La Asociación de Vecinos de Badal abandonará a finales del próximo año su local actual, donde ha estado desde 1998, para trasladarse a unos bajos ubicados en el nuevo edificio que ocupa la antigua fábrica Virutex. El distrito de Sants-Montjuïc ha acordado con una multinacional canadiense –promotora de una residencia de estudiantes en la antigua fábrica– la cesión de uso del espacio, que cederá a entidades del barrio. El Ayuntamiento, que cerró un principio de acuerdo el mandato pasado, tendrá el derecho de uso de este espacio, de unos 700 metros cuadrados, durante los próximos treinta años.
Fuentes municipales consultadas por este diario y la misma entidad vecinal confirman que la asociación de vecinos será la primera de una serie de agrupaciones que se trasladarán al nuevo equipamiento. La idea es acabar transformando el espacio en un centro cívico de barrio, tal como se definió en el programa funcional del distrito. “Se ha realizado todo un proceso de trabajo con la asociación de vecinos, Xera, y otras entidades del barrio para definir las necesidades y usos del futuro equipamiento”, comentan desde el gobierno. Las obras comenzarán en noviembre de 2026 y la finalización de las obras será a finales de 2027.
A pesar de definirse como espacio multidisciplinario para diversas entidades, desde el mismo distrito confirman que la asociación de vecinos de Badal-Brasil-La Bordeta tendrá el “uso exclusivo” de una parte de estos locales, que aún deben acondicionarse. “Somos un barrio con más de 300 entidades y necesitamos locales. Muchas veces vienen otras entidades a pedir espacio para realizar actividades, pero no tenemos”, explica Alfredo Martínez, miembro de la asociación.
En estos momentos, la entidad comparte un espacio de poco menos de 200 metros cuadrados en la calle de Daoíz y Velarde con dos grupos más, la entidad deportiva Mercat Nou Magòria y una asociación de personas ateas. “Nosotros tenemos un despacho de quince metros solamente y compartimos el resto del espacio”, explica Martínez. En el centro del local, una sala polivalente sirve a las tres entidades para realizar sus actividades.
Recuperar actividades que se han perdido
La intención de la asociación vecinal es aprovechar el traslado para recuperar una serie de actividades de carácter cultural que se dejaron de hacer con la pandemia. Martínez recuerda con especial interés un cinefórum abierto a todo el barrio que servía para reflexionar, de la mano de una psiquiatra, los diferentes perfiles psicológicos de los protagonistas. La entidad también solía organizar charlas sobre actualidad para los vecinos. “Creo que, más allá de reivindicar cosas al Ayuntamiento, que también lo debemos hacer, debemos poder ofrecer este tipo de recursos a nuestros vecinos”, comenta el activista.
La asociación tendrá que convivir con la residencia de estudiantes, un aspecto que, a diferencia de otros barrios, no ha generado ningún tipo de controversia. “El director nos ha dicho que no habrá muchos estudiantes extranjeros”, asegura Martínez. “Además, son espacios diferenciados. Nosotros tendremos entradas por las dos calles que dan al local, pero no tenemos acceso a la residencia”, añade.
La antigua fábrica donde se ubica la residencia tiene un uso dotacional, una calificación urbanística pensada –según la definición de la misma Generalitat– para pisos destinados a satisfacer las necesidades temporales de personas con dificultades de emancipación o que requieran acogimiento o asistencia residencial. En otros barrios, el negocio de residencias de estudiantes ha encendido al vecindario, que prefiere otro tipo de vivienda; dirigida a jóvenes con edad de emancipación que no encuentran pisos o personas mayores con pocos recursos para pagar los precios de mercado actuales.
