El ambiente un jueves por la noche en los Jardines de Bacardí de Les Corts no tiene nada que ver con algunos fines de semana. Su proximidad al Camp Nou y los bares que hay lo convierten en el espacio ideal para la previa de los partidos del FC Barcelona. Hace años que Bacardí se ha convertido en el punto de reunión de los aficionados más ultras del Barça, pero con el exilio a Montjuïc el vecindario ha tenido tres años de falsa tranquilidad. El regreso del Barça al Camp Nou ha recuperado la vieja tradición y algunos deseos antiguos. “Nosotros queremos que se cierre la plaza los días de partido, pero la policía aquí los tiene controlados; si están aquí no están esparcidos en otra parte”, resume la presidenta de la asociación vecinal del Camp Nou, Ana Ramon.
La portavoz vecinal matiza que el partido contra el Athletic Club, el primero en años en el Camp Nou, “no fue mal”, a pesar de que “los incívicos de siempre” han vuelto a Bacardí. Ramon reconoce que el Ayuntamiento ha instalado papeleras adicionales y que recogió la suciedad en menos de una hora, después del partido. En todo caso, han regresado la suciedad y los orines en las fachadas. Desde la entidad piden que regresen los baños portátiles que había en épocas pasadas. Baños, recuerda Ramon, que pagaba el Barça. En resumen, los vecinos asumen que el Ayuntamiento no cerrará los jardines, su principal reclamo, pero piden medios para una buena convivencia. “Imagino que se sacrifica Bacardí en beneficio del resto del barrio, pero nosotros lo sufrimos, claro. Es gente que ni siquiera tiene entrada y a veces da miedo salir de casa cuando están los radicales”, sentencia.
Fuentes del distrito consultadas por este diario reconocen la petición vecinal, pero recuerdan que ya se les ha rechazado en más de una reunión «No está previsto el cierre de los Jardines de Bacardí los días de partido del FC Barcelona por motivos de seguridad, ya que tanto los Mossos d’Esquadra como la Guardia Urbana consideran que se debe mantener el espacio abierto para facilitar una mejor gestión y actuación en caso de que sea necesario», apuntan desde el distrito.
Los Mossos d’Esquadra tienen detectada y controlada la presencia de ultras en Bacardí, o de “aficionados más apasionados o radicalizados”, tal como los describe el intendente responsable de la seguridad del FC Barcelona, Andreu González. En conversación con el Tot Barcelona, detalla que habitualmente se concentran entre 200 y 300 aficionados que queman bengalas y hacen uso de pirotecnia habitualmente. González comenta que “no producen grandes alteraciones de orden público”, pero que son actitudes que agravan las molestias porque se trata de “una zona residencial”. “Que estén allí controlados no significa que sean impunes, pero muchas veces hacen cosas permitidas; no es ilegal tirar petardos en la calle. En todo caso, tenemos compañeros de orden público presentes siempre allí y si alguien enciende una bengala, por ejemplo, se le identifica y se le sanciona administrativamente”, comenta el mosso.

Los vecinos, tal como expresaba Ramon, sospechan que la policía quiere tener controlados a los aficionados radicales. Un aspecto que el intendente González matiza. “Nosotros no promovemos que se concentren aquí ni en ningún otro punto. Imagino que lo hacen aquí porque es un parque, pero no nos interesa que estén aquí ni en ningún otro punto. No querríamos que hubiera estas concentraciones de personas porque generan molestias, pero tampoco hacen alteraciones graves de orden público”, concluye el intendente, que avisa, en todo caso, que si los jardines cerraran al público estos aficionados se desplazarían “a zonas cercanas”. “Habríamos de estar dentro del grupo para saber cómo piensan y por qué esta plaza y no otra. Pero estas concentraciones forman parte de la liturgia del fútbol, se irían cerca”, remarca. Durante el exilio a Montjuïc, los radicales se concentraban en los accesos de la plaza de Europa.
Diferencias con el fútbol femenino
“Cuando juega el Barça femenino, en cambio, me caen las lágrimas de emoción”. Ana Ramon compara las situaciones habituales cuando juega el Barça masculino con las pocas veces que el Camp Nou se ha abierto al equipo femenino. “Hay un ambiente mucho más familiar que recuerda los primeros años del Barça en el Camp Nou. La gente subía o bajaba enfadada, porque es fútbol, pero era un ambiente sano y sin incívicos”, resume ahora la vecina.
Los Mossos apuntan que el operativo casi no cambia en función de qué equipo juega, sobre todo viendo el volumen de entradas que se han vendido cuando el femenino ha ido al Camp Nou. Los operativos se diseñan en función de las amenazas y riesgos detectados y de acuerdo con el número de personas que hay en el evento, pero González reconoce que las personas que van al fútbol femenino “son diferentes». «Sea por la hora del partido, porque es más familiar, por la cultura o por la manera de vivir entre los seguidores… pero sí que es diferente”.

El mosso destaca que el público del femenino es capaz de hacer la previa al lado de la afición rival, un aspecto que se intenta evitar cuando juega el primer equipo masculino. Uno de los casos más evidentes ha sido el último partido de Champions contra el París Saint-Germain, en Montjuïc, ante la avalancha de radicales franceses. “Si unos están en dos lugares diferentes de la ciudad, mucho mejor para todos, porque, si no, esto que debería ser una fiesta se puede convertir en un drama. Intentamos evitar que vayan a la zona de los radicales de aquí para que no se encuentren y que entren escoltados y de forma ordenada”, resume. El mosso matiza, eso sí, que este dispositivo se activa cuando la afición rival es muy numerosa solo, un aspecto que aún no ha ocurrido en los partidos del femenino.
