¿Imaginas un lugar donde el tiempo parece haberse detenido? Donde cada paso es una historia, y el ruido de los motores es un recuerdo lejano. El tráfico, las prisas, la contaminación… olvídalo. Hay un secreto bien guardado que desafía la lógica moderna del turismo masivo, un lugar diseñado para ser recorrido a pie, donde la pausa es el verdadero lujo.
Pero, ¿qué pasaría si te dijera que lo más sorprendente de este pueblo no es solo lo que ves, sino lo que se esconde justo bajo tus pies? Una red de pasillos y secretos milenarios que hará volar tu imaginación.
Estamos hablando de Laguardia, una villa medieval fortificada en el corazón de la Rioja Alavesa que promete una experiencia diferente, casi mística. Aquí, el acceso a los vehículos está completamente prohibido, una decisión valiente y necesaria. ¿Por qué? Pues para proteger un verdadero tesoro: una inmensa y frágil red de bodegas subterráneas excavadas directamente en la roca.
Esta medida, que puede parecer una limitación, es en realidad su mayor fortaleza. Permite una inmersión total en su pasado. Caminar por sus calles estrechas, sin el ruido del tráfico, es una sensación de paz que pocas veces experimentamos.
Lo que más valoro de un viaje es la sensación de autenticidad y de desconexión. Aquí, olvidarme del coche y sumergirme en la historia es la experiencia definitiva. No es una opción, es un estilo de vida que nos beneficia a todos.
La historia de Laguardia es tan cautivadora como sus vistas, rodeada de un horizonte infinito de viñedos y bajo la majestuosa Sierra de Cantabria. Fue el rey navarro Sancho VI quien, en el año 1164, le otorgó el fuero. Más tarde, Sancho VII el Fuerte encargó las imponentes murallas que hoy vemos, con sus torres y cinco puertas de acceso (sí, ¡nosotros también alucinamos con la cantidad de siglos que han pasado!).
Cruzar esos portones es viajar en el tiempo. La Carrera Mayor, el corazón vibrante del pueblo, se ramifica en calles paralelas como Páganos y Santa Engracia, llenas de fachadas renacentistas y palacetes barrocos que nos hablan de una época de esplendor. Fíjate bien en la Casa de la Primicia, uno de los edificios civiles más antiguos, o en la plaza de San Juan, donde el palacio de la familia Samaniego recuerda el lugar de nacimiento del fabulista Félix María de Samaniego.
Pero ninguna visita a Laguardia estaría completa sin explorar sus dos templos medievales. La iglesia de San Juan Bautista muestra una fascinante mezcla de matices románicos y góticos. Sin embargo, el verdadero tesoro oculto, y único en Europa, lo encontrarás en la iglesia de Santa María de los Reyes: un bellísimo pórtico gótico de piedra del siglo XIV que conserva intacta su policromía original del siglo XVII (¡una auténtica maravilla que desafía el paso de los años!).
El mundo oculto bajo Laguardia: sus bodegas subterráneas
Ahora, prepárate para lo que es realmente imprescindible, lo que ningún otro pueblo puede ofrecer de la misma manera. Todo el subsuelo del núcleo histórico está completamente perforado por cientos de «calados» o cuevas familiares. Estas estructuras, construidas a partir del siglo XVI, servían para elaborar y conservar el vino a una temperatura constante. Es un ingenio arquitectónico y cultural que os dejará boquiabiertos.
Esta red subterránea es el motivo por el cual el pueblo es totalmente peatonal. La fragilidad de estas cavidades exige una protección estricta, y caminar sin coches es un pequeño precio a pagar para preservar esta joya arquitectónica. Y lo mejor de todo es que muchas de estas bodegas subterráneas son visitables, como la de la misma Casa Primicia. Podrás bajar a las galerías de piedra, donde el aroma a roble, humedad y fermentación te envolverá mientras te cuentan los secretos de la elaboración del Rioja Alavesa durante siglos.
Esta experiencia va más allá de una simple cata de vino; es una inmersión en la historia viva, en un proceso que ha dado forma a la identidad de una región. Es la demostración de que la sostenibilidad y la cultura pueden ir de la mano, ofreciéndonos un modelo de turismo que valora la autenticidad y el respeto por el patrimonio. Una tendencia en aumento que busca huir de la masificación y conectar con la esencia de los lugares.
Más allá de las murallas: naturaleza y misterio
Si aún tienes ganas de seguir explorando (y confiamos que sí, porque el lugar es adictivo), el entorno de Laguardia también tiene sus propios encantos. Te recomendamos una caminata por el Biotopo Protegido de las Lagunas de Laguardia, un espacio natural de gran valor ecológico. O, si eres un amante de la prehistoria, viaja aún más atrás en el tiempo visitando el yacimiento de La Hoya y el megalítico Dolmen de la Chabola de la Hechicera, uno de los más importantes del País Vasco.
Laguardia no es solo un pueblo, es una solución completa para aquellos que buscan un viaje con alma, sin ruidos ni distracciones innecesarias. Con sus bodegas centenarias y su encanto medieval, te ofrece una oportunidad única de desconectar y reconectar con lo que realmente importa. No dejes escapar este secreto antes de que todos lo descubran (porque créeme, lo harán).
Una experiencia así, que combina historia, cultura y la mejor gastronomía local, es un tesoro que no tiene precio. ¿No crees que ya es hora de planificar tu próxima gran escapada?
