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L’herencia de un monarca autoritario abre una disputa por el nombre del calle de Ferran

La calle de Ferran, ubicada en la Barcelona más histórica, se ha convertido en un nuevo terreno de batalla política en el Ayuntamiento. Ferran, según como se mire, es un ciudadano anónimo, pero también puede referirse a un monarca absolutista del siglo XIX. De hecho, hasta 1910, la calle se llamaba Fernando VII. Todo depende de quién defienda el nombre de la calle. Junts, que ha puesto el debate sobre la mesa, ha solicitado recuperar la nomenclatura de Joan Fiveller, miembro del Consejo de Ciento que coronaba la calle durante la república, pero el alcalde Jaume Collboni lo ha descartado porque el Ferran de Ciutat Vella ya no es, en ningún caso, el rey Fernando VII

“Estamos de acuerdo en que se instale una placa explicativa de quién era Fiveller, pero no podemos cambiar el nombre de la calle”, expuso en el último pleno celebrado en Sant Jaume. Y entre sus argumentos, el alcalde apela al cambio en el nomenclátor impulsado en el año 1910. Aquel año, el Ayuntamiento decidió cambiar Fernando VII por solo Ferran. “La calle hace muchos años que fue resignificada. Ni siquiera durante la dictadura se recuperó el nombre anterior”, ha defendido el alcalde, haciendo referencia al número VII que nos transporta al monarca. 

“El cambio se hizo precisamente para dejar de recordar al último monarca absolutista”, han añadido al Tot Barcelona las fuentes municipales consultadas por la polémica. “Por tanto, hace 116 años que la ciudad resignificó la calle de Ferran. Desde entonces, ni siquiera durante la dictadura franquista recuperó su nombre. Se castellanizó, pero sin recuperar el nombre del rey”, insiste el consistorio. Unas explicaciones que no han rebajado el sentido de la polémica. “Si este Ferran no es nadie, dime por qué el franquismo recuperó ese nombre. Y si no es nadie, ¿qué problema hay en cambiarlo?”, protestó el juntaire Joan Rodríguez en el último Pleno. “La calle de Ferran forma parte de la memoria popular, como Princesa o Pelai”, concluyó Collboni.

La fiesta Mayor de Sant Antoni, con los Tres Tombs pasando por la calle de Ferran / Ayuntamiento

El ejecutivo municipal no hace referencia a los cambios ejecutados durante la Segunda República. Consultado por el Tot Barcelona, el profesor de la UAB Lluís Quintana aclara que el Nomenclátor del año 1934 especifica, en su listado de Calles que han sufrido variación, que la calle de Fernando –nombre establecido, en castellano y sin la nomenclatura de los reyes, en 1910– pasó a llamarse Joan Fiveller en el año 1931. “Según el historiador Cirici Pellicer, la calle de Ferran se abrió en 1824 y llevaba el nombre del rey reinante entonces”, añade sobre sus inicios.

Collboni quiere evitar duplicidades

Collboni también defiende que los cambios de nombre “solo se hacen cuando incumplen la ley de memoria democrática o cuando los impulsa el vecindario”. También se ha negado por cuestiones burocráticas. Por ejemplo, para evitar “duplicidades”. No hay ninguna calle Joan Fiveller en Barcelona, pero sí una plaza, justo delante del Parlamento. Junts ve en esto una excusa. “Si hablamos de duplicidades, también tenemos Bacardí, Sabrià, Espriu…”, ha defendido Rodríguez en la tribuna de Sant Jaume.  El periodista David Martínez, autor del blog Històries de Barcelona, tampoco entiende el argumento. “La plaza está dentro del mismo parque de la Ciutadella, que no es ninguna zona residencial”, apunta en conversación con el Tot Barcelona.

Calle de Ferran (barrio del Gòtic, Ciutat Vella) sin gente ni tráfico durante la pandemia / Ayuntamiento

La calle de Ferran, una de las más icónicas del centro, era una gran avenida de la Barcelona amurallada. La construcción de Ferran fue, según Martínez, una de las primeras operaciones de desventramiento: “Se derribó toda una serie de casas para abrir un corte. Esto comunicaba la Ciutadella, que entonces era una fortaleza militar, con la Rambla. A menudo se dice que se hizo para que las tropas pudieran llegar rápidamente al centro de la ciudad, ya que hasta entonces toda esta zona era como el Born, con calles estrechas y laberínticas”.

“Esta calle es un terreno de batalla política constante”, resume el periodista, especialista en temas históricos, que recuerda los “muchos cambios de nombre” que la calle ha sufrido a lo largo de la historia. Más allá de Fernando VII, el espacio ha estado dedicado al general Espartero, más conocido como Duque de la Victoria. Fernando VII murió siendo la sucesora al trono (Isabel II) aún menor y Espartero asumió la regencia del reino. Del Duque de la Victoria volvió a Ferran y de Ferran a Fiveller, «una figura que inspira todo lo contrario a los otros dos», remarca Martínez. 

El nombre de Fiveller siempre será conocido por ser el consejero que se plantó ante el rey para que pagara los impuestos que le correspondía. “Debía pagar lo que fijaba el Consejo de Ciento. Al hacerlo, reforzaba un concepto barcelonés según el cual todos, incluso el rey, están sometidos a la ley”, argumenta Junts para defender el retorno de Fiveller a la placa. Desde el ejecutivo ignoran este argumento, entendiendo que la ausencia del nombre real provoca que el Ferran de Ciutat Vella “tenga un significado que no tiene nada que ver con el del monarca absolutista”.

Iglesia de Sant Jaume. Fachada de la calle de Ferran / Ayuntamiento

Historia de Barcelona

La calle de Ferran no es la única que se ‘desmonarquizó’ antes del franquismo. Hay un pasaje de Isabel II que ha borrado también la nomenclatura real, para llamarse solo Isabel. La república intentó revertir muchos nombres, por ejemplo, el de la plaza Real por Francesc Macià entre agosto de 1931 y marzo de 1939, como homenaje a la proclamación de la república. En todo caso, el posible cambio de nombre de la calle Ferran gana peso por su importancia. Forma parte del ideario colectivo de la ciudad, tuvo cierta importancia estratégica durante la edad media y ha sido el epicentro económico hasta el siglo XX, en el que la burguesía y las tiendas de lujo se trasladaron al paseo de Gràcia. 

Martínez ha recopilado algunos de los establecimientos más icónicos. En la esquina con la Rambla había una de las confiterías con más historia, conocida a mediados del siglo XIX por los dulces y sus cajitas de regalo. En Ferran también había armerías, chocolaterías –muy conocida la fábrica de chocolate de los Juncosa– y otros comercios más exóticos, como la tienda de cajas de caudales y cerraduras que abrió el industrial Pere Mañach o tiendas de camisas. “Su trazado ancho y recto, en contraste con los callejones medievales, lo convirtió en el paseo preferido de la burguesía”, detalla Martínez en el artículo. Años más tarde, con el comercio de proximidad en horas bajas y la masificación turística en alza en Barcelona, la calle también es polémica por el nombre.

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