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El calle perdido de Sant Andreu que esconde una ‘Catalunya mini’

El encanto del calle de Grau es ampliamente defendido en el barrio de Sant Andreu. Muchos vecinos lo consideran el más acogedor. Otros, ciertamente, optan por Coroleu o los más clásicos por la calle Gran de Sant Andreu, pero, en todo caso, nadie niega la singularidad de un callejón atípico en Barcelona, libre de vehículos antes de que apareciera alguna pacificación. Con un giro de casi 90 grados y una especie de ‘Catalunya en miniatura’ en el tramo central –impulsada por un vecino–, el calle de Grau es una joya arquitectónica perdida por Sant Andreu. 

La gracia de este pequeño callejón, que nos evoca al pasado del pueblo andreuenc, radica en las casitas bajas, de solo una planta, que se complementan con toda una serie de jardines y patios al otro lado de la calle. Una imagen nada habitual en la Barcelona de la trama Cerdà; una estampa más cercana a los pueblos pequeños del Maresme, que crecieron entre campos y viñedos y tenían pequeños huertos al lado de las casas. El de Grau es de las pocas calles de este estilo que quedan en Barcelona.

Una Catalunya en miniatura

Su propia fisonomía es un atractivo, pero un vecino decidió convertir su patio en un elemento aún más exótico. De los jardincillos que hay en el número 55 y 58 emerge toda una serie de trencadís modernistas que se complementan con elementos singulares de la catalanidad como la Sagrada Familia, Montserrat o el escudo del FC Barcelona o de la UE Sant Andreu. Fue su propietario, Isidre Castells, quien adaptó el jardín entre los años 1985 y 2000. Una labor cultural que no pasa desapercibida para el vecindario –y otros residentes de la ciudad que conocen el lugar–, que lo han bautizado popularmente como la «Catalunya en miniatura» del barrio de Sant Andreu. 

El calle de Grau conecta con la calle Gran de Sant Andreu, el principal punto comercial y de conexión del barrio, por un lado; y con Sant Hipòlit, por el otro. Está situado a escasos 170 metros de la avenida de la Meridiana y de la calle de Torres i Bages, punto de entrada de muchos vehículos que salen de la ronda. Implacable a los cambios, sigue teniendo el mismo carisma que décadas atrás.

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