Un buen anuncio se queda en la memoria. De la misma manera que por alguna extraña razón somos capaces de recordar cuñas publicitarias radiofónicas o televisivas por muchos años que pasen, también hay rótulos o carteles que sin saber bien por qué se quedan grabados en la retina. El transporte público siempre ha sido un buen lugar donde colocar estos reclamos, sea en las estaciones de bus, metro o tranvía o en los mismos vehículos en forma de banner. En este artículo, nos centraremos en aquella publicidad que durante buena parte del siglo XX engalanaba los convoyes de la red del subsuelo de la capital catalana. Esta retrospectiva la podemos hacer a partir de aquellos anuncios que se han recuperado con los cinco trenes históricos -de las series 400, 1100, 100, 300 y 3000– que Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) ha restaurado para conmemorar el centenario del metro.

Dos emblemas barceloneses para la primera línea del subsuelo
En concreto, hay dos de estos vehículos en los cuales se ha optado por recolocar reproducciones de rótulos publicitarios míticos -todos en castellano- que muchos recordarán y que en algunos casos son reliquias de unas marcas o compañías ya desaparecidas. El primero de los trenes y el más antiguo es el de la serie 300, que entró en servicio en 1924 con la inauguración del primer tramo del Gran Metro. Estos convoyes construidos por la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques, S.A fueron objeto con los años de diversas modificaciones y mejoras, pero estuvieron circulando por la red hasta 1988, ininterrumpidamente durante más de seis décadas.

El ejemplar recuperado para la exposición del centenario tiene dos carteles verticales magníficos de la tienda Santa Eulalia y de Chocolate Amatller. El primero muestra un hombre y una mujer vestidos en acuarela durante una escena nocturna vestidos con chaquetas de piel y con el siguiente eslogan: Vestirá con elegancia siendo cliente de almacenes Santa Eulalia.

El segundo luce uno de los clásicos diseños que aún hoy en día presiden las cajas de la marca fundada en Barcelona en 1797 con una mujer de perfil con un vestido rosado oliendo una flor.

En el mismo convoy también encontramos rótulos horizontales ubicados sobre las ventanas, justo donde se encuentran la pared y el techo del vehículo. Los protagonistas de estos espacios publicitarios son Gallina Blanca, con la imagen de una gallina y el texto caldo en cubitos, y la marca de leche Letona, con el logo antiguo en blanco y azul y una de sus botellas de vidrio al lado.

También encontramos Cacaolat, con su imagen corporativa icónica y un joven cargando una botella gigante en la espalda y una cartera en la mano izquierda.

Marcas muy actuales en un salón rodante
El segundo de los trenes restaurados es el coche 126 de la serie 100, unos vehículos construidos por la Casa Girona del Poblenou que entraron en servicio en 1926, solo dos años después del estreno del metro en la ciudad y con la puesta en marcha del Metro Transversal. Hasta 1967, estos vehículos fueron los automotores urbanos más grandes del mundo y destacaban también por su decoración interior modernista, lo que los convertía prácticamente en salones rodantes. Se retiraron en 1979, después de más de cinco décadas en funcionamiento. Estos convoyes tenían paneles publicitarios verticales en el exterior y, en el ejemplar recuperado por el centenario, encontramos uno de la compañía Boira, ubicada en el barrio de Santa Eulàlia de l’Hospitalet de Llobregat y especializada en iluminación y aparatos eléctricos.

Una vez en el interior, sobre los ventanales hay reproducciones de un rótulo de los insecticidas Orion con el eslogan Por si las mocas. También hay uno de la marca de lavadoras Elibamer, que la publicidad califica como La lavadora de máxima garantía.

Pero quizás los dos más recordados son los de Tintes Iberia, que muestra una niña con hilos de colores acompañada de la frase Lo mejor para teñir en casa, y el de Norit, con el logotipo histórico de la ovejita blanca con un lazo rojo que la marca aún conserva actualmente y con el texto Lana, seda, nylon y tergal.

El silbato y la multa de 1.000 pesetas
Más allá de los anuncios, el salón rodante que es este coche de la serie 100 también conserva en uno de los vidrios dos adhesivos rectangulares en catalán con las puntas arrugadas y oscurecidas por los años. Ambos llevan el sello de las compañías Transports Municipals de Barcelona y F.C. Metropolità de Barcelona y hacen referencia a una serie de advertencias para los pasajeros. En el que se encuentra más arriba se puede leer el siguiente texto: «No entren ni salgan después de que suene el silbato. Este ferrocarril declina toda responsabilidad por incumplimiento de esta norma». El rótulo se refiere a las indicaciones sonoras que daba el maquinista o un trabajador del operador desde el andén para avisar a los usuarios que la salida del tren era inminente. De esta manera se quería evitar que alguien pudiera quedar atrapado entre las puertas y se invitaba a las personas que no debían subir a retirarse de las vías para que no fueran arrastradas accidentalmente.
El segundo de los adhesivos es más grande y tiene por objetivo evitar fraudes con los billetes. «Conserve su billete hasta la salida. El documento de transporte, billete o tarjeta debe ser presentado al empleado que lo solicite. Consérvelo hasta la salida del autobús o del recinto del metro», se puede leer en el texto. Este va acompañado de una letra pequeña donde se explica que una tarjeta puede ser utilizada por varios pasajeros siempre que todos ellos salgan juntos de la red del subsuelo. En un rectángulo más pequeño, colocado en diagonal y resaltado para llamar la atención del pasajero, se indica que la sanción por viajar sin un billete válido es de 1.000 pesetas.


