El rumor por el paso de la tuneladora de la L9 era evidente desde hacía días alrededor del mercado de Sant Gervasi. La mayoría de los vecinos eran conscientes de que las obras atravesarían el subsuelo bajo sus casas en algún momento. Así lo indicaba la presencia de técnicos haciendo mediciones en las fachadas y las calles. «Siempre les preguntábamos si estaba pasando o ya había pasado la máquina, pero nunca nos decían nada», explica Mari Carme Roger, vecina del número 6 de la calle de Rubinstein, justo frente al mercado y una de las fincas desalojadas este martes por el socavón detectado en la calle de Teodora Lamadrid. Esta mujer de 80 años y su marido representan un tercio de los propietarios de la finca y tienen contacto directo con los inquilinos del edificio. Así fue como supieron, hace unos días, que el inquilino del principal había encontrado grietas en su domicilio, algunas visibles incluso desde la fachada.
Esto fue solo unos días antes de que Domingo Finez, propietario de la pizzería Verona, se encontrara un agujero de ocho metros de diámetro donde hasta ahora estaba el baño del local. Pero los vecinos del número 6 de la calle de Rubinstein no fueron los únicos que detectaron nuevas fisuras en sus casas. «Hace días que algunos clientes nos avisaban de que estaban apareciendo grietas en sus pisos y que veíamos a los topógrafos dando vueltas por la zona«, asegura Wilmer, responsable de la heladería Hijos de Nata, ubicada en los bajos del mismo edificio. Nadie esperaba que aquellos hallazgos aparentemente anecdóticos fueran el preludio de un socavón que ha obligado a desalojar ocho bloques de pisos de esta parte del barrio de Sant Gervasi – la Bonanova. Tras los hechos, también se han localizado múltiples grietas tanto en el sótano de la heladería como en los de otros locales del inmueble.

«Creemos que ha faltado una parte técnica de control. Con tantos trabajos topográficos… Ahora nos toca pedir al técnico que venga a verlo«, apunta Mari Carme Roger, que también insiste en la falta de información sobre el tramo en el que se encontraba la tuneladora. Como el resto de sus vecinos e inquilinos, la mujer tuvo que buscarse una alternativa para poder pasar la noche fuera de casa, situación que se alargará al menos hasta el sábado, cuando se valorará si se puede efectuar un retorno progresivo a las fincas afectadas. «Estamos todos fastidiados. Ayer fui a buscar un cepillo de dientes y un pijama y he dormido en casa de un hijo», relata. Sobre este posible regreso a la normalidad a partir del fin de semana, la vecina confía en que sea lo antes posible y que también se aplique a las tiendas, que desde ayer están cerradas a la espera del visto bueno de los técnicos para reanudar la actividad.
En cuanto a las quejas por la aparición de grietas, la directora de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras de Movilidad, Begoña Castiblanque, ha asegurado en una atención a los medios de comunicación este mismo miércoles que cualquier aviso sobre fisuras o posibles afectaciones vinculadas a la obra se atiende a través de un protocolo establecido y ha remarcado que no habían recibido «muchas» peticiones en este ámbito. «No ha sido algo masivo», ha subrayado, y ha precisado que justo de esta zona no tenían constancia de quejas por grietas. Castiblanque también ha explicado que todos los edificios que se encuentran en el recorrido de la tuneladora tienen sensores instalados para detectar vibraciones y movimientos de tierra, y que se han colocado solo para las obras de la L9 miles de estos aparatos repartidos por los diferentes barrios afectados.

Pendientes de las inspecciones y soluciones de urgencia hasta el sábado
Roger y Wilmer coincidieron este miércoles al mediodía en la reunión informativa convocada en el Centro Cívico Vil·la Florida para informar a los vecinos de las fincas desalojadas preventivamente por el movimiento de tierras. Al igual que el heladero, muchos responsables de negocios se acercaron al encuentro para conocer de primera mano las afectaciones y tener una aproximación de cuándo podrán reabrir. «Nos hemos visto afectados económicamente y, por eso, presentaremos la queja al Ayuntamiento a ver si nos pueden ayudar de alguna manera«, detallaba. En la misma línea se pronunciaba el empresario barcelonés Majid Dalam, que tiene varios negocios en la zona, incluido el local de la franquicia Antonia’s Burger ubicado justo al lado de la pizzería Verona. «No habíamos detectado nada en nuestro local, pero estamos cerrados desde ayer y con los trabajadores que no pueden venir. Esto nos afecta económicamente, sobre todo porque no sabemos cuándo podremos reabrir», señalaba. Para intentar recuperar estas pérdidas, Dalam está a la espera de que las autoridades les indiquen cómo hacer las correspondientes reclamaciones a los seguros.
La mayoría de la ochentena de personas que salían este miércoles de la reunión se mostraban contrariadas. «Estamos muy fastidiados, ¿qué más quieren saber?«, espetaba una de las vecinas afectadas a los medios congregados a las puertas del centro cívico. «Eso que dicen [las autoridades] que antes no había pasado nada… Las monjas de la calle de Sant Gervasi de Cassoles ya tuvieron un susto hace unos días y también cayó un muro en otro convento de Sarrià», afirmaba otra. Uno de los primeros afectados que accedía a hablar con los medios era Gillas, ciudadano de origen francés y vecino precisamente del número 54 de la calle de Sant Gervasi de Cassoles. «Nos ha tomado completamente por sorpresa. Ayer tuve que buscar alojamiento a última hora, no había otra opción«, lamentaba. El inquilino considera que no se gestionó bien la oferta de alternativas para pasar la noche por parte de los servicios sociales municipales, dado que a las familias solo se ofrecían habitaciones compartidas en albergues juveniles. «Hablaré con un amigo a ver si me puede alojar al menos hasta el sábado, pero tengo que ver si puedo combinarlo con el trabajo», añadía el hombre antes de abandonar rápidamente el lugar para ir a trabajar.


