Tot Barcelona | Notícies i Informació d'actualitat a Barcelona
Que la música siga sonando en la Librería del Palau

Gessamí Catafau se ha acostumbrado a ver espaldas desde el mostrador de su librería de viejo. No porque no sea llamativo el magnífico escaparate de madera presidido por cuatro paneles de postales, sino porque enfrente tiene la fachada principal del Palau de la Música. «Cuando llegué era muy diferente. La acera medía dos palmos y el Palau no se podía visitar como ahora, solo se organizaban visitas concertadas cuando había suficiente gente interesada», recuerda en una conversación con TOT Barcelona. Esta mujer de 65 años está al frente desde hace casi cuatro décadas de la Librería del Palau, uno de los pocos negocios de toda la vida que sobrevive en un epicentro de la gentrificación en la ciudad como este. Tenía 24 años cuando tomó el relevo a su padre, que solo llevaba unos meses alquilando este local ubicado en los bajos del número 6 de la calle Sant Pere Més Alt. Él se dedicaba a vender objetos y utensilios de todo tipo que iban desde aceiteras a trapos de cocina, pero ella decidió apostar por abrir una librería. «Yo no busqué el local, fueron un cúmulo de circunstancias personales y familiares que me llevaron aquí. Me gustaban los libros, pero no tenía ni idea del oficio», admite.

Una de las primeras cosas que hizo al tomar el negocio fue ir a los Encantes. Allí llenó una furgoneta de volúmenes de Aranzadi, una especie de enciclopedia del mundo jurídico y legislativo, para poder colocarlos en las estanterías y que no se vieran tan vacías. Los inicios fueron muy duros, pero Catafau tenía un presentimiento que la llevó a no tirar la toalla. «No era posible que el Palau de la Música estuviera tan infravalorado. Veía que tarde o temprano dejaría de estarlo y, por eso, me aferré a este local. Si hubiera estado en la calle de abajo, habría cerrado al cabo de un año», asegura. De hecho, la librera puede presumir de haber sido la primera que pudo vender postales de la obra de Lluís Domènech i Montaner fuera del recinto modernista. «Antes no se hacían postales para comercializar como ahora, las tenían dentro del Palau en unas vitrinas. Cuando pregunté, me dijeron que me dejaban comprarlas para venderlas en la librería siempre que las pusiera cinco pesetas más caras», rememora. En aquellos primeros años de aprendizaje de la profesión, jugó un papel clave Felip Maria de Dalmases, un bibliófilo que un día pasó por casualidad delante de la librería y, al ver el panorama, quiso ayudar a la joven responsable. «Fue mi maestro y una de las grandes suertes de mi vida», subraya.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

Esta formación ha convertido a Catafau en una rara avis en el sector de las librerías de viejo. En lugar de abastecerse en subastas y buscar aquellas piezas de mayor valor, ella siempre ha disfrutado más del trabajo de investigación y de rata de biblioteca, buscando en los archivos y las bibliotecas especializadas. «Para el coleccionista de verdad no son un buen lugar porque no me muevo. Pronto dejé de ir a los Encantes y vivo del material que guardo en los almacenes y de los ejemplares que me trae la gente», admite. Y añade: «No tengo ese espíritu de comerciante, de negociar y regatear. Si me ha funcionado el negocio todo este tiempo es porque soy perseverante». Interrumpe nuestra conversación una pareja que acaba de entrar en la librería. «¿Podemos pasar adentro?», preguntan señalando el pasillo que se abre al lado derecho del mostrador. Unos minutos después, salen de las entrañas del establecimiento sin ningún libro en las manos. «¿No habéis encontrado nada?», les pregunta Catafau. La pareja se despide y se marcha. «La mayoría de la gente se va sin comprar, pero la foto dentro sí que se la hacen… Muchos no se dan cuenta de que no estás aquí porque sí», lamenta la responsable.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

Un pasado como peluquería

El local de la Librería del Palau consta de dos espacios diferenciados. La estancia principal es la primera que encontramos al traspasar la entrada, tiene las estanterías rebosantes de libros y también hay ejemplares que se amontonan en cajas en el suelo. Hay tal cantidad de material que moverse de un lado a otro de la habitación no es fácil. El paso es estrecho y hay que ir sorteando obstáculos. Al lado derecho del mostrador, encontramos el mismo pasillo por donde ha desaparecido la pareja hace solo unos instantes. Este comunica con una misma estancia dividida en diferentes espacios más pequeños por estanterías. En uno de los rincones de este pasillo destacan dos cuadros colgados de la pared. Uno es una fotografía de la entrada del local antes del aterrizaje del padre de Catafau. La madera luce pintada de verde y también hay dos puertas de vidrio decoradas con forjados donde hoy día encontramos el escaparate. En el panel donde ahora se puede leer el nombre de la librería aparece una palabra en mayúsculas y con letra dorada: Peluquería.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

