos confían en que ningún partido político dé marcha atrás | Jordi Play

Las obras en la avenida de Escolapi Càncer y la calle de Llerona se harán en ocho fases diferentes y durarán aproximadamente un año. Collboni les ha confirmado que en las próximas semanas se pondrán en marcha los proyectos de obra del resto de calles, que llegarán ya pasado las elecciones. “No creo que ningún partido político se atreva a tocar el proyecto”, apunta Ortiz, que antes de liderar la asociación de vecinos, en el año 2016, envió al consistorio su primera incidencia por un corte de luz. Han pasado doce años. “Más todos los que ya llevábamos con el problema encima”, concluye.

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