Un cliente ha denunciado la situación catalanófoba que vivió por parte del personal del restaurante ecuatoriano El Naño en la calle Balmes, en pleno Eixample de Barcelona, pero, además del desprecio del camarero, también tuvo que enfrentar los reproches de una comensal por defender sus derechos lingüísticos. Y, posteriormente, de la encargada, que menospreció la lengua. La víctima ha relatado a RAC1.cat que los hechos ocurrieron este sábado cuando se dirigió en catalán para hacer el pedido y, a partir de ahí, fue humillado por hablar en catalán. La situación provocó que el cliente pidiera la hoja de reclamaciones para interponer una queja por el trato recibido.
Aunque el personal del restaurante lo entendió perfectamente, un camarero dijo en un tono burlón «habla en español» mientras hablaba con una compañera de trabajo. El comentario indignó al cliente que reaccionó airadamente y le espetó un «cabrón, ¿de qué vas?». Pero la situación fue a más. Primero, una comensal le reprochó al cliente el hecho de hablar en catalán. «No solo estoy hablando mi lengua, sino que he recibido un comentario xenófobo contra mi cultura», ha explicado.
Pero la situación no se quedó ahí, ya que, posteriormente, hizo acto de presencia la encargada del local que, lejos de disculparse, menospreció el catalán y felicitó a un amigo del cliente, un chico venezolano, por expresarse en castellano. Además, el cliente ha denunciado que el negocio no cumple la normativa lingüística de Consumo porque no dispone de la carta en lengua catalana y tiene todos los letreros en castellano. A raíz de esto y la situación de discriminación lingüística que vivió, el cliente exigió la hoja de reclamaciones.

Encuentro con el camarero en el baño
Después de pedir la hoja de reclamaciones para poner una queja, el cliente fue al baño y se encontró con el camarero. Según su relato de los hechos, le trasladó que era «respetable» buscar una vida mejor fuera de su país, pero le reclamó que «lo mínimo» que podía hacer era «respetar y ser tolerantes con la cultura que los acoge». Y añadió que si tenía algún problema con el catalán o la cultura catalana, podía ir a otros lugares como por ejemplo a Madrid, León o a su tierra. Este comentario no gustó al camarero, que acusó al cliente de tener una actitud xenófoba.
El cliente pudo llenar la hoja de reclamaciones, pero el restaurante puso trabas para añadir su versión de los hechos: «Quizás tardemos una hora», le dijeron mientras, según él, le continuaban haciendo burla sobre la lengua. «Cuando yo les decía que lo que hacían era un acto de catalanofobia, una de ellas se reía y decía que nunca había sentido esa fobia, que había sentido otras como a las arañas», lamenta.
