El Roure es un referente histórico de la gastronomía de la Vila de Gràcia. En su perfil de Instagram mencionan que es el bar «más antiguo y emblemático» del barrio y citan como fecha de apertura el 1889. Es decir, hace 137 años en este emplazamiento ya se dedicaban a la misma actividad que ahora. De momento, un informe histórico elaborado por la propiedad de El Roure ha permitido documentar que en la calle de Luis Antúnez, 7, había un café-bar el último trimestre de 1936. De esto hace 90 años. El Roure se viralizó el año pasado por hacer bocadillos con nombres de jugadores del Barça. Xavier de Balaguer, portavoz del grupo empresarial propietario de El Roure (Aramersa), dice que se está haciendo una búsqueda de documentación con el distrito de Gràcia para poder acreditar la actividad desde finales del siglo XIX.
El primer documento del informe histórico, al que ha tenido acceso el TOT Barcelona, es del 6 de noviembre de 1943. En aquella época, el titular era Ramón Gassió Cunillera, pero los recibos de la contribución industrial prueban que el local ya funcionaba a finales de 1936. El propietario era José Borràs Rovira. En este documento de 1943, Gassió solicita al Ayuntamiento que le sea concedido el traspaso para continuar con lo que hacía Borràs. Aquellos años, el nombre del negocio era El Roble, pero popularmente todo el mundo lo conocía como El Roure. En la fachada del establecimiento continúa el nombre original y no está previsto cambiarlo.

El Roure siempre ha servido comidas y bebidas
Unos años más tarde, en 1948, Gassió solicitó una ampliación de la licencia que tenía. Quería que además de funcionar como un café-bar fuera también una casa de comidas. «Hostería y bebida», dice el documento. La licencia le fue concedida un año después, el 29 de abril de 1949. Más adelante, en 1961, el propietario del establecimiento legalizó la instalación de dos motores y una cámara frigorífica. El último informe que se aporta es la transmisión de la licencia de actividades del anterior titular, Antonio Corvillo Expósito, a la empresa Aramersa, la propietaria actual. Este traspaso de licencia se efectuó el 23 de enero de 2013. La conclusión del estudio es que El Roure se ha dedicado siempre a la restauración, sin cambiar la actividad, con servicio de comidas y bebidas.
El informe histórico se ha elaborado ante la delicada situación que atraviesan los bares y restaurantes emblemáticos para adecuarse a la normativa actual. Esta misma semana, el Ayuntamiento dictó una orden de precinto contra la Bodegueta de Cal Pep en Sants. Finalmente, el local se salvó del cierre, pero se ha quedado sin cocina. La propietaria Verónica Puig, junto con Gustavo González, dijo al TOT Barcelona que en los últimos tres años le han hecho siete u ocho inspecciones y ha pagado multas por valor de 4.000 euros.

El grupo municipal de ERC lleva tiempo pidiendo “elaborar una nueva normativa o modificar la existente para adecuar el marco legal de las licencias de actividad” de los establecimientos emblemáticos o singulares, dijo el concejal republicano Jordi Coronas en la comisión de Economía y Hacienda y Economía. Según ERC, el caso de la Bodegueta de Cal Pep no es un caso único y a otros locales históricos se les ha abierto expedientes, les han puesto multas o tienen advertencias de cese de la actividad. En 2025, en la misma comisión de Economía, el Ayuntamiento acordó que se permitiera adecuar las licencias de actividad económica de los locales emblemáticos o singulares, ya que “forman parte del patrimonio tangible e intangible de la ciudad con el objetivo de mantener su esencia y garantizar su continuidad y el relevo generacional”. Pero, de momento, la propuesta no se ha llevado adelante.
Falta cobertura jurídica
De Balaguer dice que a los locales con décadas de vida o centenarios les «falta cobertura jurídica». Muchos de estos locales están protegidos en el ámbito arquitectónico -gran parte del mobiliario de El Roure es de una reforma de los años 40-, pero no se preserva lo intangible, el ambiente o la actividad. A juicio del portavoz, se debería apostar por proteger estos negocios que forman parte del paisaje de la ciudad y que, como en el caso de El Roure, ofrece platillos de cocina de proximidad y de mercado. «Se debe posibilitar que la actividad tenga futuro con seguridad jurídica».
El grupo empresarial propietario de El Roure gestiona otros locales con historia o tradición de Barcelona. Es el caso, por ejemplo, de los restaurantes Casa Bella y Guixot, ambos en Ciutat Vella, y La Pubilla del Taulat, un establecimiento en el que «no había relevo generacional» y que se fundó en el año 1886.

