Las obras en la red ferroviaria catalana hacen que los usuarios del transporte público enlacen crisis de movilidad tras crisis de movilidad. Cuando el colapso provocado por el accidente en Gelida parecía alejarse -hasta el punto que Ayuntamiento y Generalitat ya consideran que las circunstancias que obligaron a tomar medidas excepcionales ya han terminado-, los catalanes que deben moverse entre Barcelona y las comarcas al sur de la capital chocan con las obras del túnel del Garraf; un obstáculo más entre todos los que contabilizan la línea R2 Sud y las diversas líneas de media distancia que transitan por este paso. Ante las frecuencias accidentadas, la Generalitat ha activado un servicio de autobús alternativo para aquellos ciudadanos que se dirijan a los núcleos urbanos más lejanos a la ciudad, como Sant Vicenç de Calders o Vilanova i la Geltrú. Sin embargo, aunque la versión del Gobierno es que las alternativas son «suficientes», este lunes se han podido ver colas kilométricas y desinformación entre los usuarios en la Gran Via, en las paradas de autobuses de las líneas que se dirigen hacia el Garraf. «No sé explicar con palabras lo mal que funciona Rodalies», ironiza Joel Martínez, estudiante y vecino de Vilanova, a los micrófonos de la Agencia Catalana de Noticias.
«Es un espectáculo para la gente que viene del sur», añade a la ACN Míriam Artigues, vecina también de Vilanova; quien asegura que la población del Garraf lleva tiempo esquivando el servicio de Rodalies y optando por desplazarse a la ciudad en autobús. No obstante, con el choque que suponen las obras en el túnel, han visto cómo el servicio se ha vuelto mucho más accidentado. «Se forman unas colas gigantescas que llegan hasta la Universidad», lamenta Martínez.

Cabe decir que el colapso de líneas de autobús como la e14, que se dirige a Sant Pere de Ribes, o la e15, que tiene su parada final en Vilanova, era previo a los últimos obstáculos en la red. «Antes había cola en horas concretas para volver de Barcelona al Garraf, pero cada vez hay más gente», critica el usuario. Se suma Artigas, que reclama «más líneas de buses y más frecuencias diarias», para normalizar el uso del servicio ante unas Rodalies que, incluso sin grandes obras, ofrecen pocas garantías a los viajeros. La mala salud de las conexiones públicas provoca, según han declarado ambos testimonios a la ACN, que cada vez más trabajadores y estudiantes vean imposible vivir fuera de Barcelona mientras trabajan o van a la universidad. «Cada vez hay más gente que se plantea alquilar una habitación en la ciudad por el pésimo transporte. Antes, eso no era necesario; pero ahora sí», espeta Artigas.
Obras hasta el verano
En el mejor de los casos, según las estimaciones del Gobierno, los contratiempos a la circulación de trenes en dirección sur durarán tres meses; aunque se contempla que las obras se extiendan hasta los cuatro. De esta manera, los usuarios de las comarcas del sur de la demarcación de Barcelona, así como aquellos que deban viajar a Tarragona o a Lleida en las líneas de media distancia, sufrirán una tensión extraordinaria hasta junio o julio, según el ritmo al que se implementen las mejoras. Cabe recordar que las actuaciones provocarán que los trenes circulen por solo una vía, lo que provocará que el tramo hasta el Garraf solo cuente con cuatro trenes por hora y sentido; mientras que la conexión con Sant Vicenç de Calders, donde termina la R2 Sud, se limitará a dos trenes por hora y sentido.
