El verano agobia y la costa ya no es el paraíso que era. Las masificaciones y los últimos sustos en forma de incendios forestales están obligando a los viajeros más listos a cambiar de planes a última hora. (Sí, a nosotros también nos aterra el asfalto quemando). El turismo de interior está en auge y las celebridades ya han encontrado su nuevo santuario.
La presentadora Tania Llasera ha despertado la envidia sana en sus redes sociales. Tras verse obligada a huir de sus vacaciones planeadas en la costa de Girona, ha desvelado el secreto mejor guardado de la montaña catalana. Un rincón que ella misma define como «bonito y fresquito». Un auténtico oasis donde el termómetro da un respiro sagrado.

El oasis de las 200 fuentes que la costa no quiere que conozcas
Hablamos de Viladrau, un pequeño municipio de apenas un millar de habitantes que se esconde a las puertas del Parque Natural del Montseny. Olvídate del aire acondicionado. Este tesoro peninsular se sitúa a ni más ni menos que 840 metros de altitud, lo que garantiza noches de manta y paseos bajo una sombra forestal infinita en pleno julio y agosto.
Pero el verdadero superpoder de este lugar no es solo su altura, sino su agua. La localidad es mundialmente famosa por albergar cerca de 200 fuentes naturales escondidas entre senderos mágicos. Aunque hoy en día se conservan un centenar de accesibles, perderse por la célebre Ruta de las Fuentes es una experiencia que reinicia el sistema nervioso de cualquiera. (La Fuente de la Oreneta y la Fuente de los Enamorados son paradas obligatorias si vas en pareja).
La joya de la corona verde es que el término municipal está integrado en una zona declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Oxígeno puro y agua helada a menos de una hora de la gran ciudad.
Senderismo de altura, brujería y el árbol de los deseos
Para quienes no se conforman con el noble arte de no hacer nada, este pueblo es el campo de entrenamiento definitivo. Desde sus calles arranca la mítica ascensión al Matagalls, un pico de 1.698 metros donde sus vistas te permiten divisar los Pirineos y el mar Mediterráneo en los días más claros. Una absoluta locura para los amantes de las panorámicas de infarto.
Si buscas algo más relajado pero con el mismo impacto visual, debes visitar el Castaño de las Nueve Ramas. Este gigante de la naturaleza mide casi 24 metros de altura y es el símbolo viviente de la resistencia local. Perderse entre sus raíces gigantes te hace sentir extremadamente pequeño, en el buen sentido.
Por si fuera poco, la zona arrastra un magnetismo histórico brutal. Viladrau no es solo árboles, es tierra de brujas y bandoleros. El centro cultural Espai Montseny ofrece una experiencia inmersiva que te helará la sangre contando las leyendas del bandolero Serrallonga y los aquelarres que, según cuentan los ancianos, ocurrieron en estos mismos bosques llenos de plantas medicinales.
La guía de supervivencia: cómo llegar y dónde reponer fuerzas
Llegar hasta este edén térmico es ridículamente sencillo, lo que lo convierte en el destino perfecto para una escapada de fin de semana improvisada. Se encuentra a solo 75 kilómetros de Barcelona y a 55 de Girona, accesible de forma directa por la C-17 o la C-25. Si prefieres no conducir, el tren te deja en Vic y los autobuses de Sagalés hacen el resto del trabajo por ti.
Y como el aire de montaña despierta el apetito de cualquiera, la parada gastronómica obligatoria lleva nombre propio. Debes dejarte caer por el restaurante El Cau. Su propuesta es un homenaje directo a nuestro bolsillo y a nuestro estómago: cocina casera de proximidad con tortillas brutales, hamburguesas personalizadas al gusto y tablas de embutidos locales que justifican cada kilómetro del viaje.
La tendencia está clara y los alojamientos rurales de la zona están comenzando a colgar el cartel de completo gracias al efecto llamada de las redes. ¿Vas a seguir sufriendo el asfalto de la ciudad o vas a buscar ya la chaqueta para subir al Montseny?
