La librería Sant Jordi es una de esas joyas que Barcelona estuvo a punto de perder, pero, por suerte, no fue así, y el empresario Rafa Serra recuperó un establecimiento emblemático y de culto del barrio Gótico en el que el cliente no encontrará best-sellers. El 10 de diciembre de 2025, tras unos meses cerrada, la librería inició una nueva etapa de la mano de la agencia de viajes Temps d’Oci. Con nombres propios, además de Serra (con diferentes hoteles boutique en la Costa Brava, entre otros negocios), detrás del proyecto está también Judit Giménez (propietaria con su pareja, Albert Rial, de la centenaria Bodega la Palma) que ejerce de CEO. Hace que el negocio funcione, «de la A a la Z», dice Giménez.

Un puesto de libros en la calle Ferran
Este jueves, la librería vivirá el primer Sant Jordi de la nueva Sant Jordi. Y lo hará con el puesto de libros instalado en la calle Ferran, 41, frente a la tienda. Antes se ubicaba en la plaza de Sant Jaume. La librería lleva cuarenta y tres años existiendo. Abrió en 1983 de la mano de Josep Morales y Aurora Monroig. Ellos eran los padres de Josep Morales, quien se hizo cargo entre 1998 y 2024, cuando falleció prematuramente. Su pareja, Cristina Riera, mantuvo la librería abierta unos meses, pero decidió traspasar el negocio, ya que atravesaba una situación delicada. El 28 de febrero del año pasado, la Sant Jordi bajó la persiana. Aún no se había traspasado y, por tanto, el día de Sant Jordi no abrió. Para el 23 de abril de este año, Giménez espera «muchísima gente». Para muchas librerías, Sant Jordi es el día que más libros se venden en todo el año, también, seguramente, para la Sant Jordi. Pero la CEO destaca especialmente que quiere «vivir la fiesta» y un día tan especial y bonito en primera persona.

Serra ya salvó la librería Quera
La Sant Jordi no es la primera librería histórica de Barcelona que Serra salva del cierre. Antes lo hizo con la librería Quera, la más antigua de la ciudad, en la calle Petritxol, 2. Abrió en 1916 y desde 1937 se especializó en libros de montaña. Tanto el Espai Quera como la Sant Jordi se han convertido en espacios de ocio polivalentes, con una oferta literaria y de restauración. En la Sant Jordi, en la calle Ferran, 41, conviven la pasión por la lectura, el placer por la gastronomía y la actividad cultural. «No hay best-sellers», subraya Giménez.

Negociaciones rápidas y fáciles para el traspaso
Los dos establecimientos, la Sant Jordi y el Espai Quera, han abierto bajo el paraguas de la agencia de viajes Temps d’Oci. Serra explica que empezó con el Espai Quera «un poco por una coincidencia». Fue hacia el año 2018. «En 2019 hicimos el proyecto. Después vino la pandemia, pero pudimos seguir adelante». Las negociaciones para hacerse cargo de la Sant Jordi fueron «rápidas y fáciles», tanto con la propiedad del local como con los antiguos titulares de la librería. La primera opción para quedarse con la Sant Jordi era una fundación, pero la operación no llegó a buen puerto.

2.600 novedades: narrativa, ensayo, cocina, arte y ediciones especiales
Dos libreras con la cultura y la formación acompañan a una clientela muy diversa entre 2.600 novedades y un fondo de 4.000 volúmenes. Con el anterior propietario, la librería estaba especializada en fotografía, arte, diseño, ilustración y arquitectura. En esta nueva etapa «se ha ampliado mucho la narrativa», con novedades y libros clásicos, dice una de las dos libreras, Carlota Puigmartí. Pero las temáticas continúan siendo las mismas de antes. «Tenemos una parte de ensayo, libros sobre Barcelona, en inglés, cocina, una selección de novela negra, fantasía, esoterismo, filosofía, poesía, arte y fotografía… y libros con ediciones especiales, como una biblia ilustrada por Salvador Dalí, del Quijote y volúmenes con ilustraciones de Joan Miró y Pablo Picasso«.

Un espacio de restauración en la trastienda
Pero la librería Sant Jordi es mucho más que un lugar donde se pueden comprar libros. En la trastienda hay abierto un pequeño espacio de restauración para 10 o 12 personas. «Sobre todo se ofrecen platillos fríos. Quesos, embutidos, alcachofas, latas. Se puede cenar perfectamente. También tenemos algo caliente. Con los grupos no damos abasto. Tenemos más demanda que disponibilidad. Comenzamos con una primera carta y ahora, para Sant Jordi, comenzaremos con una nueva carta. Tendremos un «planxat» de ensaimada, de cabello de ángel y sobrasada, tártaro, un codillo de cerdo meloso con setas», explica Giménez. La CEO del negocio acumula una larga experiencia en el ámbito de la hostelería. Además de la Sant Jordi y la Bodega la Palma, también dirige el Espai Quera y el restaurante Bellafila, todos en el barrio Gótico.

De cenas literarias a clubes de lectura
Libros y gastronomía combinan a la perfección con las actividades culturales que organiza la librería. En el establecimiento, se hacen presentaciones de libros, como por ejemplo de la Carlota Gurt, se organizan clubes de lectura, intercambios de libros con una cena, cenas literarias y se colabora con un centro de mayores. «Las personas vienen y se hace una lectura en voz alta o se prepara un libro y después se comenta», detalla Giménez. «Buscamos esta dualidad». En estas presentaciones y cenas, también se utiliza el espacio central de la librería.
Preservada en el ámbito arquitectónico, la librería Sant Jordi está ubicada en los bajos de la Casa Joan Bernés, construida por el maestro de obras Antonio Valls. La ruta de Barcelona de los establecimientos emblemáticos desvela que en 1931 había una tienda de abanicos y paraguas que era propiedad de Salvador Borrut. Está protegido tanto el exterior como el interior. Destacan los trabajos realizados en madera, como la estructura de la fachada y los estantes, y las vitrinas de vidrio exteriores.

