La Sagrera ganará un refugio visitable para la ciudadanía. El búnker antiaéreo de la Guerra Civil hallado a pocos metros de la antigua estación de mercancías se conservará y se integrará como parte de la transformación de la zona. Cabe recordar que el proyecto urbanístico previsto contempla abrir un gran parque verde lineal sobre la playa de vías de la nueva estación intermodal de la Sagrera, además de la construcción de 2.230 viviendas en la zona, el 40% de las cuales de protección oficial.
Según ha podido saber el TOT Barcelona, los diferentes agentes implicados en la operación urbanística que acompaña la nueva infraestructura están estudiando el encaje del refugio, que no afecta ni las eventuales obras de demolición de la terminal de mercancías ni los trabajos que los operarios están llevando a cabo actualmente en la zona. De hecho, su ubicación en uno de los extremos del ámbito a urbanizar hace que su hallazgo ni siquiera haya supuesto un retraso de las obras, que siguen su curso. Ahora bien, habrá que ver bien cómo acaba integrándose en el planeamiento el búnker, que presenta un estado de conservación excepcional y la intención es que pueda ser visitable.
Dos entradas, dos galerías y pintadas
El refugio localizado el pasado mes de noviembre conectaba los dos edificios que daban entrada a la antigua estación de mercancías, de los cuales solo queda uno en pie. Era de titularidad privada y no figuraba en el listado elaborado por la Junta de Defensa Pasiva en julio de 1938. Habría sido impulsado por la CNT, que en el momento del conflicto había colectivizado el sector ferroviario. Destaca principalmente por su construcción singular de tipo búnker. Dispone de dos galerías principales -de 2,50 metros de altura por 1,20 de anchura- y se han identificado cuatro salas de grandes dimensiones, cuatro letrinas y un espacio de posibles funciones de almacén o enfermería. Tiene una longitud aproximada de 90 metros.

El espacio está excavado a cielo abierto y construido con hormigón armado, con una losa de cubierta de unos dos metros de grosor preparada para resistir el impacto de bombas de 100 kilogramos. Situado a cuatro metros de profundidad, dispone de dos entradas, una de las cuales ha podido ser documentada completamente. Entre los materiales empleados hay tramos de esqueleto de hormigón recubierto con ladrillo macizo, techos de encofrado de cemento y recubrimientos de mortero de cal. Entre los elementos destacados, encontramos los bancos conservados en una de las salas, varias pintadas realizadas alrededor de 1954 y grafitis con las siglas CNT y FAI que podrían corresponder al periodo de la Guerra Civil. Igualmente, se mantiene parte de la instalación eléctrica original, con cableado y portalámparas cerámicos.

Objetivo de varios bombardeos
Cabe recordar que la antigua terminal comenzó a construirse en 1918 con la intención de centralizar el transporte de mercancías en la ciudad. Las instalaciones impulsadas por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), bajo la dirección del ingeniero Eduard Maristany, entraron en servicio en 1922, aunque entonces aún no estaban del todo terminadas. Durante casi siete décadas y hasta finales de los noventa, la infraestructura fue la gran estación de mercancías de Barcelona y la puerta de entrada de todo lo que venía de Francia por tren. Su importancia estratégica la convirtió en objetivo de dos bombardeos en 1937.


