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La Selva o el “milagro” que la Font d’en Fargues se niega a perder

La Parra, la Caseta Blanca o la Jungla. Estos son solo algunos de los nombres que a lo largo de los años se han utilizado para referirse a un mismo espacio ubicado en el límite entre los barrios de la Font d’en Fargues y el Guinardó. Quizás la forma más reconocible para hablar de esta finca modernista de cerca de 13.000 metros cuadrados es su apodo actual: la Selva. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX, cuando el maestro de obras barcelonés y consejero municipal Joaquim Rivera compró a unos campesinos de la zona unos terrenos forestales y de viñedos con el dinero que había ganado edificando inmuebles en el Eixample. Su propiedad inicialmente se extendía por más de dos hectáreas, pero con los años se fueron haciendo escisiones hasta configurar el perímetro actual, delimitado por las calles del Arc de Sant Martí, de Camil Oliveres y del Alt de Pedrell. En uno de los extremos de la parcela, Rivera se hizo construir una casa de factura modernista, rodeada de jardines de estilo romántico con un estanque y senderos que salvaban serpenteando el desnivel.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

El constructor murió en 1919. La finca pasó entonces a manos de su hijo mayor y, con las sucesivas muertes de los hermanos en los años setenta, terminó en manos de la pequeña, Dolors Rivera. Es en este punto donde se complica la herencia. Gracias a una investigación de El Pou – Grup d’Estudis de la Vall d’Horta i la Muntanya Pelada, sabemos que la heredera aportó los terrenos como capital social de una constructora de la familia el 10 de diciembre de 1979. Diez días después, Rivera vendía los mismos terrenos a quien había sido su cuidadora y enfermera, Maria Freixas. La compraventa se habría formalizado en Calaf y el notario nunca llegó a ver el dinero aportado por la segunda. Sobre el papel, el espacio tenía entonces dos legítimos propietarios.

El caso acabó judicializándose y por el camino murió la última heredera de la estirpe en 1987. Sabemos que el litigio entre los familiares de la mujer y la cuidadora se alargó al menos hasta 2006, contribuyendo a la degradación de la finca y a su abandono. Esta situación fue aprovechada por un grupo de jóvenes que la ocupó a partir de 1999, rebautizándola como la Jungla. Durante cerca de dos décadas, el lugar se convirtió en un referente europeo dentro del mundo okupa. Se organizaban fiestas multitudinarias que contaban con la presencia de grupos musicales de renombre en el circuito alternativo.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Un incendio en los terrenos acabó con la trayectoria de la Jungla. Fue a finales de marzo de 2017 y tuvieron que acudir varias dotaciones de los Bomberos de Barcelona. Dos meses después, los juzgados autorizaban a los Mossos d’Esquadra el desalojo de la finca. El espacio quedaría cerrado y sin uso hasta 2022, cuando otro colectivo de jóvenes lo volvió a ocupar, adoptando el nombre de la Selva. Lejos de ser una fuente de problemas constante como habían sido los anteriores inquilinos, esta nueva vida de la casa permitió al vecindario descubrir que tras los muros que delimitan la parcela, había todo este tiempo un tesoro en forma de pulmón verde.

Uno de los primeros que pudo acceder fue Pablo Senino. Este padre de la Escuela Pit Roig -ubicada justo delante del espacio- aún recuerda la primera vez que asomó la cabeza por la puerta destrozada por los okupas. «Me parece que fue un chiquillo que entró jugando… Y nosotros fuimos detrás. Nadie había estado dentro hasta entonces», explica. El descubrimiento del terreno llevó a Senino a acercarse a una de las sesiones informativas que organiza la Asociación de Vecinos de la Font d’en Fargues para preguntar por el tema. Allí conoció a Fèlix González, la persona que desde la entidad lidera la reivindicación para preservar el verde de la finca. «Que esto se haya conservado así es realmente un milagro«, asegura, atribuyendo la situación de la parcela a la eternización de la disputa judicial entre herederos.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Un proyecto polémico que podría acabar en tribunales

