La R2 no es de las más afectadas por el caos de Rodalies. Fue la primera en recuperarse en aquel primer intento fallido del jueves pasado por la tarde, se ha salvado de los deslizamientos y ha recuperado la mayoría de trayectos desde la reanudación. Nada de esto hace optimistas a sus usuarios, atrapados esta tarde durante una hora en Sants. El tren de las 18:01 con dirección Maçanet-Massanes, que conecta Barcelona con Granollers y las ciudades cercanas al bajo Montseny, ha salido a las 19 horas. Una hora de espera para sorpresa de nadie dentro del tren, que iba prácticamente vacío después de haberse llenado y vaciado dos veces. Porque la maquinista informó de la «reanudación inminente” del viaje, pero lo hizo media hora después de llegar a Sants —con retraso— y cuando otras líneas que conectan con el Vallès ya habían pasado por la vía de al lado.
Si algo no ha cambiado con la nueva normalidad de Rodalies es el ir y venir de pasajeros corriendo de vía en vía a la caza del primer tren listo para partir. El media distancia con dirección Figueres –que solo para en estaciones clave como Granollers o Sant Celoni– no era hoy la primera opción de los pasajeros de las 19 h, que lo han acogido igualmente con alegría, y bastante desesperación, cuando se ha detenido en la vía 14 de Sants. No ha estado allí mucho tiempo. Un abrir y cerrar de ojos que ha encendido de improperios a los pasajeros de la capital vallesana que podrían haberlo tomado para escapar de Barcelona, pero no se dieron cuenta.
Nada mejor que la llegada de un nuevo tren para liberar la tensión, debió pensar el señor Rodalies, que un minuto después hizo parar un R2, también en la vía 14, la de al lado. “¿Por qué corren todos? No han dicho nada, ¿verdad?”, pregunta la única de tres mujeres de mediana edad que no tiene un e-book en las manos. Le responde la megafonía de Sants. “Tren R2 con dirección Granollers Centre, vía 14”. Se levanta y se va. Ella y una lectora de e-book y otros despistados que no lo habían hecho aún. Ahora corriendo, para alegría de los vecinos de Cardedeu, Llinars del Vallès o Sant Celoni, que también se han levantado, pero para buscar asientos libres y, si es posible, con vistas exteriores.
Tren medio vacío
Quedan pocos, pero contentos de ir sentados en lo que se preveía como una nueva rutina de entrenamiento de rodillas después de una jornada de más de 8 horas. Las ocho reglamentarias del trabajo más los minutos u horas complementarias que suman habitualmente los usuarios de Rodalies antes de iniciar el regreso a casa. Normalmente, pagan por esperar, porque pocos activan los tediosos mecanismos que Renfe obliga a activar para que te devuelvan el dinero de un largo retraso. Pero ahora los han liberado de esta carga, haciendo gratuito el servicio durante un mes. Porque a finales de febrero, palabra de Gobierno, ya no será necesario hacer horas extras en Rodalies para llegar a casa.

Los que se han ido han acertado, porque la R2 arranca. “Yo me he encontrado al maquinista y dice que este sale ahora”, comenta un chico joven –tendrá 25– vestido con un chándal gris y una bolsa grande de deporte. En las manos, también lleva un e-book. Le servirá para calmar un estado de ánimo que oscila entre la ira, la sorpresa y la resignación al verse nuevamente detenido. “Tal vez me ha mentido”, comenta mientras la R2 se marcha.
Los más veteranos ya intuían qué pasaba: la R2 Norte saldrá, tal como confirma más tarde la maquinista, una vez lo hayan adelantado los trenes que van a la estación del Norte de Barcelona, Figueres y Granollers. “Mira, ellos van todos de pie”, responde ufana una chica de la misma edad, sentada tres asientos más a la derecha. Curiosamente con un e-book, también, como la mayoría de pasajeros acostumbrados al desorden de Rodalies.
La ansiedad desaparece a medida que el tren llega a paseo de Gracia. Allí vuelve a llenarse. Vuelven los pasajeros de pie y vuelve el anonimato. Los jóvenes ya no se ven y ella, la más optimista de esta historia, saca fuerzas para ofrecerle el asiento a una mujer mayor. Que le pregunta a dónde baja y acaba aceptando cuando la chica, insistente, le dice Sant Celoni, final del recorrido. No se conocen, pero conectarían. Porque la mayor leía de pie El tatuador de Auschwitz, en papel y en catalán. Y no sabemos qué hay en el e-book, pero sí en su sudadera, que avisa en grande al resto de pasajeros: “Sometimes antisocial, always antifascist”. “A veces antisocial, pero siempre antifascista”, traducido al catalán. Podrían ser amigas, a pesar de la diferencia de edad: cotiza a la baja el antifascismo de ambas, y en Rodalies, después de una hora esperando que salga el tren, también es difícil ser antisocial.

