La ciudadanía se ha cansado de la política. El último barómetro municipal constata que un 43,2% de los barceloneses, cuatro de cada diez encuestados, aún no ha decidido qué partido votará cuando faltan 16 meses para las próximas elecciones municipales. Una cifra que, sumada al 12,5% que tiene clara la abstención, dibuja un escenario bastante escéptico con la política de Barcelona. En otras palabras, la mitad de los encuestados no ha generado simpatía con ningún grupo político durante este mandato. El número de indecisos incrementa respecto a los registros más elevados de los últimos años; duplica la cifra de la primera oleada del barómetro de 2024 (20,4%) y se dispara 14 puntos por encima del 28,9% de la segunda oleada de 2023. El dato de este invierno también supera con creces el de junio de 2022, a un año vista de las últimas elecciones, cuando un notable 35,8% no tenía claro el voto.
Expertos consultados por este diario creen que los comicios de 2027 mantendrán la tendencia que se inició en 2023, cuando la participación cayó 5,6 puntos en Barcelona. La disputa Trias – Colau mitigó la caída, más sostenida que en el resto del país; un 10% de los electores catalanes que votaron en 2019 se quedaron en casa en 2023. Sea como sea, las próximas elecciones podrían recuperar, también en Barcelona, la tendencia histórica de las municipales, en las que la participación suele ser mucho más baja que en las catalanas o las del Estado. “Nos habíamos acostumbrado a una movilización más alta de lo habitual porque había batalla electoral, y tampoco podemos negar lo evidente, hay un cierto desinterés por la política”, remarca el profesor de ciencia política Jesús Palomar. El consultor político Ferran Fer va más allá y ve “un interés aún más bajo de lo habitual” por las elecciones municipales.

Los expertos recuerdan que las casuísticas de las últimas elecciones –siempre por encima del 60%– han sido excepcionales. Las de 2019, que en Barcelona gana Ernest Maragall (ERC), coinciden con las primeras europeas después de la sentencia del Procés. “Son elecciones muy polarizadas en las que Puigdemont y Junqueras se pueden presentar en Europa, lo que marca esas semanas”, recuerda Fer. El interés por ir a votar “se incrementó” y la participación fue del 66,7%. Cuatro años antes, las primeras de Ada Colau, aparecen bajo el pretexto del 15-M y del despertar de la reivindicación nacionalista, con fuerzas políticas de izquierda y carácter municipalista reformadas. “Son movimientos, como el de Colau o la CUP, que tenían opciones sobre todo en los municipios y apuntan la importancia de los ayuntamientos para cambiar las cosas”, explica Fer. La participación fue del 60,59%. Sin embargo, esta no era la norma hasta entonces: la victoria de Trias de 2011 se consagra con un escaso 52,99% de participación y las de 2007 de Jordi Hereu solo con el 49,62%.
El poco interés histórico por la política municipal tiene una razón de ser, desde el punto de vista de la ciencia social y política. El sistema político del Estado otorga pocas competencias a los ayuntamientos. Palomar aprovecha para definir las administraciones locales «como una gestoría de la ciudad» y ve «más difícil interpelar el aspecto emocional del votante». «El epicentro de unas elecciones municipales muchas veces es la limpieza o la convivencia; son problemas que pueden surgir en una comunidad de vecinos, también. En Barcelona, el problema más grande ahora es la vivienda, pero el Ayuntamiento tiene poca capacidad de decisión en esta materia. Y la gente lo sabe. El sistema político es lo que desincentiva la participación en las municipales», concluye el experto.

