“Cuando uno tiene la responsabilidad de gobernar debe hacerlo hasta el último día de mandato”. El alcalde Jaume Collboni, más institucional, ha evitado hablar de futuras alianzas en el acto ‘El alcalde responde’, organizado por el Colegio de Periodistas. La oposición le busca rival cuando falta poco más de un año para los comicios y él responde “reactivando” grandes proyectos “que se habían detenido por diferentes motivos”. La transformación de la Sagrera y de Montjuïc, el crecimiento de la Marina, el nuevo Hospital Clínic en la avenida Diagonal o la finalización del Frente Litoral son ejemplos. El socialista, que el mandato pasado dejó el ejecutivo antes de tiempo para competir en las urnas contra Ada Colau, observa ahora desde Sant Jaume cómo el resto de grupos comienzan a tejer la estrategia de 2027.
El encuentro con periodistas colegiados poco o nada ha tenido que ver con su primera intervención, hace dos años, en el mismo auditorio del Disseny Hub Barcelona. A inicios del mandato, el alcalde aún confiaba en cerrar un acuerdo con ERC y Barcelona en Comú que le permitiera gobernar con comodidad. Dos años después, con el partido lila fuera de la ecuación y los republicanos pactando desde la distancia, Collboni no habla de pactos sino de proyecto; de su proyecto, en solitario. Del “no nos levantaremos de la mesa hasta lograr un acuerdo de presupuesto” de febrero de 2024 al “no me preocupa estar en minoría” de ahora han pasado solo dos años, la despedida de sus máximos rivales electorales –Xavier Trias, Ernest Maragall y Ada Colau– y un pacto de gobierno frustrado con ERC.

La segunda gran diferencia respecto a 2024 está en la oposición, que vive inmersa en una reestructuración de sus liderazgos pensando en 2027. ERC ha cambiado al candidato de los últimos años, Ernest Maragall, por Elisenda Alamany, consolidada como cara visible en el Ayuntamiento y número dos de Oriol Junqueres en Cataluña. Y Gerardo Pisarello toma el relevo de la referente del partido, Ada Colau. Solo Junts aún no sabe qué hacer. Mientras tanto, el PSC se toma con calma el nombramiento de Collboni, que encarará 2027 con las encuestas a favor y los socialistas gobernando a ambos lados de Sant Jaume. “He anunciado mi intención de presentarme, pero no será inmediato, porque estamos centrados en la gestión de la ciudad”, ha remarcado el propio Collboni durante el acto.
En un contexto político volátil como el de Barcelona, Collboni quiere marcar el rumbo como alcalde. Durante el encuentro con periodistas, el socialista no ha entrado en el juego de Barcelona en Comú del frente amplio. “Forma parte del debate electoral”, se ha limitado a decir. “No quiero entrar porque no me corresponde”, ha reiterado al ser repreguntado. Como candidato de BComú, Pisarello ha pedido construir una candidatura conjunta a la izquierda para frenar a la extrema derecha, pero será sin ERC –que se ha desvinculado– y con la incógnita de la CUP. En todo caso, una idea global que el propio Pisarello ha matizado en las redes sociales, dejando fuera al PSC. Collboni, con tono institucional, les ha dado a todos la bienvenida a la carrera electoral: “Celebro que todos los partidos hagan sus procesos y a mí me toca respetarlos. Cuando llegue el momento de los debates políticos, los haremos”.

El alcalde ha evitado hablar de “sufrimiento”, al ser cuestionado por su gobierno en minoría, y ha optado por reducir la falta de acuerdos económicos –los presupuestos, básicamente– a una “preocupación propia del trabajo de alcalde”. “Lo primero que quiero es reconocer la capacidad de acuerdo de los grupos de la oposición”, ha insistido, haciendo énfasis en la ordenanza de civismo, que ha recibido el visto bueno de Junts y ERC, o en los pactos de presupuestos que ha cerrado con los republicanos. “Aunque no sumábamos mayoría, estaba convencido de que era una buena práctica construir consensos y llegar a acuerdos”, ha dicho. “En número de concejales somos un gobierno pequeño –ha reconocido– pero hemos aprobado presupuestos –por vía cuestión de confianza–, planificación y ordenanzas”, ha defendido.
A la espera de saber qué acaba cocinándose en la oposición, el alcalde tampoco se ha casado con nadie de cara a 2027. Collboni no ha hablado explícitamente de “mayorías progresistas”, como sí lo hizo en 2024, tras conseguir el bastón de mando, y no ha descartado continuar gobernando –si repite– con pactos diversos. «El perímetro del acuerdo -ha dicho- incluye al 70% de la población”. La fórmula agrupa a Junts, ERC y BComú, que junto con el PSC sumaron el 73,15% de los votos en el año 2023.

Transformación de la Sagrera y refuerzo de la vivienda
Collboni ha aprovechado sus tres intervenciones en este formato desde que es alcalde para presentarse como el alcalde que recupera proyectos urbanísticos de alto voltaje. Al anuncio de la transformación de Montjuïc del año pasado, este año ha sumado las obras del “parque lineal” de la Sagrera. “Había una idea de que la ciudad estaba acabada, que no podía crecer urbanísticamente. Queremos reactivar proyectos que se habían detenido por diferentes motivos”, ha sentenciado. El socialista ha mostrado los esquemas proyectados alrededor de la nueva estación del AVE: 36 hectáreas de verde, unos 5,500 viviendas públicas y 480,000 metros cuadrados para actividades económicas.
La vivienda ha monopolizado prácticamente el turno de preguntas de los colegiados y ha despertado las críticas de un afectado por los desahucios de Vallcarca, que ha irrumpido en plena platea al grito de «nos habéis traicionado» y ha acabado rodeado por la seguridad privada del alcalde. «Hay una mediación del síndico en marcha», ha respondido el socialista.

Collboni ha confirmado que Barcelona también debe limitar las compras especulativas, siguiendo la línea de sus compañeros en la Generalitat, y ha defendido el tope del precio del alquiler. “Los datos dicen que hay mil alquileres más que antes de la regulación”, ha asegurado. Bajo la atenta mirada de la alcaldesa de Santa Adrià, Filo Cañete, y el de l’Hospitalet de Llobregat, David Quirós, presentes en platea, ha hablado de construir una “mirada metropolitana” para aliviar la crisis residencial y ha distinguido entre grandes propietarios y pequeños propietarios. “Se debe mantener un equilibrio entre la propiedad privada y la función social de la vivienda, pero no hablamos del propietario que ha heredado el piso de la abuela. A ellos también se les debe tener en cuenta”, ha matizado. «Pero a los fondos que se van, adiós».
