Las colas en la explanada frente al Centro Cultural La Farinera del Clot han sido una imagen recurrente estos días. Los cinco trenes históricos que Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) ha restaurado para conmemorar el centenario del metro de la capital catalana han atraído la atención de la ciudadanía, superando incluso las expectativas del operador. Entusiastas del transporte, peatones curiosos y vecinos no han querido dejar pasar la oportunidad de ver de cerca esta parte del patrimonio de la ciudad. Solo durante la primera semana desde su inauguración el pasado 1 de noviembre, más de 10.000 personas visitaron la exposición. Un éxito rotundo que sin duda refleja que hay un cierto interés ciudadano por unos vehículos que parecen tener un lugar en la memoria histórica barcelonesa. Los protagonistas de la muestra han sido cinco coches de las series 400, 1100, 100, 300 y 3000. Antes de poder ser expuestos bajo una carpa de 1.200 metros cuadrados, todos ellos fueron profundamente restaurados en unos trabajos que comenzaron durante el 2024 y tuvieron un coste total de cerca de dos millones de euros.
Los convoyes se encontraban hasta entonces conservados en bastante mal estado en las cocheras del Triangle que la compañía tiene en el barrio del Bon Pastor. Las tareas de restauración consistieron principalmente en la limpieza, la soldadura, el pintado y la colocación de vinilos de los coches. Una de las rehabilitaciones más costosas fue la de la serie 400, que dejó de funcionar en el año 1958 y ascendió hasta el millón de euros. Este fue uno de los primeros trenes que llegó a la explanada, junto con el ejemplar de la serie 1100, que entró en funcionamiento a principios de los setenta y se retiró del servicio durante la primera década del siglo XXI.
Una de las remodelaciones más esperadas era la del coche 126 de la serie 100, unos vehículos construidos por la Casa Girona del Poblenou que entraron en servicio en 1926 -solo dos años después del estreno del metro en la ciudad- y se retiraron en 1979, más de cinco décadas más tarde. Completan esta muestra del patrimonio del subsuelo de la capital catalana un coche de la serie 300, que estuvo circulando por la red hasta 1987, y otro de la serie 3000, en funcionamiento desde finales de los ochenta. La elección de la explanada de la Farinera del Clot como escenario tampoco fue fútil. Este espacio era un lugar de paso de vías ferroviarias hasta hace unas décadas y también tenía allí sus talleres la compañía de los ferrocarriles de Tarragona, Barcelona y Francia (TBF).

Retorno a cocheras hasta el traslado a la ubicación definitiva
La exposición agota ahora sus últimos días antes de cerrar puertas el próximo 10 de enero. Lo hace todavía con la incertidumbre en cuanto al futuro de los vehículos a medio plazo y mientras vuelve a primera línea el proyecto del Museo del Transporte, que se debatirá en el Pleno del Ayuntamiento en la sesión ordinaria que se celebrará el 30 de enero. A corto plazo, según figura en la licitación de los trabajos de restauración, la previsión es que los trenes vuelvan a las cocheras del Triangle de TMB donde estaban guardados hasta ahora a la espera de un último traslado a su ubicación definitiva. En ningún momento se detalla en este pliego un calendario o cuánto puede prolongarse este impasse, pero parece claro que no será cosa de unas semanas o meses. Para garantizar que estos vehículos no vuelvan a ser vandalizados, tal como había sucedido antes de su restauración, el operador deberá reforzar la seguridad, repitiendo una fórmula similar a la utilizada durante los dos meses que estos han estado expuestos en la explanada frente al Centro Cultural La Farinera del Clot. En este tiempo, se ha podido blindar los convoyes no solo físicamente a través de esta carpa, sino también con vigilancia las 24 horas, evitando que fueran dañados o pintados por grafiteros.
TMB tiene en marcha desde 2021 un plan antigrafitis que ha supuesto la instalación de nuevas cámaras de videovigilancia, el aumento del número de vigilantes en los diferentes espacios de la red del metro y la instalación de paneles en los laterales de los trenes estacionados para impedir que se vandalicen. Las medidas se han tomado tras constatar que el gasto en limpieza por la acción de estos grafiteros ha sido de casi seis millones de euros en los últimos cinco años. Hasta diciembre, se habían pintado durante el 2025 220 convoyes, lejos de los 737 vandalizados en 2020. Estas pintadas tienen un impacto directo en el servicio del metro, provocando paradas que solo a lo largo del 2024 se tradujeron en un total de seis horas de afectaciones en las diferentes líneas. En el caso concreto de los trenes históricos restaurados, aunque no generan estas paradas en la red, se debe tener en cuenta que se trata de vehículos protegidos como bien cultural de interés nacional (BCIN), por lo que se debe garantizar por Ley este blindaje.

