Han sido seis años de trabajos, reuniones, idas y venidas a Estrasburgo y a Bruselas; de una lucha compartida por decenas de asociaciones comerciantes europeas que el pequeño comercio de Barcelona ha liderado desde el primer momento. Siempre dando pasos de hormiga, pensados y calculados, lograron que el Parlamento Europeo aprobara por unanimidad la creación de la Capitalidad Europea del Pequeño Comercio el pasado enero. Tres años después, Bruselas ha confirmado el gran premio: Barcelona será la primera capital europea del comercio de proximidad.
La capitalidad es un reconocimiento a la perseverancia y permitirá lucir un sector cada vez más castigado por la digitalización y la globalización. Barcelona tendrá todo un año para exportar su modelo de proximidad al resto del continente. “La idea de crearla ha sido de los comerciantes de Barcelona, y esta ha sido nuestra primera victoria”, ha resumido esta mañana el alcalde Jaume Collboni, horas antes de saber los resultados. El alcalde ha descrito el impulso de este proyecto comunitario como un acto de “militancia europea” de los comerciantes catalanes en un momento en que los autoritarismos amenazan con desmantelar la unión por dentro. “Somos merecedores de este reconocimiento”, sentenciaba el alcalde.
La resolución se ha hecho pública este miércoles por la tarde con un acto en el hotel Cardo de Bruselas, con la presencia de una delegación de la Fundación Barcelona Comerç y la quinta teniente de alcaldía y responsable municipal de comercio, Raquel Gil. “Gracias a nuestros comerciantes que por ellos hoy podemos estar aquí”, ha remarcado la regidora, en nombre de Barcelona, desde el atril. Barcelona se ha impuesto a Utrecht (Países Bajos) y Zaragoza (España) en la categoría de ciudades con más de 250.000 habitantes. Makarska (Croacia), Silandro (Italia), Silla (Países Valencianos) optaban a la categoría de ciudades pequeñas y Braga y Caldas da Rainha (Portugal) y Fuenlabrada (Madrid), a las ciudades medianas.

La Comisión Europea asumió el liderazgo del proyecto como propio después de que los europarlamentarios le dieran luz verde y le ha asignado un presupuesto de 3 millones de euros, a financiar a medias entre el Parlamento Europeo y la misma Comisión. Tanto el gobierno europeo como los comerciantes tienen en mente cómo serán las líneas maestras de una primera edición que actuará como prueba piloto y con voluntad de continuidad. Otras capitalidades, como la capitalidad europea del deporte y la arquitectura o la capital mundial del libro –esta última impulsada por la UNESCO–, son algunos ejemplos a seguir.
Exportar el modelo Barcelona
Por la mañana, Jaume Collboni ya preveía que la capitalidad ayudará a exportar el “modelo Barcelona”. Un modelo, argumenta el jefe del ejecutivo, que apuesta por la proximidad del comercio de barrio, en comparación con otras grandes urbes americanas o asiáticas. La Fundación Barcelona Comerç también entiende la capitalidad como una manera de exportar el modelo, de “hacer que el modelo social y el estilo de vida europeo se consoliden en todo el continente”. En Barcelona, el pequeño comercio representa el 13,2% del PIB de la ciudad y genera más de 152.000 puestos de trabajo, según los últimos balances hechos por el Ayuntamiento. Es el sector con más ocupación. El comercio al detalle aporta 4.223 millones de euros de valor añadido a Barcelona, mientras que el comercio al por mayor aporta 7.331 millones.

Los comerciantes asumen la capitalidad como un evento que atraviesa la frontera del simbolismo. En definitiva, lo que ha logrado Barcelona es liderar una especie de gran think tank comercial que debería ayudar a fortalecer el sector. Se trata de unir a los principales actores del sector en la ciudad para configurar entre todos una estrategia que mantenga vivas las pequeñas tiendas. Una oportunidad, por ejemplo, de trazar un plan digitalizador que el pequeño comercio pide a gritos. El presidente de Barcelona Comerç, Pròsper Puig, ha recordado en numerosas ocasiones que digitalizar no es ofrecer el producto en internet, sino tener un ordenador o herramientas para hacer una mejor contabilidad. “Hay tiendas que ni siquiera lo tienen”, argumenta. Y es un elemento clave para hacer rentables los comercios de barrio y alargar la vida de este modelo.
En este sentido, llegar a Europa es concienciar de que el modelo de proximidad es lo que distingue a este continente de otros y que, para preservarlo, se necesitan unos mínimos. Se debe conseguir que sea atractivo. Más allá de ayudar a la digitalización, el sector debe encontrar herramientas o fórmulas nuevas de sostenibilidad y ahorro energético y de innovación tecnológica; plantear mejoras en la gestión del espacio comercial urbano y de innovación urbanística; de empresa, comunidad y competitividad, de formación e inclusión social.
