Entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX, cuando Barcelona vivió su época más esplendorosa. Además de circos ambulantes que visitaban la ciudad, los barceloneses pudieron disfrutar del arte circense de forma permanente en el Circo Ecuestre Barcelonés y en el Teatro Circo Olympia. Pero Barcelona también ha sido, y es con el parque de atracciones del Tibidabo, un referente histórico si hablamos de parques de atracciones.
Los Jardines de los Campos Elíseos, el primer parque de atracciones
De hecho, la capital del país acogió lo que se considera el primer parque de atracciones urbano de Cataluña, y también fue uno de los principales espacios de encuentro, ocio y espectáculos culturales de la Barcelona del siglo XIX. Eran los Jardines de los Campos Elíseos, inaugurados el 10 de abril de 1853, con una superficie de cerca de 8 hectáreas que iba de la calle de Aragón a la de Rosselló y del paseo de Gracia hasta la calle de Roger de Llúria. Su propietario era Josep de Salamanca, marqués de Salamanca, que encargó al arquitecto catalán Josep Oriol Mestres la construcción de estos jardines.
Caspolino, los primeros autos de choque
El primer auto de choque del estado español abrió en Atracciones Caspolino, un pequeño parque de atracciones situado en la plaza de la Gal·la Placídia. Durante más de medio siglo, hasta el 2005, “los caballitos” amenizaron los fines de semana de los barceloneses. Además de los autos de choque y los caballitos, billares y una churrería completaban el mini parque. El 6 de febrero de 2005, después de siete décadas de gestión familiar, este complejo que vio disfrutar a diferentes generaciones de niños de la ciudad tuvo que cerrar.

Parque de atracciones de Montjuïc
El parque de atracciones de Montjuïc, abierto en el año 1966, cerró sus puertas en septiembre de 1998. En el año 1962, el empresario venezolano José Antonio Borges Villega propuso al ayuntamiento franquista de Josep Maria Porcioles la puesta en marcha de un parque temático en Barcelona, justamente en el mismo terreno donde había estado el Maricel Park, inaugurado en 1930 y cerrado seis años después al estallar la Guerra Civil. El parque de atracciones de Montjuïc abriría sus puertas con 41 atracciones, la mayoría procedentes del parque venezolano Coney Island, restaurantes, un escenario con aforo para 6.000 personas, la discoteca Lord Black y una noria espectacular. Tren Fantasma, la montaña rusa Boomerang, la Noriavisión, el Viking, el Martillo, los autos de choque, un túnel del terror o el Twister… El parque de atracciones se convirtió en punto de encuentro de familias y adolescentes, con atracciones con menos carisma e historia que las del Tibidabo, pero más atractivas para los jóvenes, que también tenían espacios de ocio complementarios que la montaña rival no ofrecía. Además, la comunicación entre el centro de la ciudad y el parque era mejor. Pero el 27 de septiembre de 1998 abrió por última vez. Y en poco tiempo, su recuerdo se esfumaba del imaginario colectivo de la mayoría de barceloneses.

La Foixarda, el parque más efímero de la ciudad
El predecesor del parque de atracciones de Montjuïc, el parque de atracciones de la Foixarda, en Montjuïc, espectacular pero con una cortísima vida. Solo estuvo abierto entre 1929 y 1930, con motivo de la Exposición Universal que acogió Barcelona. Pensado para el disfrute de los visitantes internacionales de la Exposición Universal, pero también para los barceloneses -con atracciones para niños-, el parque estaba presidido por una montaña rusa de grandes dimensiones y un tren de vapor que hacía un recorrido de más de dos kilómetros por los alrededores del Palacio Nacional. El trenecito reproducía en pequeño formato una máquina de vapor que propulsaba varios vagones. Las tres locomotoras que prestaban el servicio fueron bautizadas con los nombres de Montserrat, Núria y Barcelona.


