Barcelona acelera la transformación de las antiguas naves marítimas Sant Bertran, cerca de la plaza de Drassanes, para convertir el Puerto de Barcelona en un «referente global» en Blue Tech, la tecnología en economía marina sostenible. El Puerto y el World Trade Center Barcelona, han iniciado, junto con la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona, la reforma de tres de las seis naves que configurarán el futuro equipamiento. En un acto solemne en la nave central del futuro equipamiento, la consejera de territorio, Sílvia Paneque; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; y Gustavo Santana, presidente de Puertos del Estado; colocaron la primera piedra -simbólica- del espacio, que costará unos 60 millones y estará disponible en 2028.
El nuevo centro sobre tecnología marina –que ocupará Tech Barcelona, asociación privada que impulsa el ecosistema digital y tecnológico de Barcelona– alcanzará 25.000 metros cuadrados y acogerá a 2.500 profesionales. El objetivo es que las sinergias del nuevo emplazamiento estén “garantizadas y probadas” en esta primera fase para expandir, en una segunda fase, el modelo de Tech Barcelona a las naves restantes.
Aprovechando la colocación de la primera piedra, Carles Anglada, director del World Trade Center, la empresa participada por el Puerto de Barcelona que gestiona el edificio, recordó que Tech Barcelona ya cuenta con 25 start-up y que “la intención es crecer más”. «No sé si será la champions de los canales de innovación, pero sí queremos ser una referencia», ha remarcado. El objetivo, ha insistido, es que del nuevo equipamiento surjan “empresas que generen talento”. La localización de las Naves Sant Bertran es, en este sentido, “estratégica para el crecimiento de Barcelona”, apuntan todas las partes, y atribuyen al Puerto un “rol principal” para impulsar la economía azul.

Esta primera intervención, que tiene prácticamente terminada la primera nave, levantará sobre el almacén central de los ‘tinglados’ una torre de ocho plantas que, arquitectónicamente, se ha intentado que sea “flexible”. Los impulsores del proyecto –diseñado por el despacho b720 Fermín Vázquez Arquitectos, también autores de la futura estación de la Sagrera– defienden que la innovación “cambia” a pasos agigantados y, por lo tanto, era necesario pensar en espacios que puedan transformarse en el futuro. “Porque no sabemos qué pasará de aquí a cinco años”, insisten. Más allá de acoger empresas, entidades y organismos relacionados con la economía azul, laboratorios y un auditorio, el complejo contará con un restaurante, una cafetería y varias terrazas.
Impulsar la “revolución azul”
La presencia de las principales instituciones del país denota la importancia del proyecto para el Puerto de Barcelona. La consejera de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, Sílvia Paneque, ha dibujado la economía marina sostenible como el ejemplo de crecimiento económico “respetuoso” con el resto del país. También como una resistencia al auge de los liderazgos extremistas que crecen en todo el mundo. La economía, ha remarcado Paneque, “ha funcionado cuando ha habido colaboración entre países”.
Más ambicioso aún se ha mostrado el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni. “Hacía muchos años que en este país y en esta ciudad habíamos perdido la costumbre de tener un sueño y verlo avanzar”, ha manifestado. Cargado de eslóganes, Collboni ha pedido insistir en la “revolución azul” para garantizar, entre otros objetivos, “el derecho [de los barceloneses] a quedarse a vivir en Barcelona”. Poco después de proyectarse dos vídeos en inglés, el alcalde ha enmarcado esta revolución en el intento de generar una economía “que garantice empleos de calidad” para que “la gente pueda vivir en Barcelona”.
Poco antes, el presidente del Puerto, José Alberto Carbonell, que ha agradecido la perseverancia en el proyecto de su antecesor, Lluís Salvadó, ha remarcado que el acto “simbólico” de este jueves “no solo es la primera piedra de un edificio, sino de un sistema innovador que tendrá en el Puerto un banco de pruebas privilegiado”.

