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El bosque desaparecido que llegaba hasta la plaza de Cataluña

El del Eixample no es un distrito que destaque por sus espacios verdes. Sí que hay avenidas y calles donde hay más arbolado que en otras, como el Consell de Cent o la Gran Via de les Corts Catalanes. También hay algunas excepciones como el parque de Joan Miró o la Escuela Industrial. Sin embargo, en general, no hay grandes extensiones de verde en la cuadrícula proyectada por Ildefons Cerdà. No obstante, esto no siempre fue así. Si hace unas semanas les hablábamos en TOT Barcelona del jardín que rodeaba el monumento a Colón hace más de un siglo, esta semana es el turno del bosque y los campos que durante siglos flanqueaban el entorno de la explanada que actualmente es la plaza de Cataluña, antes de la configuración de lo que hoy conocemos como el Eixample.

Este punto neurálgico de la capital catalana se urbanizó por primera vez en el año 1927. Antes de esta actuación, en el espacio había barracas, carpas y terrazas. También se instaló con motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 un edificio circular de cuarenta metros de diámetro conocido como El panorama de Waterloo y diseñado para albergar una obra del pintor Charles Verlat que ocupaba una superficie de 1,800 metros cuadrados. Más de dos décadas antes del evento, la plaza y su entorno presentaban un aspecto bastante diferente que hace que prácticamente sea irreconocible si lo comparamos con su imagen actual. Nos debemos situar alrededor de 1860, cuando Barcelona se encontraba inmersa en el derribo de las murallas medievales, una operación que no se daría por culminada hasta el 26 de marzo de 1890 con la demolición del baluarte del Rey.

La plaza Cataluña en construcción/Colección José Maria Sandoval
La plaza de Cataluña en construcción / Colección José Maria Sandoval

Dos estaciones separadas por una explanada

En paralelo a esta apertura del centro de la ciudad, hasta entonces delimitado por estos muros, se comenzó a aplicar el plan Cerdà con la colocación simbólica de la primera piedra precisamente en la plaza de Cataluña el 4 de septiembre de 1960. Seis años después se capturaba la fotografía que nos ocupa esta semana. La instantánea ha sido recuperada estos días por el usuario Catalunya Color, un perfil que se dedica a poner color a imágenes antiguas en blanco y negro de todo el territorio catalán. La postal proviene del Fondo Lluís Tuells y se conserva en el Museo del Ferrocarril de Catalunya, en Vilanova i la Geltrú (Garraf), donde también guardan el rótulo de porcelana que hasta hace poco presidía la fachada principal de la antigua estación de mercancías de la Sagrera.

La fotografía en cuestión muestra en primer término una línea de tren separada de una gran estación ferroviaria por una explanada llena de tierra removida y piedras. Detrás de esta infraestructura, se abre un bosque verde aparentemente frondoso que se extiende por bastante distancia hasta unos edificios ubicados bajo la falda de la sierra de Collserola y el Tibidabo. El convoy que vemos en la parte inferior es el antiguo tren de Sarrià, que parece estar esperando en la estación, ubicada en la actual intersección entre las calles de Pelai y Balmes. Este recorrido se inauguró en 1862 y avanzaba por lo que sería la actual calle de Balmes hasta el centro de Sarrià.

La estación que se aprecia en el centro de la imagen en segundo término es la de la antigua línea de Martorell. Estaba ubicada en la esquina entre la rambla de Cataluña y la ronda de la Universitat, en la parte norte de lo que hoy sería la plaza de Cataluña. Se comenzó a construir en 1952 y la concesión la ganó inicialmente Miquel Bagué, que la dejará después en manos de la Compañía de los Ferrocarriles del Centro de Cataluña (CGFC). El primer trayecto fue entre Barcelona y Molins de Rei el 26 de noviembre de 1854, aún con la infraestructura a medio hacer. Según relatan los historiadores Jesús Fráiz y Alfred Puig, el recorrido logró ampliarse hasta Martorell cuatro años después y en 1861 ya llegaba a Tarragona. El servicio impulsado entonces fue el primero con doble vía del Estado, lo que agilizó la circulación de los trenes, y es el que después se integraría en la red actual de los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya (FGC).

La estación de la antigua línea de Martorell, donde actualmente se encuentra la plaza de Cataluña, fotografiada en 1866 / Fondo Lluís Tuells / Museo del Ferrocarril de Catalunya, Vilanova i la Geltrú (Garraf)
La estación de la antigua línea de Martorell, donde actualmente se encuentra la plaza de Cataluña, fotografiada en 1866 / Fondo Lluís Tuells / Museo del Ferrocarril de Catalunya, Vilanova i la Geltrú (Garraf)

Un obstáculo para el crecimiento del Eixample

Lo que nos muestra esta instantánea no es otra cosa que lo que había en este punto de la ciudad antes de la creación de la plaza de Cataluña y cuando la edificación del Eixample estaba todavía en un período muy incipiente. Es por ello que cuesta tanto de reconocer: no hay prácticamente ninguna de las referencias que utilizaríamos actualmente para orientarnos. Solo podemos fiarnos de Collserola, que sí se ve claramente al fondo. En cuanto a la estación de la línea de Martorell, tenía un recorrido a cielo abierto que subía hasta la altura de la actual calle del Consell de Cent, enlazando con la plaza de Letamendi para tomar la calle de Aragón y la avenida de Roma en dirección a Sants y l’Hospitalet. El itinerario atravesaba una parte de los descampados y flanqueaba el bosque que se ve en la imagen antes de que este fuera engullido por los edificios que durante las últimas décadas del siglo XIX se construyeron en esta parte de la capital catalana.

Tanto Puig como Fráiz apuntan que uno de los principales problemas de la infraestructura, que acabaría precipitando su traslado, era que suponía un obstáculo para el crecimiento del Eixample y para los nuevos barrios que se estaban configurando en esta zona. La línea provocaba una división importante y eran muy habituales los atropellos y accidentes, dada su proximidad a los nuevos edificios residenciales. A finales de los sesenta se estudió la posibilidad de trasladar la estación a otro lugar para no bloquear la urbanización de la plaza de Cataluña, que entonces ya comenzaba a tomar importancia como nueva centralidad de una ciudad sin murallas. Finalmente, las instalaciones ferroviarias se clausuraron el 25 de octubre de 1882, aunque no se derribaron hasta finales de 1884. El solar donde se había erigido la estación quedó abandonado hasta los finales de esa misma década, cuando fue expropiado por el Estado y urbanizado.

La plaza Cataluña poco después de ser inaugurada, en noviembre de 1927. | ANC. Autor: Gabriel Casas i Galobardes.
La plaza de Cataluña poco después de ser inaugurada, en noviembre de 1927. | ANC. Autor: Gabriel Casas i Galobardes.

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