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Biólogos sorprendidos: así aprovechan hoy los miles de animales cazados por Fernando VI en el siglo XVIII

Una revelación sorprendente acaba de sacudir el mundo de la biología moderna.

Un tesoro oculto durante siglos, escrito de la mano de un rey, está cambiando todo lo que sabíamos sobre nuestra fauna.

Imagina poder viajar en el tiempo, hasta el siglo XVIII, para ver cómo era la península ibérica hace casi 300 años.

Los expertos estaban ciegos ante una gran incógnita, incapaces de rastrear con precisión la evolución de nuestras especies locales.

¿Cómo podíamos saber qué animales poblaban nuestros bosques antes de la era industrial? Ahora, un giro inesperado lo cambia absolutamente todo.

¿La clave de este misterio ancestral? Un antiguo manuscrito real, casi olvidado en los archivos.

Se llama ‘Asiento de Caza’ y detalla con una precisión escalofriante las cacerías de Fernando VI.

Este Borbón, hermano de Carlos III, reinó entre 1745 y 1755. Más de dos siglos y medio después, este documento secreto ha emergido como una fuente de información inigualable.

Los biólogos están asombrados. Una afición real, aparentemente frívola y de otra época, se convierte hoy en una herramienta imprescindible para la conservación de nuestro patrimonio natural.

La historia detrás del registro definitivo

Este cuaderno manuscrito, conservado desde hace generaciones en el Palacio Real, fue rescatado del olvido por el investigador Juan Jiménez.

Jiménez buscaba datos sobre antiguas cacerías reales y, sin saberlo, encontró una auténtica mina de oro científica.

Es un testimonio único de la vida cotidiana en la corte y, sobre todo, de la pasión desmesurada del monarca por la caza.

Las cifras que el manuscrito revela son alucinantes, casi inimaginables para nuestro tiempo actual.

El rey participó personalmente en 1.241 cacerías en solo una década, de 1745 a 1755.

Esto significa un promedio de 112 batidas por año. (Sí, nosotros también alucinamos con la dedicación).

Pero lo que realmente impacta no es solo la frecuencia, sino la brutal cantidad de presas abatidas.

El ‘Asiento de Caza’ registra 38.701 animales abatidos. Lo has leído bien: casi diez animales muertos cada día, de promedio, durante esos diez años de reinado.

Y no hablamos de una o dos especies. El documento detalla la muerte de 62 tipos diferentes de fauna. Desde pequeños conejos y perdices hasta lobos feroces y ciervos imponentes.

Ahora, biólogos como Miguel Clavero, del CSIC, están aprovechando este dato histórico con una precisión quirúrgica.

Pueden inferir variaciones en la disponibilidad de especies, entender su presencia estacional y trazar un mapa definitivo de la biodiversidad perdida.

Es una solución inesperada a un enigma antiguo, una auténtica joya para la ciencia moderna y nuestra comprensión del pasado.

Un sándwich de hechos: la caza real y su legado

En la España del siglo XVIII, la caza era mucho más que una simple afición para la realeza.

Era una demostración de habilidades y un deporte donde la puntería, la rapidez y la destreza eran tan cruciales como la captura de la pieza.

Fernando VI era un cazador incansable que, según los registros, casi disparaba a todo lo que se movía en sus dominios reales.

Utilizaba principalmente armas de avancarga, muy laboriosas de manejar.

Esto sugiere que lo acompañaba un gran séquito de criados para la carga y la preparación de las armas. (Un truco para mantener el ritmo de tiro).

Sus presas preferidas eran los pequeños animales: conejos, perdices, liebres y palomas eran las más numerosas en el registro.

Pero también abatió cientos de lobos, ciervos, zorros y jabalíes a lo largo de la década documentada.

Curiosamente, el registro no menciona cacerías de linces o corzos, lo que también aporta datos valiosos a los expertos para entender la distribución de especies.

Los terrenos de caza reales funcionaban casi como nuestras áreas protegidas actuales, con una gestión específica.

Se gestionaban meticulosamente para asegurar una abundancia de fauna para el monarca. Esto limitó la agricultura, la ganadería y la explotación forestal intensiva en estas zonas.

Así se creó un verdadero oasis de biodiversidad, un espacio donde muchas especies podían prosperar, a pesar de la obsesión cinegética del rey.

La corte incluso invertía grandes sumas para prevenir y compensar los daños causados por los ungulados salvajes en las zonas agrícolas cercanas.

De reyes cazadores a la ciencia del siglo XXI

Pero Fernando VI no era el único con esta pasión desbordante por la caza.

Sus predecesores y sucesores fueron, en su mayoría, cazadores igualmente apasionados. La caza era una tradición real profundamente arraigada.

Su hermanastro, Carlos III, cazaba casi a diario. Hay testimonios de que en una sola jornada de 1786, él y sus hijos abatieron 145 ciervos y dos jabalíes.

Y el famoso Carlos IV, conocido popularmente como «el cazador», abatió personalmente 8.773 animales en 1793 y 7.356 en 1805.

Cifras que hoy serían totalmente impensables y generarían un debate social inmediato.

Incluso Alfonso XIII, a principios del siglo XX, siguió esta tradición con grandes batidas.

Se dice que una sola cacería organizada en la Casa de Campo, en 1922, resultó en más de un millar de animales, especialmente conejos y perdices.

Es una línea de tiempo impactante que revela nuestra relación cambiante con la naturaleza a lo largo de los siglos. Y el valor oculto de estos registros.

Este documento inédito abre una ventana al pasado que es imprescindible para nuestro futuro como sociedad.

Nos ayuda a entender mejor la pérdida de biodiversidad a lo largo del tiempo. También, las decisiones que debemos tomar hoy para proteger lo que nos queda de nuestro precioso ecosistema.

Los biólogos ya están trabajando a fondo para profundizar en estos datos del siglo XVIII. Cada línea del ‘Asiento de Caza’ es un secreto revelado.

Es un fragmento de conocimiento que nos podría dar la solución definitiva a retos ecológicos actuales. La información del pasado es un truco valioso para el futuro del nuestro planeta.

Acabas de descubrir un giro inesperado en la historia.

Un rey cazador que, sin saberlo, dejó un legado vital para la ciencia de hoy.

¿Quién habría dicho que los diarios de caza serían la clave de nuestro futuro?

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