El proyecto de transformación del antiguo cine Comèdia, en la confluencia del paseo de Gràcia con la Gran Vía, en el Museo Carmen Thyssen será una realidad hacia 2028. Junts per Barcelona ha anunciado un acuerdo con el gobierno de Jaume Collboni para sacar adelante la Modificación del Plan General Metropolitano (MPGM). En opinión del presidente de Junts en el Ayuntamiento, Jordi Martí Galbis, la propuesta cultural tendrá un impacto internacional que es bueno para la ciudad y «respeta el patrimonio que representa el Palau Marcet«. En el verano del año pasado, la MPGM superó la aprobación inicial con los votos de Junts, PP y Vox. PSC y Junts suman 21 concejales, una mayoría suficiente.
Este martes, la iniciativa se volverá a votar en la comisión de Urbanismo después de que Junts haya negociado mejoras sustanciales en tres ámbitos clave: «protección patrimonial, limitación de usos comerciales y definición del programa museístico», sostiene la formación. «Estamos ante una oportunidad única para fortalecer el posicionamiento de Barcelona como capital cultural internacional, pero era necesario trabajar y conseguir algunos cambios para garantizar que el proyecto fuera mejor para la ciudad y respetara nuestro patrimonio», ha valorado Martí Galbis.

Menos metros cuadrados que ahora
Según la información que se votará la próxima semana, y a la que ha tenido acceso el TOT Barcelona, el proyecto retocado prevé un techo inferior al actual, de 8.860 m2, por debajo de los 9.467 m2 de ahora. El museo acogerá una parte significativa de una de las colecciones de arte más importantes del panorama europeo, con una atención especial al arte catalán, español e internacional del siglo XIX y principios del XX. El objetivo no es otro que convertir el Museo Carmen Thyssen en uno de los museos de arte de referencia de la ciudad como ya lo son el MNAC, el MACBA o el Museo Picasso, entre otros.
Las actuaciones previstas en el ámbito patrimonial proponen el mantenimiento y restauración de las fachadas principales que dan al paseo de Gràcia y la Gran Vía, incluido el chaflán, así como el mantenimiento de todo el volumen del chaflán. En cambio, se demolerán los espacios del edificio existente que no cuentan con ningún valor patrimonial y que forman parte de las necesidades formales del antiguo programa del edificio, así como de las diferentes modificaciones que ha ido sufriendo el edificio a lo largo del tiempo, que son necesarias para la configuración del nuevo edificio y su nuevo uso. La propuesta conlleva la ampliación de la edificación existente, con una solución que se formaliza en dos nuevos volúmenes situados por encima de la parte que se conserva del edificio original. «Estos nuevos volúmenes se disponen de manera que interactúen con la parte existente, así como su adecuación con el paisaje urbano del entorno», dice el texto que se votará el martes.

Se recuperarán elementos patrimoniales de la fachada
La versión final que se votará establece claramente el mantenimiento y restauración de las fachadas, la conservación del volumen original y la restitución de la composición histórica del chaflán. Cualquier ampliación volumétrica que se quiera hacer quedará subordinada al respeto por los valores patrimoniales y requerirá informes favorables del Departamento de Patrimonio y de la Comisión de Mantenimiento y Mejora del Eixample, ha destacado el presidente de Junts en el consistorio. «Se recuperarán elementos patrimoniales de la fachada que se habían perdido. Después de la intervención, los peatones se detendrán para contemplar también el Palau Marcet, como lo hacen con la Pedrera o la Casa Batlló».
El proyecto inicial reservaba un 25% de la superficie para restauración y comercio. Junts ha conseguido reducirlo a un máximo de 1.700 m² (16%), condicionando estos usos a una vinculación directa con el programa funcional del museo. Además, se ha prohibido expresamente que el posible bar-restaurante tenga entrada directa desde la calle.
Espacios de exposición permanente y temporal
Por otro lado, el proyecto incorpora un programa detallado que incluye espacios de exposición permanente y temporal, sala de actos, zonas de mediación y educación y espacios técnicos. “No es un simple anuncio, sino un compromiso formal que garantiza un museo funcionalmente robusto y adaptado a los estándares contemporáneos”, ha afirmado Martí Galbis.
A juicio de Junts, los grandes beneficios del acuerdo son la ampliación de la oferta cultural de prestigio, complementando la oferta museística existente; la regeneración urbana del paseo de Gràcia con un nuevo punto de atracción cultural; la proyección internacional de Barcelona como destino cultural de excelencia; la generación de empleo cualificado en el sector cultural y patrimonial, y la recuperación de un edificio patrimonial para la ciudad.

Una comisión de seguimiento
Martí Galbis ha anunciado la constitución de una comisión de seguimiento del proyecto con el gobierno de Collboni, los promotores, los grupos políticos y las entidades vecinales y operadores del distrito, para garantizar la transparencia y el cumplimiento de los compromisos adquiridos. «Consideramos que el Museo Carmen Thyssen representará un salto cualitativo en la oferta cultural de Barcelona y contribuirá a reforzar el modelo de ciudad que defendemos».
Barcelona en Comú y ERC, en contra
Dos de los partidos que no ven claro el proyecto y que ya votaron en contra el julio pasado son Barcelona en Comú y ERC. El concejal de Barcelona en Comú Guille López asegura que, de momento, no han recibido ninguna información, ni por parte del gobierno, ni por parte del promotor, de la nueva propuesta que se quiere llevar a aprobación. «Por lo que se ha filtrado a la prensa, seguimos viéndolo como una operación especulativa disfrazada de proyecto cultural, en una ubicación ya saturada de visitantes. Una vez más, el gobierno de Collboni demuestra estar al servicio de los promotores inmobiliarios y de espaldas al vecindario y a instituciones de referencia como el COAC.
Por su parte, la concejala republicana Eva Baró cree que el museo plantea un «volumen desproporcionado, 1.700 m² comerciales y ningún plan para descongestionar el turismo». A juicio de ERC, el Thyssen confirma una tendencia preocupante: Barcelona pierde equipamientos mientras se multiplican los negocios con etiqueta cultural.

