En la antigua izquierda del Eixample hay un local icónico. Se trata del Bar Alegria, un establecimiento histórico situado en la esquina de Comte Borrell con la Gran Via de les Corts Catalanes desde hace más de 126 años; que pasó a manos del chef Tomàs Abellán en el año 2019. Ahora este local abre una nueva sucursal en el barrio de Gràcia, concretamente en la confluencia de Torrent de l’Olla con Travessera de Gràcia. El Bar Alegria Gràcia supone la expansión natural de la marca dentro de la capital catalana, pero con su ADN intacto.
Bar Alegria es un proyecto que nace del respeto por la memoria de los barrios y del deseo de recuperar espacios con historia para devolverles vida. Barra, comedor, producto y vino se articulan para evolucionar el concepto clásico de bar ligado a su entorno. De hecho, el espacio que ocupa este nuevo local albergó durante más de 75 años Can Tosca, una casa de comidas familiar que fue lugar de referencia en el barrio y también parte activa de la identidad social del barrio. En sus inicios, aquel local fue punto de encuentro de la Gràcia gitana, y acogió figuras como Antonio González «El Pescaílla», Lola Flores, Moncho o Peret.
Bar Alegria Gràcia recoge este legado con respeto, lo proyecta hacia el presente y su filosofía es convertirlo en un punto de encuentro actual que conecte con la comunidad del barrio. «No se trata de replicar el pasado, sino de continuarlo, ampliando la oferta en el turno de noche y adaptando la propuesta a los tiempos actuales, manteniendo siempre el espíritu de proximidad y la sensación de lugar vivido que forma parte del carácter del barrio», defienden.

Cocina catalana revisitada
La cocina del local se articula alrededor del producto de temporada, con una mínima intervención y una base reconocible de cocina catalana revisitada. El local ofrece platillos y medias raciones pensadas para compartir entre los comensales, que también podrán degustar una cuidada selección de vinos naturales, vermuts, bebidas y refrescos ecológicos. El precio medio se sitúa entre los 28 y los 30 euros por persona.
Entre los platos que se pueden degustar en el local están la tortilla trufada, un bikini de la «infancia» que se elabora con mozzarella fresca, jamón ibérico y trufa negra, un pastel de queso estilo La Viña o el ya clásico “Flantàstic”. También se pueden degustar productos de temporada como los guisantes del Maresme con butifarra negra casera elaborada por el equipo o la alcachofa del Prat frita y servida con romesco.