El escenario de parálisis hace tiempo que dio un giro de 180 grados. Con el litigio por la propiedad resuelto a favor de los descendientes de Rivera y después de varios intentos fallidos, el Ayuntamiento de Barcelona aprobó el pasado octubre de manera definitiva el plan especial urbanístico que permite la construcción de una residencia de ancianos en los terrenos. La iniciativa salió adelante a pesar de la negativa de ERC y los Comuns, que se posicionaron al lado del vecindario para pedir la expropiación de la finca para convertirla en unos jardines públicos. El proyecto del geriátrico prevé construir 9.000 metros cuadrados repartidos en dos edificios de tres plantas cada uno, ocupando casi la mitad de la parcela y solo dejando abierto a la ciudadanía un espacio de 1.300 metros cuadrados del total de 13.000. La luz verde municipal a la residencia implica de facto la destrucción de los vestigios supervivientes de la casa modernista, el jardín romántico y la mayoría de los ejemplares de vegetación que han crecido libremente durante las últimas décadas. A cambio, la Font d’en Fargues gana lo que será su duodécimo geriátrico, uno de los cuales situado justo detrás de la Selva. «Nos parece bien que hagan más residencias porque las necesitamos, pero que no sean en este barrio», apunta González.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Agrupadas desde 2023 bajo la plataforma Salvem el Patrimoni, Salvem La Selva, las voces contrarias a la propuesta ya han confirmado que presentarán alegaciones contra el plan. No es la primera vez que lo harán. Desde que se comenzó a mover el proyecto del geriátrico, la entidad vecinal ha presentado una treintena de recursos, sin recibir nunca una respuesta por parte del consistorio. Estos precedentes poco alentadores hacen que la agrupación se plantee recurrir a los tribunales a través de un contencioso administrativo, siguiendo el camino abierto por otras plataformas ciudadanas como Defensem Can Raventós con los jardines y la masía homónimos de Sarrià. Todo ello responde a una sensación de menosprecio por parte de la corporación municipal, que nunca ha creído en la viabilidad de una permuta o expropiación. «Preservar este espacio como parque es una iniciativa que debería haber nacido del Ayuntamiento y no de los vecinos. Estamos luchando contra la administración por algo que clama al cielo», lamenta González. «Nos llegaron a decir que expropiar este terreno no respondía al interés general y que la propiedad pediría una fortuna…», añade Senino, que hace las funciones de secretario de la Asociación de Familias de la Escuela Pit Roig, integrada también en la plataforma. La realidad es que los propietarios sí que estaban abiertos a negociar una posible transacción que finalmente no se ha dado.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

De la Mare de Déu de ojos negros al dragón cerámico

El TOT Barcelona visita la Selva de la mano de González y Senino. Comenzamos la ruta en la explanada que se abre en el punto más alto de la finca, que es la que utilizan tanto los vecinos como las familias de las escuelas Pit Roig y Arc Iris, también contigua a la parcela. Aquí es donde los niños pueden jugar libremente y también se llevan a cabo toda clase de actividades, desde charlas a barbacoas o proyecciones de películas. Desde aquí se ve una de las once residencias que hay en el barrio. A medida que nos acercamos a la casa por los senderos encontramos algunos rincones donde el desnivel da un respiro y permite que sean aprovechados como huertos comunitarios. También encontramos un pozo y una zona que debía utilizarse en la época como merendero. Bajando unos metros llegamos al espacio abierto que comunica con el inmueble, que está bastante degradado. Este mismo enero cayó un árbol, haciendo trizas la glorieta modernista del mismo estilo que la guingueta de la Font d’en Fargues que aún resistía.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

En este punto de los terrenos encontramos uno de los vestigios del pasado convulso de la Jungla. Varias aberturas en la pared se adentran en la roca para dar paso a una estancia diáfana, pero oscura con pareos colgados del techo. Aquí es donde antiguamente se celebraban los conciertos y las sesiones de música electrónica y ahora aún de vez en cuando se hace alguna actuación puntual.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Esta galería tiene varios túneles con bóveda de ladrillos que se ramifican montaña adentro. Algunos llegan hasta los ochenta metros de longitud y ahora están llenos de escombros y desechos. Los vecinos piensan que podrían haber sido utilizados como refugio antiaéreo durante la Guerra Civil o bien como infraestructura de una antigua mina. En todo caso, nadie ha hecho un estudio en profundidad del espacio para saber su origen y si puede tener un cierto valor patrimonial.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

En la casa actualmente viven de forma precaria una quincena de jóvenes. Los inquilinos saben que tendrán que marcharse tanto si sigue adelante el proyecto de la residencia como si finalmente se expropia la finca para hacer un parque público similar al de los jardines del Doctor Pla y Armengol. Aunque en principio no tiene suficiente valor arquitectónico para ser protegida patrimonialmente, desde la plataforma consideran que el inmueble podría reutilizarse como un aula ambiental para dar a conocer la riqueza natural tanto de esta parcela como del vecino parque del Guinardó.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Flanqueando el edificio, encontramos restos del jardín romántico comidos por la vegetación, pero donde aún se aprecian varios estanques, surtidores de agua con forma de cara de león e incluso una serie de frisos de piedra que parecen representar la adoración a Jesús y las ofrendas de los Reyes Magos. En la parte inferior de la finca, se guarda uno de los tesoros de la Selva. En una especie de gruta también abierta en la roca, hay una bóveda hecha a partir de baldosas cerámicas con unos motivos florales particulares. Esta hace de antesala para una Virgen María también hecha de baldosas que sostiene en sus brazos al niño Jesús. Ambos tienen los ojos pintados de negro, otra reliquia bastante inquietante de la época de la Jungla.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

Terminamos el recorrido en una de las dos entradas principales del recinto. Está ubicada en la parte inferior de los terrenos, que están flanqueados por un muro de pera y ladrillos donde destaca otro friso, en este caso cerámico, que representa la figura de un dragón. No se trata de una imagen muy común y algunos entendidos apuntan que podría llevar la firma de la fábrica Pujol i Bausis, proveedora de arquitectos como Antoni Gaudí o Lluís Domènech i Montaner. Esta ha sido la iconografía elegida por el vecindario como símbolo para representar la Selva y es prácticamente el único elemento patrimonial que se salvaría con el proyecto actual.

La finca de la Selva, un pulmón verde del barrio de la Font d’en Fargues que se convertirá en geriátrico / Jordi Play

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