Una oportunidad de oro en el plenario
La Asociación Coordinadora Pro Museo del Transporte de Barcelona se constituyó a principios del 2024. Su objetivo era conseguir un espacio donde poder aglutinar el fondo de vehículos históricos de la capital catalana, ahora desmembrado y en muchos casos preservado en bastante mal estado. La entidad recuperaba así una iniciativa que hace casi medio siglo que está sobre la mesa de las administraciones con una propuesta de ubicación: el antiguo Palacio de Comunicaciones y Transportes, uno de los pabellones sobrevivientes de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Este recinto de cerca de 16.000 m² y propiedad municipal alberga actualmente el pabellón número 1 de la Fira de Barcelona, pero originalmente se construyó para albergar una muestra de aviones, barcos, tranvías, trenes y vehículos de toda clase. Este 2025 terminaba la concesión del Ayuntamiento otorgada a la organización ferial, de modo que las instalaciones estarían disponibles para ubicar este fondo de vehículos históricos, ahora inaccesible para la ciudadanía. El principal obstáculo de todo esto, sin embargo, parece ser paradójicamente esta ubicación, ya que desde la Fira no parecen dispuestos a dejar ir el pabellón.
Uno de los últimos pronunciamientos oficiales respecto al Museo del Transporte lo hizo la misma presidenta de TMB y primera teniente de alcaldía, Laia Bonet, durante la presentación de los primeros convoyes restaurados. «Es un proyecto que existe y desde TMB estamos trabajando en él, pero también es evidente que hay muchos otros actores del transporte público implicados. Este debe ser un proyecto museístico que vaya más allá», dijo a mediados de octubre. Bonet tampoco quiso precisar entonces si, más allá de estos cinco coches, se llevaría a cabo la restauración de alguno de los ejemplares tanto del metro como de las líneas de bus o funicular que se conservan en las cocheras del Triangle. En todo caso, el ejecutivo sí que se verá forzado a posicionarse más contundentemente en el plenario del mes de enero, después de que la asociación consiguiera el pasado verano las firmas necesarias para llevar la iniciativa a la cámara barcelonesa. Un portavoz de la entidad podrá defender entonces la propuesta y se abrirá un turno de debate entre los diferentes grupos municipales con representación en el consistorio. El punto concluirá con una votación final en la que se aprobará -sea de forma íntegra o con enmiendas- o no este acuerdo para impulsar el museo en el pabellón número 1.

Más allá del apoyo ya manifestado de algunas formaciones políticas como el PP, la propuesta de la asociación cuenta con el visto bueno nada despreciable de la Sindicatura de Greuges de Barcelona, que en una resolución formal hecha pública el pasado mes de abril planteó al consistorio barcelonés la creación de este equipamiento para preservar y divulgar el «patrimonio histórico del transporte» y su papel en la ciudad. En este museo podría tener cabida la treintena de vehículos históricos y material antiguo de los Bomberos de Barcelona que se conservan en uno de los subterráneos del Parque de la Vall d’Hebron. Un grupo de bomberos jubilados, enfermeras y entusiastas del cuerpo de emergencias agrupados bajo la Plataforma para la Defensa del Patrimonio Histórico de los Bomberos de Barcelona se ha dedicado en los últimos quince años a restaurar estos ejemplares convirtiendo las instalaciones en una especie de museo improvisado con algunas piezas que tienen casi 200 años de historia.

