El metro de Barcelona es casi completamente accesible para personas con movilidad reducida. Hace aproximadamente un año, el Departamento de Territorio de la Generalitat pospuso una vez más el logro del objetivo de una red 100% adaptada, que estaba previsto alcanzarse antes del 2025, aplazándolo hasta el 2028. Entonces, el Gobierno precisaba que había un 95% de estaciones de metro accesibles para las personas con movilidad reducida de un total de 163 en toda la red.
Esto nos dejaba solo ocho paradas pendientes de adaptar. Se trataba de las de Ciutadella (L4), Clot (L1) y Verdaguer (L4), con trabajos que ya estaban en ejecución por valor de 21 millones de euros; en la Plaça de Sants (L5) con el proyecto aprobado; las de Verdaguer (L5) y Plaça de Sants (L1), con el proyecto entonces en redacción y una inversión prevista de 33 millones de euros; y la estación de Urquinaona (L1 y L4), donde el proyecto está encargado y se estima una inversión de 45 millones. Ahora que estamos más cerca de alcanzar el objetivo de la accesibilidad completa, una pregunta que muchos lectores pueden hacerse es cómo comenzó este proceso. En otras palabras, ¿cuáles fueron las primeras estaciones de la red que tuvieron ascensor?
Un honor compartido por dos estaciones
La respuesta a esta pregunta es doble. Según se explica en la página web que Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) ha impulsado con motivo del centenario de la red del subsuelo de la capital catalana, las estaciones pioneras fueron las de Lesseps y Urquinaona del Gran Metro. Estos aparatos subían desde los andenes hasta la calle y estaban cubiertos por un templete modernista de hierro y vidrio. Tenían capacidad para 30 personas y se desplazaban a un metro por segundo. El operador precisa que los templetes magníficos acabaron desapareciendo con los años, tras degradarse con el tiempo. En concreto, el de Lesseps fue demolido en 1961 y el de Urquinaona lo fue en 1972.


