La cabalgata de Reyes de Barcelona se ha consolidado en los últimos años con una decena de carrozas y unos 750.000 espectadores anuales. La cabalgata es el segundo gran evento cultural de Barcelona, solo por detrás de las fiestas de la Mercè, que tienden a agrupar un millón de espectadores. Un momento mágico que nos evoca a finales del siglo XVIII, según los historiadores. La celebración de la víspera de Reyes se realizó de forma intermitente desde entonces hasta inicios del siglo XX. Los primeros rastros de la cabalgata actual son, eso sí, de finales del siglo XIX, aunque entonces la prensa del momento no hablaba de cabalgatas sino de ferias de juguetes.
Aquellas ferias eran las encargadas de dar ambiente a la víspera del día de Reyes, según se entrevé de publicaciones como el Diario de Barcelona, una de las más antiguas. El 6 de enero de 1885, publicaba: “Como ayer era víspera de Reyes, se estableció una feria de juguetes en la Riera del Pi, en la plaza del mismo nombre y en la del Beato Oriol. Por el mismo motivo, estuvieron muy animadas la calle de Ferran VII y otras cercanas, viéndose los almacenes y tiendas de juguetes extraordinariamente concurridos y permaneciendo abiertos hasta medianoche”.

Al año siguiente, el mismo diario recogía de nuevo “la feria habitual de juguetes” en la calle de la Riera del Pi, la actual calle del Cardenal Casañas del barrio Gótico, y en 1887 se amplían los espacios feriales a la Rambla y los alrededores de la iglesia de Santa Maria del Pi. “Las tiendas de quincallería y de juguetes estaban llenas de gente y permanecieron abiertas e iluminadas, algunas hasta altas horas de la noche. En la mencionada iglesia de Santa Maria del Pi se cantaron Maitines y Laudes de la festividad del día de hoy con gran solemnidad, asistiendo ceremonialmente la Ilustre Obra de la parroquia”, apuntaba la publicación.
Poco más tarde, en los primeros años del siglo XX, los establecimientos de la ciudad dedicados a la venta de juguetes estaban “abarrotados de compradores, siendo difícil contener a los visitantes”, según las noticias de la época. En el año 1900, el Diario de Barcelona destacaba sobre todo el caso de El Siglo, uno de los almacenes más ilustres de la ciudad; “era dificilísimo el acceso, ya que el público llenaba todos los departamentos en una masa compacta”, publicaba el diario.
En aquellas épocas, las noticias comienzan a explicar que las tiendas permanecen abiertas “hasta altas horas” de la noche y ya dejan caer los primeros vestigios de fiesta. “Un viento fino y helado, no muy fuerte, molestaba a los transeúntes; a pesar de eso, no faltó gente en los paseos y por la noche la animación fue muy grande, especialmente en las Ramblas y en los grandes comercios de juguetes”, apunta la crónica de 1901.

Parada durante la guerra y reanudación en 1942
Las cabalgatas del siglo pasado tenían carácter benéfico. Tuvieron “etapas mejores y peores hasta la guerra”, dice el mismo Ayuntamiento de Barcelona en la página dedicada a los Reyes, y se interrumpieron por la insurrección del bando fascista. En 1942, el ayuntamiento franquista decidió retomar la iniciativa. Se organizaron dos cabalgatas, una oficial liderada por el consistorio y una segunda más pequeña a cargo del Sindicato Local de Transportes y Abastecimientos, que salió de la estación de Sant Andreu.
La cabalgata oficial comenzó a las cinco de la tarde «en el recinto de la Exposición Internacional de Barcelona». “Una gran multitud de niños se agolpaba en la plaza de España y en la avenida de José Antonio para presenciar la llegada de Sus Majestades”, describe la crónica del Diario de Barcelona. La Guardia Urbana montada abría la marcha, seguida de soldados con antorchas a caballo; la banda militar de trompetas de caballería; lanceros, heraldos montados con banderolas; pajes montados y portadores de regalos. Todo seguido desfilaban los Reyes, “precedidos por sus músicos con extrañas trompetas de juguete y rodeados de una corte de lanceros y pajes”.
“Todo el recorrido estuvo lleno de gente entusiasmada que, con sus familias, contemplaba el vistoso paso de la comitiva, dando constantes muestras de entusiasmo y admiración”, relata la crónica de aquel día. Los Reyes pasaron por la entonces avenida de José Antonio Primo de Rivera y otros espacios importantes como el paseo de Gracia y la plaza de Cataluña, y terminaron en la plaza de Sant Jaume, frente a la “casa consistorial”. Allí, leemos en la prensa, “se distribuyeron juguetes y dulces a las familias de los funcionarios municipales, destacando la actuación del Cuerpo de Bomberos, cargados con una abundante lluvia de regalos de bombones, muñecas, trompetas y otros juguetes”.