Enfado generalizado y liderazgos desconocidos: problemas añadidos
El alto grado de indiferencia no solo se explica por un decrecimiento de la épica política. Ferran Fer denota un “enfado monumental de la sociedad” hacia la política y, citando al periodista Enric Juliana, que en 2017 instauró el concepto del “catalán enfadado”, remarca que “el ciudadano ahora está doblemente enfadado”. “El descontento es muy grande y los partidos de izquierdas no han conseguido revertirlo. Por tanto, mucha gente se está yendo a la abstención mientras se produce al mismo tiempo un auge de partidos de extrema derecha”, advierte. El profesor Jesús Palomar añade otro factor habitual de todo análisis político, los liderazgos. “No creo que la gente esté tan descontenta, pero no sabe qué opciones tiene para votar”, comenta el docente de la Universidad de Barcelona.
El alcalde Jaume Collboni parece el único candidato consagrado. Falta por ver cuál de las dos almas de Junts acaba imponiéndose, si el oficialista Josep Rius o el histórico Jordi Martí. Los Comuns cada vez se inclinan más por el exconcejal Gerardo Pisarello, que ha recibido públicamente el aval de Ada Colau, pero aún no hay nada estipulado y el activista Bop Pop no ha renunciado a plantarle cara. En ERC, argumenta Palomar, la crisis interna en Barcelona “no ayuda a sus activos a implicarse”, lo que “dificulta la elección del candidato”. Sin embargo, Elisenda Alamany, jefa de filas en el Ayuntamiento y secretaria general del partido, lo tiene de cara. El PP tampoco ha confirmado Daniel Sirera y aún no se sabe quién encabezará Alianza Catalana y VOX.

Palomar insiste en que el factor candidato es determinante para entender el 43,2% de indecisos. “En elecciones estatales o catalanas votas mucho al partido y quien encabeza la lista no siempre es determinante, pero en las municipales sí. Es una institución demasiado cercana –incluso en Barcelona– para a estas alturas no saber quién se presentará”, sentencia el experto, que argumenta la tesis con un ejemplo antiguo. “No es lo mismo una candidata como Elsa Artadi, que significaba renovación total, que un candidato como Xavier Trias, que ya sabemos qué hará si es alcalde, porque ya lo ha sido. La elección del nombre es importante”, insiste.
Ferran Fer añade la falta de carisma que atraviesa la institución. “Collboni es un alcalde que no genera simpatías ni antipatías, no provoca gran entusiasmo; en otras palabras, no es Maragall. Es un liderazgo tranquilo. Colau era todo lo contrario, o blanco o negro, o te gusta mucho o la criticas. ERC no tiene con Alamany un liderazgo que la gente reconozca en masa y Junts no sabe a quién presentará. Pisarello, si finalmente fuese la apuesta de los Comuns, tampoco es que tenga miles de personas detrás por el entusiasmo que genera”, remarca en la línea de su compañero.
Quién lidera la oposición, un posible elemento de movilización
Este hecho beneficia, muy probablemente, el único liderazgo consagrado, el del alcalde Jaume Collboni. Lo conoce el 83% de la población y aprueba –no es tan habitual– con un 5,17 raspado. Ferran Fer matiza que la “participación alta o baja no favorece a un partido u otro”, pero añade: “En este caso lo que tienes que hacer es movilizar a los tuyos. Si el PSC consigue que su votante clásico vote, probablemente ganará. Pero también tendremos que ver qué capacidad tendrá Junts, sin Trias, de volver a movilizar a su electorado. Históricamente, dejando de lado a Colau, son las dos grandes familias políticas que han competido por Barcelona”, concreta Fer. Es decir, que el candidato que genere más ilusión entre los suyos tendrá muchas opciones de imponerse. “En el libro El arte de la guerra, Sun Tzu explica que, antes de ir a la guerra, cualquier general debe mirar si hay gente detrás de él dispuesta a apoyarlo. Pues para ir a la batalla electoral también debes mirar si tu base electoral está movilizada o no”, sentencia el politólogo.
Con matices, Palomar cree que “mucha gente da por hecho que ganará y gobernará Collboni, sea con mayoría o sin ella”, lo cual reduce la incertidumbre de las elecciones. “Cuando hay poca, tampoco hay incentivos para manifestar tu voto”, concreta el académico. Sin embargo, 2027 podría plantearse desde una segunda perspectiva. A ojos del elector, no es lo mismo un pacto con los partidos habitualmente situados a la izquierda que una sociovergencia, la forma en que la izquierda de Collboni describe su acercamiento a Junts. “La batalla por liderar la oposición puede ser un elemento de movilización del voto, los partidos pueden condicionar la mayoría y los pactos de Collboni, y eso también puede ser un elemento decisivo para votar”, concreta Palomar.