Durante buena parte del siglo XX, este establecimiento funcionó como peluquería para hombres y mujeres. «En la entrada estaban los sofás y la barbería, pero la joya de la corona era la parte reservada a las señoras, que entraban por otra puerta que da al portal del edificio», explica la actual responsable. Al lado de la fotografía, hay colgados dos recortes de prensa de la época donde se anuncia en castellano la Peluquería Puig con el reclamo de contar con la tecnología más innovadora para hacer ondulaciones permanentes en el cabello, un estilo que estaba muy de moda entre el público femenino entonces. De la vida pasada del local, solo se conserva la portada de madera -que está protegida patrimonialmente- y un armario ubicado entrando a mano izquierda que se utilizaba para guardar los utensilios de barbería y que Catafau restauró para aprovecharlo. Cuesta imaginar que hace medio siglo esto había sido otro negocio.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

Suerte y desgracia del turismo

Cuando esta librería de viejo abrió sus puertas en el año 1986, el barrio estaba lleno de mayoristas de telas y el tráfico de camiones que cargaban y descargaban material era constante. Cuatro décadas más tarde, no queda prácticamente nada de aquella época. «Poco a poco fue desapareciendo. Ya no hay ninguna tienda de las antiguas y, en nuestro edificio, tampoco ningún vecino de toda la vida. Que aún aguantemos es todo un milagro de Lourdes», afirma la responsable, que mantiene un contrato de alquiler con renta antigua. Catafau intentó actualizar el negocio para ampliar las ventas, con una página web y un catálogo en línea, pero la experiencia no salió bien. Actualmente, su único contacto con el mundo digital es a través de una amiga suya que le lleva las redes sociales, donde cada día se promociona un libro diferente. A pesar de este esfuerzo por llegar a un público más local, la mayoría de los clientes son turistas. «Tengo suerte de ellos y de que este tipo de comercios estén desapareciendo en todas partes. A la gente le hace gracia encontrarse un lugar así, donde todo es más humano, hay un cierto desorden y -aunque me dé rabia- un poco de polvo», dice.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

El efecto nostálgico, sin embargo, no deja grandes márgenes entre semana. En el tiempo que llevamos de conversación, que tiene lugar una tarde de miércoles laboral, Catafau ha vendido solo un libro y una postal. «Hay días que no vendo ni uno. Otros que hago veinte euros…», reconoce. Eso sí, estos días de sequía se compensan normalmente con los fines de semana. «Estoy en un lugar que es de turistas. Hay muchos domingos que trabajo y hago más que durante toda la semana», apunta. Ahora se las tiene que apañar sola, pero antes de la pandemia había llegado a tener tres personas contratadas por turnos. «Ya no me lo puedo permitir», lamenta. A pesar de las dificultades, la responsable no se plantea por ahora bajar la persiana. «Mientras esté bien de salud, seguiré adelante. Ahora ya es una cuestión de resistencia», indica. Catafau sabe que si cierra no habrá continuidad con el negocio, al menos por parte de su hija. «No le he tenido ni que proponerlo. Las sensibilidades no se heredan», comenta dibujando una sonrisa.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

A solo dos meses de celebrar oficialmente las cuatro décadas de trayectoria tras el mostrador, la librera reconoce que no habría sobrevivido tanto tiempo si no le gustara su trabajo y considera que esta es una de las claves del éxito. «Si hacéis algo, que os guste. Yo me imagino trabajar cada día en un horno o una carnicería…», reflexiona. También tiene muy claro que el papel de las administraciones debería ser más proactivo y que hay una falta crónica de apoyo que hace prácticamente imposible la supervivencia de los negocios de toda la vida. «Todos nos dicen que no cerremos, pero después de ayudas no llega nada de nada. Es muy fuerte la presión a la que estamos sometidos y la sensación es que no estamos valorados», concluye.

La Llibreria del Palau fa gairebé quatre dècades que resisteix davant del Palau de la Música / A.R.
La Llibreria del Palau lleva casi cuatro décadas resistiendo frente al Palau de la Música / A.R.

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa