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La cara invisible de la Telecogresca, motor del tejido estudiantil de la UPC

El festival estudiantil Telecogresca ha competido contra gigantes del mundo del espectáculo y ha conseguido uno de los 15 huecos que el Ayuntamiento cede en el parque del Fórum. Las quejas de los vecinos por el ruido han llevado al ejecutivo de Jaume Collboni a fijar un máximo de conciertos por año y a elegirlos mediante un concurso público. Una victoria pírrica para la Telecogresca, que a partir de ahora deberá asumir los mismos cánones que el resto de festivales. Los estudiantes cuestionan los nuevos números de la licitación: se les obliga a ceder 1,5 euros por asistente, un 9% de la recaudación de las entradas y a pagar una tasa de 7.000 euros. Es decir, pagarán un 66% más por asistente y se les incrementa un 40% la recaudación. “De los 30.000 euros que podíamos pagar antes de alquiler hemos saltado a los 70.000 de ahora”, explica Bruno van Bemmelen, uno de los voluntarios que hace posible el festival.

“En el momento de aplicar la licitación no éramos conscientes”, comenta también Martí Constants, miembro de la comisión organizadora. “Es un festival barato gracias a la labor desinteresada de los estudiantes, que intentamos hacerlo a precio de coste”, comenta, resumiendo la esencia del festival. Este año, la Telecogreca reunirá a trece artistas el 28 de marzo, entre los cuales La Ludwig Bang, Boikot, Auxili y Mama Dousha. Un cartel más discreto que otros años, en los que han aparecido nombres destacados de la escena catalana y valenciana como Oques Grasses, Txarango, Zoo, Obrint Pas o la Raíz.

Independientemente del cartel, el precio siempre ha rondado –excepto contadas excepciones– los 20 euros. Nada comparado con el resto de festivales de gran formato –más de 9.000 asistentes– del Fórum. Dos festivales más han ganado el mismo concurso que la Telecogresca: el Festival·B (dos días, con entrada de 108 euros) y una nueva propuesta de los propietarios de la Sala Apolo. No han entrado, porque van por libre, el Cruïlla (cuatro días con entradas a 152 euros, unos 40 por día) y el Primavera Sound (350 euros, más de 80 por día).

Un concert dels Catarres en una edició de la Telecogresca
Un concierto de Los Catarres, en sus inicios, en una edición de la Telecogresca

Apoyo al resto de entidades de la UPC 

Las nuevas condiciones no han sido bien recibidas en los pasillos de la UPC, que piden ir más allá del festival. “La gente quizás piensa que solo se encargan de lo que pasa una noche, pero la Telecogreca va más allá. Es la entidad más grande de la universidad, con cerca de 70 voluntarios, y durante el año ayudan a organizar eventos y fiestas a otras asociaciones más pequeñas”, explica el coordinador de relaciones del Consejo de Estudiantes, Pau Argiz. 

Los alumnos de la Escuela de Telecomunicaciones y Caminos le piden ayuda para la gestión de la barra y la restauración, por ejemplo. Otras entidades lo han hecho para acceder a proveedores o por cuestiones de equipos de sonido. “Si la Telecogresca peligra, si el formato cae y, con él, parte importante de los voluntarios, también pueden peligrar otros eventos estudiantiles de la universidad”, comenta Argiz, que aún ve margen, en todo caso, para evitar un “efecto dominó”. Con el superávit del año pasado –la Telecogresca hizo sold-out con la despedida de Zoo de Barcelona–, la entidad tiene “un año de margen”, añade Constants. El voluntario de la teleco admite igualmente que el margen no les da para “asumir muchos años de pérdidas reiteradas”. 

Aún les quedan tres años en el Fórum que dependerán del balance económico que se derive de las próximas ediciones. Ahora bien, los organizadores no se plantean dejar de ser la fiesta universitaria más grande del país; antes de desaparecer, intentarían reducir el formato. Si no es en el Fórum, en la Zona Universitaria. “Tocaría replantearlo: menos artistas, entrada más barata aún y reducción de un tercio del aforo”, imagina Constants. Eso sí, reducir la dimensión de la Telecogresca también implicaría “reducir el trabajo que haríamos con el resto del campus”, agrega su compañero Bruno van Bemmelen. Es uno de los aspectos temidos también entre los miembros del Consejo de Estudiantes.

La biblioteca del Campus Nord de la UPC, donde está la Escuela de Telecomunicaciones | Wikimedia / Ali.m.naderi – CC BY-SA 3.0

Bruno añade un segundo factor, aún más ideológico que práctico. “La Telecogresca es un referente del trabajo asambleario y autoorganizado de la ciudad. Perder la continuidad del festival nos aboca a perder un referente que nos dice que se puede organizar un evento para jóvenes y que compite con los grandes de la industria”, comenta el estudiante. “Creo que la Telecogresca inspira también a otros colectivos que están montando proyectos en la universidad”, apunta. Además, muchos de los voluntarios que participan del festival se “inspiran” en él para “crear otras entidades”, remarca Van Bemmelen.   

Nuevas reglas del juego

El concejal de Cultura, Xavier Marcé, ha restado importancia a las quejas: niega que los 40.000 euros de diferencia pongan en peligro un festival de 15.000 asistentes y ha retado a los estudiantes a “decidir” si quieren formar parte de la liga de fiestas universitarias o la de festivales. Estas son las nuevas reglas del juego del Ayuntamiento. Fuentes de la UPC han confirmado a este diario que están negociando con el ejecutivo para encontrar una solución, tal como también ha admitido públicamente el concejal, pero prefieren no hacer ninguna declaración. En todo caso, los estudiantes insisten: “Nosotros no nos hemos planteado subir el precio, queremos que sea un festival asequible; nos dirigimos a un público joven y es lo que nos distancia del resto”, comenta Constants, que descarta que la universidad asuma la diferencia. “Nos quiere ayudar a salir adelante, pero lo tenemos que conseguir por nosotros mismos”, detalla.

El concejal de Cultura e Industrias Creativas del Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marcé | Blanca Blay (ACN)

La lucha estudiantil ha saltado a Sant Jaume. Barcelona en Comú propuso a la Comisión de Derechos Sociales, Cultura y Deportes que el Ayuntamiento “impulse una aportación específica y diferenciada que reconozca explícitamente el valor público, comunitario y no lucrativo de la Telecogresca”. Una excepción que ayude o premie a un evento que escapa de las “lógicas propias de la explotación comercial de los grandes eventos culturales”. El resto de grupos apoyaron la iniciativa, dejando al gobierno solo con Vox en la defensa del nuevo modelo del canon. Desde el ejecutivo se insiste que el incremento es asumible por un festival de miles de asistentes. 

La Telecogresca nació en 1978 para celebrar la “lucha y resistencia” de un grupo de estudiantes que reclamaba más poder de decisión en la UPC. Medio siglo después, el evento se ha convertido en emblema. A diferencia del resto de festivales que acoge el Fórum, más del 90% del público del año pasado era catalán y tres cuartas partes, de la demarcación de Barcelona. El Primavera Sound, posiblemente la antítesis de la Telecogresca, reunió el año pasado a 80.000 barceloneses; solo un 27% de los más de 293.000 espectadores –récord de participación. En este caso, el 61% del público es extranjero, principalmente del Reino Unido y de los EE.UU. Con estos números sobre la mesa, los estudiantes también retan al Ayuntamiento. “Se trata de ir más allá: ¿Barcelona quiere festivales a precios asequibles y un público local o prefiere macrofestivales internacionales?”, se preguntan en la organización.

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