El próximo 12 de agosto de 2026 la Península Ibérica vivirá un evento astronómico sin precedentes en más de un siglo. Sin embargo, el gran espectáculo no estará solo en el cielo, sino en el comportamiento de la fauna silvestre.
Un equipo de investigadores ha lanzado un llamado urgente para reclutar 300 voluntarios antes de la fecha clave. El objetivo es documentar un fenómeno biológico tan extraño como fascinante que ocurrirá durante los minutos de oscuridad total.
El experimento inverso que desconcierta a los científicos
La investigadora Irene Mendoza, de la Universidad de Sevilla, lidera junto con el Museo de Ciencias Naturales-CSIC el proyecto llamado Ecoeclipse. La premisa es tan inquietante como reveladora: analizar cómo reaccionan las especies a la oscuridad repentina en pleno día.
Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la Red Española de Investigación en Ecoacústica y del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ambas entidades quieren aprovechar este suceso astronómico único para obtener datos de primer nivel científico.
El experimento natural consiste en instalar una grabadora de sonido dos días antes del eclipse y retirarla dos días después. La clave es registrar la misma franja horaria para comparar la respuesta vocal de los animales antes, durante y después del fenómeno.
Durante el eclipse, la luz solar desaparecerá de forma abrupta en las zonas donde la totalidad supere el 98% de cobertura. Este apagón repentino funciona como un experimento de contaminación lumínica a la inversa (sí, la naturaleza nos dará una lección en directo).
Los científicos quieren cubrir 300 puntos de muestreo en la franja peninsular. Para participar solo se necesita disponer de una grabadora autónoma tipo AudioMoth o Song Meter Micro y llenar el formulario de registro en la web oficial del proyecto.
Aves desorientadas y el falso coro del alba
Los precedentes registrados en otros eventos internacionales son sencillamente sorprendentes y aportan pistas clave. Durante el gran eclipse de 2024 en Estados Unidos, los ornitólogos detectaron un patrón de conducta realmente desconcertante.
Las aves tienen una rutina vocal muy marcada con un coro en la mañana y otro al atardecer. Justo cuando el Sol volvió a aparecer tras la Luna, los pájaros emitieron un nuevo canto bautizado como el falso coro del alba.
Los animales interpretaron literalmente que la jornada volvía a comenzar de cero en cuestión de minutos. En el caso de los insectos, las abejas se vuelven locas en su revuelo hasta colapsar la entrada por la cantidad de individuos que intentan entrar al mismo tiempo.
En España, al ocurrir a mediados de agosto, se espera una reacción aún más drástica. Además, como las aves ya habrán superado la época reproductora, su actividad vocal será menor y cualquier cambio repentino destacará inmediatamente en los gráficos de los ecosistemas.
El gran enigma sobre los murciélagos
El verdadero enigma de este estudio reside en los mamíferos voladores nocturnos. Los expertos sospechan que los murciélagos romperán sus rutinas habituales cuando confundan el crepúsculo del eclipse con la oscuridad de la noche.
Como el fenómeno astronómico tendrá lugar a última hora de la tarde, la hipótesis principal indica que la actividad de los murciélagos se disparará mucho antes de lo previsto. Es un campo de estudio del que casi no existen descripciones previas en la literatura científica.
El estudio de la ecoacústica permitirá analizar miles de horas de audio sin alterar el hábitat natural de los animales. Las frecuencias de los ultrasonidos de los murciélagos quedarán registradas para revelar si salen a cazar antes de tiempo cuando el Sol se oculte.
Cómo participar antes de que se cierre la convocatoria
El proyecto Ecoeclipse ya cuenta con unos 40 participantes inscritos, algunos de los cuales colaboran con hasta 20 grabadoras diferentes. No obstante, aún falta cubrir decenas de comarcas para lograr un mapa completo y representativo.
Todos los datos recogidos estarán a disposición de la comunidad científica internacional. Esto permitirá elaborar futuras publicaciones y entender mejor el impacto de la iluminación artificial en la fauna salvaje.
El uso científico de los eclipses no es una novedad reciente. En el año 1868 se descubrió el helio analizando el espectro solar durante un eclipse, y en 1919 otro fenómeno similar sirvió para confirmar la famosa teoría de la relatividad de Einstein.
Ahora, la ciencia moderna busca responder una pregunta más cercana pero igualmente fascinante: ¿cómo afecta la oscuridad artificial el canto de los pájaros y el vuelo de los murciélagos? La respuesta depende directamente de la colaboración ciudadana.
Si tienes acceso a equipos de grabación autónoma o formas parte de un grupo de ornitología, tu aportación puede ser decisiva. La última vez que la Península vivió un eclipse de esta magnitud ni siquiera existían las grabadoras digitales. ¿Te quedarás sin registrar cómo se apaga el día?



