El primer mes del año terminaba el pasado domingo. Con él lo hacía el plazo que desde varios medios se había marcado para el inicio de la demolición del edificio superviviente de la antigua estación de mercancías de la Sagrera. A mediados de diciembre se tabicaban los accesos y ventanas de la planta baja de las instalaciones, que hasta entonces acogían las oficinas técnicas que Adif montó hace unos años para informar sobre la construcción de la nueva estación intermodal de la Sagrera y el planeamiento urbanístico que la acompaña. Todo hacía pensar que la demolición del recinto era inminente. La entrada del mes de febrero, sin embargo, no ha venido acompañada del ruido de las máquinas excavadoras. En la explanada que da al inmueble reina la calma. Los usuarios del aparcamiento descubierto que hay frente al edificio continúan aparcando sin problemas y los inquilinos del importante núcleo de chabolas que ha crecido en uno de los márgenes continúan haciendo vida absortos de todo. Solo el movimiento de los obreros del operador ferroviario indica que la construcción de la estación intermodal avanza.

Los últimos vestigios de la terminal -que comenzó a construirse en 1918 con la intención de centralizar el transporte de mercancías en la ciudad- continúan en pie. De hecho, fuentes de Adif consultadas por TOT Barcelona confirman lo que ya denota el aspecto exterior del recinto: que la demolición de las instalaciones aún no ha comenzado. Y añaden que la actuación «no es inminente«. Varias voces próximas al caso atribuyen este retraso a diferentes trabas burocráticas y a un retraso en la concreción de los pliegos de contratación de los trabajos de demolición. Esta situación parece indicar que como muy pronto se podría iniciar la demolición dentro de un mes, aunque lo más probable es que el proceso se alargue varios meses. Una rápida revisión de la hemeroteca nos permite comprobar que tareas con cierta complejidad como estas tienden a prorrogarse, sobre todo cuando hay contrataciones externas de por medio. Un ejemplo claro es la estación de Francia, que a principios de diciembre estrenó marquesina después de dos años de retrasos por problemas técnicos y un sobrecoste de 1,5 millones de euros.

Medidas cautelares para evitar la demolición
El retraso en el calendario ha reavivado la oposición ciudadana a la demolición del edificio centenario. Cuando el caso parecía cerrado, este retraso en la demolición ha permitido ganar tiempo para tratar de conseguir el indulto para la terminal de mercancías. Desde la plataforma Promoció del Transport Públic (PTP) ya han movido ficha y están en conversaciones con el ministerio de Cultura para preservar el recinto como parte del patrimonio ferroviario y de la memoria histórica. La entidad ha presentado una instancia reclamando la incoación de un expediente de protección para la antigua estación, al considerar que tiene suficiente valor patrimonial para lograr este blindaje gubernamental. Cabe recordar que las instalaciones impulsadas por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany, entraron en servicio en 1922, aunque entonces aún no estaban del todo acabadas. Durante casi siete décadas y hasta finales de los noventa, la infraestructura fue la gran estación de mercancías de Barcelona y la puerta de entrada de todo lo que venía de Francia por tren.
«No entendemos que un edificio como este no esté protegido ni se quiera salvar de la piqueta. Ya hemos perdido muchas estaciones que tenían interés patrimonial, como la de Sant Feliu de Llobregat, y que no se hizo nada para evitar que fueran a tierra», remarcan desde la PTP, que ha pedido al gobierno español que adopte medidas cautelares para paralizar la demolición mientras no se resuelva la instancia sobre la protección. La plataforma cree que la única vía para reconducir la situación es que tome cartas en el asunto alguna instancia superior, sea el ministerio o la Asociación Española del Ferrocarril. «Hay complicaciones técnicas, pero ningún impedimento. No sería imposible salvar el edificio, pero parece que el patrimonio ferroviario solo se defiende si conviene», subrayan desde la entidad. En esta línea, algunos partidos como ERC y Junts han pedido en las últimas semanas estudiar la posibilidad de conservar el inmueble destinándolo a usos públicos.

Un proyecto alternativo para evitar una Torre del Fang 2.0
Los movimientos impulsados por la PTP cuentan con el apoyo del Centro de Estudios del Transporte Terminus y de la Associació Coordinadora Pro Museu del Transport de Barcelona. A través de su presidente, el historiador e investigador de la historia del ferrocarril, Ferran Armengol, indican que se deben agotar los cartuchos para detener la demolición, pero siempre acompañando la reivindicación de un proyecto alternativo para el recinto que sea «potente«. Armengol lamenta que muchas veces la reacción de la sociedad civil llega demasiado tarde, cuando el patrimonio ya está sentenciado, pero remarca que todo intento por salvar las instalaciones contará con su apoyo. «Sería detenerlo todo y rehacer el plan, pero, si hay la oportunidad, adelante», apunta el historiador y jurista. El plan al que hace referencia el presidente de la coordinadora es el proyecto urbanístico que contempla abrir un gran parque verde lineal sobre la playa de vías de la nueva estación intermodal de la Sagrera, además de la construcción de 2.230 viviendas en la zona, el 40% de las cuales de protección oficial. La propuesta ciudadana pretende preservar la terminal de mercancías integrándola en este planeamiento previsto.

A su vez, desde la Associació de Veïns i Veïnes de la Sagrera se muestran favorables a un eventual indulto del edificio, pero no son demasiado optimistas al respecto. «Estamos a favor de mantenerlo, pero es una operación compleja y no creo que se pueda», remarca en Jaume Matas, presidente de la entidad. En la agrupación vecinal preocupan sobre todo los efectos colaterales de conservar el recinto, ya que se tendría que modificar el proyecto planteado para la zona, lo que implicaría probablemente un retraso parcial de las obras. Hablamos con conocimiento de causa. En el barrio tienen muy presentes casos como el de la Torre del Fang -adquirida ahora hace quince años- o la Nau Bostik, espacios salvados de la demolición, pero aún sin una hoja de ruta municipal definida que hace que se vayan deteriorando con el tiempo.


