El Día Mundial del Agua 2026 nos interpela con un lema claro y transformador: “Donde fluye el agua, crece la igualdad”. Este llamado pone el foco en el agua potable y el saneamiento como derechos humanos esenciales y como motores imprescindibles para avanzar hacia la igualdad de género. El objetivo es impulsar acciones que permitan a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alcanzar el ODS 6 —garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos— y el ODS 5 —lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas.
La crisis mundial del agua nos afecta a todos, pero no de la misma manera. Allí donde el acceso al agua potable y al saneamiento no está garantizado, las desigualdades se hacen más profundas. Son las mujeres y las niñas quienes sufren con mayor intensidad las consecuencias de esta falta de acceso: dedican horas a la recolección de agua, ven limitadas sus oportunidades educativas y laborales, y enfrentan riesgos para la salud y la seguridad.
Los datos son elocuentes. Más de 1.000 millones de mujeres —el 27,1 % de la población femenina mundial— no disponen de servicios de agua potable gestionados de manera segura. De estas, 205 millones consumen agua procedente de fuentes no mejoradas o de aguas superficiales. Además, 380 millones de mujeres y niñas viven en contextos de estrés hídrico alto o crítico, una cifra que podría crecer hasta los 674 millones en el año 2050. Ante este escenario, es imprescindible adoptar un enfoque transformador y basado en los derechos humanos que sitúe a las mujeres en el centro de las soluciones. Cuando ellas participan en igualdad de condiciones en la toma de decisiones sobre el agua, los servicios son más inclusivos, sostenibles y eficientes.
Garantizar la resiliencia hídrica en el territorio metropolitano
Esta visión global también nos compromete desde nuestro territorio. Aunque el otoño y el invierno han sido lluviosos y las reservas en las cuencas internas de Cataluña se sitúan alrededor del 90%, la sequía reciente nos ha recordado la vulnerabilidad de nuestro entorno mediterráneo. Por eso, Aigües de Barcelona, compañía del grupo Veolia, trabaja para anticiparse a los episodios de sequía futuros mediante un ambicioso plan de inversiones coordinado con la administración para reforzar la resiliencia del ciclo integral del agua.
En el polo Besòs, avanzamos para replicar el esquema de éxito de la regeneración del Llobregat. La ampliación de las instalaciones de la planta potabilizadora del Besòs, junto con la construcción de nuevos pozos, la captación de agua del Rec Comtal y el tratamiento del agua directamente del río Besòs, multiplicará la producción de agua potable gracias a técnicas avanzadas de tratamiento como la ultrafiltración y la ósmosis inversa. Esto permitirá alcanzar una capacidad de tratamiento de 1 m3/segundo. Actualmente, las obras se encuentran en la fase final y se prevé que la planta del Besòs alcance la capacidad máxima de tratamiento en el verano de 2026.
En el polo Llobregat, también están finalizando las obras de la planta potabilizadora Estrella, ubicada en Sant Feliu de Llobregat. Incluirá dos nuevas líneas de tratamientos pioneros en potabilización, la ósmosis inversa y el carbón activo, para el conjunto de los 5 pozos, con una capacidad de tratamiento de hasta 1.000 litros por segundo. Esta actuación permitirá aprovechar toda el agua disponible en estos momentos de escasez hídrica en la cuenca mediterránea. Además, está prevista una nueva línea de tratamiento con membranas de ultrafiltración y ósmosis inversa en la estación potabilizadora de Sant Joan Despí, así como el refuerzo de la regeneración de agua con la nueva estación regeneradora de Sant Feliu. El objetivo es claro: disponer de las infraestructuras necesarias para dejar de mirar al cielo y garantizar el agua de calidad en todo momento, incluso en contextos adversos.

Anticipar los efectos de las inundaciones
La resiliencia no se entiende solo desde la producción de agua potable. El saneamiento es una pieza clave para proteger la salud pública y el medio ambiente. Aigües de Barcelona trabaja de manera preventiva para mantener la red de colectores en perfecto estado, especialmente en puntos críticos como Castelldefels, el Morrot o Llevant, infraestructuras expuestas a episodios de inundaciones intensas.
Uno de los proyectos más relevantes es la renovación del colector del Morrot, situado bajo la montaña de Montjuïc y a la entrada del Puerto de Barcelona. Con más de cien años de historia, este colector —que aporta dos terceras partes del caudal a la ecofactoría del Baix Llobregat— es objeto de una intervención compleja que incluye sistemas de bypass para garantizar el flujo de agua residual mientras se rehabilita la estructura original, monitorizada con tecnología avanzada.
Además, el proyecto Ressona, financiado por el programa Perte de digitalización del ciclo urbano del agua, lleva a cabo una iniciativa para la sensorización de los sistemas de saneamiento. Esta acción permitirá cuantificar y caracterizar los desbordamientos producidos en los sistemas de saneamiento metropolitanos que llegan al dominio público hidráulico a consecuencia del desbordamiento durante los episodios de lluvia. Esta iniciativa de Aigües de Barcelona está subvencionada por el MITERD (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) y cofinanciada por el AMB (Área Metropolitana de Barcelona) en coordinación con la ACA (Agencia Catalana del Agua).
Paralelamente, en Badalona, y por encargo del AMB, se están redactando los proyectos constructivos de dos nuevos depósitos clave: el depósito antiinundación de Can Barriga, con una capacidad estimada de 60.000 m³ y una cámara para retener la primera escorrentía más contaminante, y el depósito anti-DSU de la riera Canyadó, con 13.200 m³. Estas infraestructuras permitirán minimizar inundaciones y vertidos al medio en episodios de lluvia intensa.
En definitiva, trabajar por la igualdad también significa garantizar que el agua llegue con calidad, seguridad y sostenibilidad a todas las personas, hoy y mañana. Cuando invertimos en infraestructuras resilientes, en innovación y en gobernanza inclusiva, hacemos del agua una palanca de salud, prosperidad y equidad. Porque donde fluye el agua, crece la igualdad.
